Manos a la obra

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-Esto no era lo que tenía en mente -fruncí el ceño al salir del baño de hombres del mall y encontrarme con Valerie que ya estaba lista.

-Si tú me retas, es mi deber poner un reto paralelo -me dedicó una odiosa sonrisa burlona.

-Te detesto -la miré de pies a cabeza -por más sexy que te veas.

-No te pongas picón -seguía riéndose de mí.

Cuando le lancé otra mirada molesta soltó una risita y se empinó para besarme el mentón.

-Eres un papá Noel muy, muy guapo -me aseguró en un susurro, acariciando mi piel con sus labios.

-Sigo detestándote -intenté mantenerme indiferente.

-¿En serio? -hizo un mohín coqueto.

-Si quiera tú no te ves ridícula.

-¿Cómo que no? -se señaló -Estoy vestida de algo así como elfa ayudante-pobre.

-¿Pobre? -ladeé la cabeza.

-¡Sí! ¡Parece que me faltó dinero para tela! ¡Es enano!

Reí con ganas. Era verdad que el trajecito verde era un poco corto pero ella parecía una modelo salida de revista, un poco más baja quizás.

-El corsé no me deja respirar bien -siguió quejándose acariciando su cintura que gracias al disfraz estaba más marcada que nunca.

-Creo que yo voy a ser el que más disfrute de todo esto -le guiñé un ojo.

-Pervertido.

-Bien que te encanta. Pero, por favor, no nos distraigamos más que no veo la hora de quitarme este disfraz espantoso. La gente ya nos está mirando.

-Entonces... yo voy donde los niños y les digo que... -tragó saliva -papá Noel no existe, no los tiene en su lista o que les dará carbón y les hago muecas feas o algo por el estilo...

-Y yo voy por detrás, los consuelo arruinando la diversión...

-¡Castiel! -me reprochó golpeándome juguetonamente.

-...y les doy un dulce de mi bolsa y les digo que en Navidad recibirán su regalo -contuve una sonrisa cuando me regañó.

-Exacto.

-¿Lista?

-No me gusta nadita ser la mala arruina ilusiones.

-No me gusta nadita tener que consolar a los piojitos y llenarme de lágrimas, mocos y babas. Y para colmo, darle dulces que yo tuve que pagar en vez de disfrutarlos yo mismo.

-Ya, ya, papá Noél malhumorado, póngase la barba y prepárese.

Con un resoplido, obedecí y me acomodé lo mejor que pude la barba que por suerte se veía bastante real. Desde pequeño odiaba a esos adultos que se disfrazaban de papá Noel y usaban una estúpida barba hecha más que evidentemente de algodón.

Vi cómo Valerie se ponía en cuclillas frente a un mocoso y le susurraba algo. Para sorpresa de su mamá, que contemplaba tranquilamente la escena a cierta distancia el niñito rompió en un llanto desconsolado. Tuve que esforzarme por contener una carcajada. No era el dolor del pequeño el que me divertía sino el desconcierto de la mamá. Esto realmente parecía una de esas bromas de cámara escondida. Vi la cara desfigurada de Valerie al ponerse de pie y alejarse intentando aguantar un sollozo. Rápidamente me acerqué al renacuajo, incluso más deprisa que su mamá.

-Hey, amiguito... ¿qué pasa? -dudé antes de darle unas palmaditas en la cabecita.

¡¿Cómo carajo se trata a un niño llorando?! Realmente estaba en un momento de S.O.S.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!