Un poco chico bueno

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Cuando desperté, me sorprendí de no estar ocupando toda la cama como solía hacerlo. Valerie seguía dormida a mi lado. En algún momento de la noche había estirado un brazo y mi mano había terminado siendo como su almohada. Sentí como mis labios se curvaban en una sonrisa. Cuidadosamente recuperé mi mano y me levanté de la cama. Traté de no hacer ruido mientras salía de la habitación.
En la cocina me encontré con un olor a comida delicioso y con Tamara.

-Yo sabía que te levantarías más temprano -me recibió con una sonrisa.

-¿Cómo así? -le devolví la sonrisa antes de dirigirme a la refrigeradora para sacar la botella de jugo y tomar un par de buenos tragos.

-Por Valerie.

-¿Ah?

Ella no podía saber Valerie había dormido en mi cuarto ¿o sí? Si era así, tenía que rogarle que no diga nada.

-¿No vas a llevarle el desayuno?

-¿Ah? -esta vez la miré total y absolutamente extrañado.

-Es su mesiversario -dijo como si eso explicara todo.

-¿Y qué tiene que ver con el desayuno?

-Que es un lindo detalle -pareció reprenderme.

-¿Se supone que le lleve el desayuno a la cama?

Tamara asintió con alegría.

-Compré pancitos recién horneados y he preparado de todo lo posible para que le lleves.

Miré por primera vez la bandeja sobre la encimera. Realmente se había lucido. Había mermeladas, mantequilla, quesos, jamón, huevo revuelto, nutella, diferentes pancitos y un par de rollitos de canela que se veían increíbles. Levanté mi mirada sorprendida hacia Tamara. Ella se sonrojó y se encogió de hombros.

-También es para pedir disculpas de mi parte.

Al verla así, me sentí incapaz de rechazar la bandeja. Asentí lentamente y, tras servir dos vasos de jugo y acomodarlos, subí al cuarto, rogando no encontrarme a nadie en el camino. Me costó unos cuantos esfuerzos abrir la puerta. Valerie seguía dormida cuando entré pero tenía el ceño fruncido y su mano parecía intentar agarrar algo de donde había estado la mía.

-Angelito... -empecé a decir antes de que una idea llegara a mi mente.

Con una sonrisa maliciosa, dejé la bandeja sobre una mesita y me metí al baño. Cogí uno de los vasos y lo llené con agua. Tratando de no hacer ruido me acerqué lentamente a la cama y con cuidado dejé que el agua fuera cayendo como un chorrito sobre la frente de Valerie, quien tardó unos instantes en reaccionar para luego soltar un chillido.

-¡Castiel! -me reprendió entre risas al entender lo que había hecho.

-Buenos días, angelito -sonreí satisfecho de mi venganza.

-Eres un maldito -seguía sin perder la sonrisa.

-Definitivamente me encantaría que todos los despertares fueran así -reí.

-¿Fastidiándome?

-Eso implica que estoy contigo -le guiñé un ojo y luego añadí, recogiendo la bandeja y poniéndola sobre la cama -Traje el desayuno.

Su expresión de sorpresa fue alucinante.

-No creas que yo lo preparé -me apuré en admitir -con las justas podría haber preparado esas tostadas -agregué bajando la mirada hacia unas cuantas tajadas de pan que había en un plato.

Valerie rió con mi comentario.

-Fue Tamara -seguí hablando sentándome frente a ella, con la bandeja entre ambos -pide disculpas.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!