Momentos en la habitación

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Dejé mi teléfono en mi mesa de noche sin mucho cuidado. La luz de la lamparita que estaba ahí iluminaba muy débilmente la habitación. Había sido un día bastante agitado. Revisé mi reloj y comprobé que ya eran las dos de la mañana aunque no tomé mucha conciencia de ello. Llevaba ya un muy buen rato dando vueltas por mi cuarto buscando terminar de tranquilizarme y por fin me disponía a dormir. Me saqué el polo de la pijama que me había puesto únicamente para el rato que estuve tonteando en la terraza. Tras tirarlo sobre un sofá, me estiré y me alboroté el pelo. Estaba listo para lanzarme a la cama y dejarme caer dormido en la posición que terminara cuando oí unos tímidos golpes. Mierda. ¿Y ahora qué querían? De mala gana arrastré los pies por la suave alfombra hacia la puerta. Cuando la abrí me encontré con Valerie, quien parecía nerviosa y llevaba abrazada su almohada.

-¿Valerie? -fruncí el ceño extrañado.

-Andrei y Mónica... llegaron bastante borrachos... creo que olvidaron que yo estaba en la habitación o en todo caso les dio igual... puedo... -le tembló la voz y pese a no haber tanta luz no me costó mucho distinguir que pareció enrojecer de pies a cabeza -¿puedo dormir aquí?

No pude evitar recorrerla con la mirada. Llevaba un short de pijama color rosado-naranja (¿melón?) bastante corto y un polo de tiritas. Ni en sueños podría haber imaginado esta situación.

-¿En serio? -soné burlón.

-Ríete todo lo que quieras -susurró -pero si me vas a dejar entrar, porfa hazlo antes de que alguien me vea -rogó.

Me aparté lo suficiente para que pasara mientras revisaba que nadie se asomara por el pasillo.

-Nadie me vio ¿verdad?

-Solo yo, angelito.

Soltó un suspiro de alivio.

-Gracias -musitó.

Sus ojos se abrieron verdaderamente sorprendidos cuando notó que no llevaba polo.

-Este fin de semana sí que vas a romper las reglas ¿eh? -le guiñé un ojo.

-Dormiré en el sofá -resolvió excesivamente rápido.

-De ninguna manera -sonreí -la cama es enorme.

-Yo...

-Prometo no pasarme -le aseguré antes de añadir en broma -a menos que me lo pidas.

-Creo que no te terminas de despertar -rió suavemente.

No pude evitar contemplarla. Por suerte me había puesto ropa interior debajo del pantalón de pijama porque sino estaría en problemas. ¿Cómo había podido pensar que no era del todo bonita? Quizás no era perfecta, pero era imposible no notar esa belleza natural que llevaba consigo. Me tenía medio embobado.

-No quería despertarte, lo siento -se disculpó de pronto.

-Aún no me había ido a dormir -le aseguré.

Tras lanzarle un par de miradas dudosas a la cama, accedió a sentarse sobre ella. Una vez ahí, no tardó en ponerse cómoda.

-Tu cama es mejor que la mía -me dijo rebotando ligeramente.

-¿Qué esperabas? -reí.

-La cama de reina que merezco -me siguió la broma para luego explicarme que la mía era solo un poco más grande y suave.

-Me gusta este cuarto -sonreí satisfecho.

-Me gusta la cama -se echó estirándose de manera que la acaparaba.

Yo, que me había echado al otro lado para conversar, tuve que apartarme un poco. Ambos reímos levemente.

-Me gusta que estés aquí -susurré.

Ella se sonrojó ligeramente y lentamente se acomodó apoyando ambas manos sobre su vientre.

-¿Estás mejor? -no pude evitar preguntar.

Me miró extrañada, frunciendo el ceño sin entender.

-Por todo lo que pasó -aclaré.

-Solo fue un momento incómodo.

-¿Todo bien entonces?

Valerie se giró, acomodándose sobre su costado para poder mirarme frente a frente.

-Eso creo -apoyó el peso de su cabeza en una mano.

-Deberíamos dormir... sino no aguantaremos la fiesta de mañana... -le dije con mis ojos clavados en los suyos.

-Lo sé -murmuró antes de añadir con una sonrisita burlona -aunque técnicamente la fiesta es hoy.

-Claro, cuándo no corrigiéndome -solté un bufido en broma.

-Hay que corregir los errores.

-¿Insinúas que no soy perfecto? -contuve una risita.

-Si fueras perfecto serías yo -apretó los labios intentando ocultar su sonrisa divertida.

No pude contener una carcajada que Valerie intentó ahogar tirándome una almohada sin poder evitar reír ella también.

-¿Dijiste que hoy es la fiesta? -pregunté aún riendo un poco.

Asintió alzando una ceja, como preguntándome en qué estaba pensando.

-Es decir que ya es sábado...

-Sí... -sonó dudosa, como desconfiando, pero sin perder la sonrisa.

En cuanto respondió la tomé de la cintura rodeándola con una brazo y la pegué contra mí. Ella soltó un chillidito por la sorpresa. Antes de que pudiera preguntar, la acerqué aún más.

-Feliz mes, angelito.

-Te acordaste -susurró sorprendida.

Yo le dediqué una sonrisa engreída.

-¿Segura de que no soy perfecto?

Antes de que tuviera tiempo de contestar me apoderé de sus labios con los míos, mordisqueando suavemente, jalando e introduciendo mi lengua que recorrió su deliciosa boca con gusto. Ella deslizó una mano por mi brazo subiendo hasta mi nuca donde enterró sus dedos en mi pelo.

-Feliz aniversario -murmuró contra mis labios separándose ligeramente.

Medio desastrosamente, chocando un poco, nos acomodamos, terminando prácticamente acurrucados. No solía estar cómodo con ese tipo de demostraciones de afecto pero con ella era diferente. Estuvimos así un rato, conversando entre susurros antes de que nos empezara a dar sueño.

-¿De veras no puedo dormir aquí? -era casi increíble que estuviera semi-rogando por dormir en mi propia cama.

-Si quieres yo duermo en el sofá -me dijo.

-No hay manera.

Me aparté suavemente dándole un beso en la frente antes de dejarme caer sobre el sofá y estirar mi brazo para llegar al interruptor de la lamparita y apagarla. Oí como ella se acomodaba entre las sábanas. Sin darles tiempo para acostumbrarse a la oscuridad, cerré los ojos. Ya estaba cabeceando y desconectándome cuando escuché un murmuro:

-¿Castiel?

-¿Mmm?

-Ven -susurró claramente nerviosa.

-¿Segura? -sus palabras me despertaron.

-Sip.

-Angelito, estoy bien aquí, no quiero que te sientas presionada -murmuré aunque mentalmente solo podía rogar que mantuviera su nueva decisión.

-No me siento así. Ven.

No necesité que me lo repitiera. Me puse de pie prácticamente al instante y me trepé a la cama. Ella se revolvió, nerviosa.

-Shhh -intenté calmarla y la abracé tiernamente contra mí.

La vi sonreír y besé su mejilla antes de separarme porque sabía que no se sentiría cómoda así. Valerie me agradeció con la mirada.

-Buenas noches -susurró.

-Buenas noches, angelito.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!