¿Qué pasó?

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A Valerie nada ni nadie le quitaba la maldita costumbre de levantarse temprano. Aunque recién a las cinco y pico de la mañana habíamos llegado al cuarto, aún cuando no nos habíamos ido a dormir hasta casi las seis, a las diez y media ya no aguantaba más la cama. Chiflada. Esa chica tenía problemas mentales severos. Claro que cuando se lo dije me cayó un buen golpe con la almohada. Intenté seguir durmiendo pero ella no me dejó. Habría sido más fácil si nos hubiéramos puesto pijama la noche anterior.

-Vamos, despierta -susurró acurrucándose contra mí, consiguiendo deslizarse hasta abrazarme, pegando su cuerpo al mío.

Solté un gruñido, fastidiado.

-Quedémonos un ratito más -dije como un quejido, cerrando con más fuerza los ojos.

-Ya es hora de levantarse -su voz sonó como un suave ronroneo mientras depositaba unos leves besos en mi hombro.

Mi piel se sentía arder bajo sus labios. Solo su cercanía hacía difícil mi intento de seguir durmiendo.

-Todavía podemos descansar un poco más -farfullé abrazándola con fuerza.

Valerie soltó una risita y me dio un rápido beso en los labios antes de escaparse de mi abrazo sin darme tiempo de impedírselo.

-Me voy a duchar. Tienes quince minutos para terminar de despertar -pude imaginar su sonrisa.

Sin abrir los ojos escuché cómo abría un cajón para seleccionar su ropa.

-¿Quince minutos? ¿Para qué necesitas tanto tiempo? ¿Cuántas veces piensas bañarte? -me burlé.

-Tú levántate.

-¿Solo yo? -sonreí engreídamente con cierta pereza.

-Eres un idiota -rió.

Poco después oí cómo se cerraba la puerta del baño. Me obligué a abrir los ojos de mala gana. Había dormido un poco menos de cinco horas. El único motivo por el que no estaba maldiciendo medio mundo y con ganas de matar a alguien era esa chica que estaba canturreando suavemente bajo la ducha como para que yo no la oyera. Pensé en meterme a darme un baño con ella pero en el fondo sabía que no estaba del todo lista y que se sentiría incómoda.

-Poco a poco -me dije.

Con bastante flojera conseguí ponerme de pie. Abrí mi cajón y busqué el polo y el pantalón menos arrugados posibles.

-Angelito, ¿Vamos a ponernos ropa de baño? ¿Sabes si vamos a ir a la playa después de desayunar? -alcé la voz para que me escuchara.

-Supongo que sí. Pero yo me voy a cambiar después del desayuno -me respondió.

-Me baño después -murmuré, pensando en voz alta, más dormido que despierto y me cambié.

Valerie estuvo completamente lista a los quince minutos, sorprendiéndome. Caminamos en silencio hasta el comedor donde nos encontramos con Tamara y Mónica que ya se habían servido el desayuno. En una silla estaba la toalla de playa de Tomás pero ni a él ni a ninguno de los demás se los veía por ningún lado. Tras servirnos, Valerie y yo nos sentamos con ellas.

-¿Y los otros? -preguntó mi novia.

-Melanie y Hernán... -empezó a decir Tamara -no creo que vengan hasta dentro de un buen rato. Deben de estar agotados -rió.

Le lancé una significativa mirada a Valerie que ella optó por ignorar olímpicamente. ¿Por qué no podía seguir el ejemplo de su mejor amiga?

-Y Tomás dejó la llave -contó Mónica.

-O eso creen -la corrigió Tamara inclinándose sobre la mesa para alcanzar la mantequilla.

-¿Total? -le pasé a Tami el pomo con la mermelada antes de que la pidiera y ella me agradeció con una sonrisa.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!