Apuesta y buenos modales

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-Llevamos más de medio año en esto.

-Hasta que admitas mi victoria, angelito, esto no se acaba.

-¿Tu victoria? -soltó una risita burlona -Perdona ¿Quién ayudó a llenar el carro del director de pintura?

-¿Quién tuvo que levantarse temprano hacer las compras y deberes todo en una sola mañana?

-¿Debo recordarte quién faltó a clases?

-¿Debo recordarte quién se disfrazó de Papá Noél? -imité la formulación y el tono de su pregunta.

-Pasé todo un fin de semana de fiesta medio a escondidas de mis papás -alzó el mentón.

-Tus papás me aman -sonreí engreídamente -eso dice todo.

Valerie dejó que una risa escapara de sus labios ya sonrientes.

-Esa es buena -admitió divertida.

-Casi me dejaste en blanco con la del fin de semana -reconocí apoyándome contra la pared.

-Sigo pensando que te gané -sonrió alisándose con cuidado la faldita que llevaba puesta.

-Puedes seguir engañándote. Los profesores aún se preguntan a qué santo le deben el milagro de que haga deberes, me presente a clases y haya mejorado en algunos exámenes.

-Mis amigos aún no entienden cómo es que he ido a más fiestas en este último mes que en los... ¿qué? ¿Dos últimos años?

-No seas exagerada -reí.

-Bueno, bueno, quizás exagero un poco -me sonrió -pero nos referimos a cierto tipo de fiestas.

-Lo dices como si te llevara a antros -solté una carcajada.

-Tampoco tanto así, pero sí son fiestas que se salen de control.

-Jamás pensaste en que le pagarías a un guardia para que te deje entrar ¿verdad? -me mofé.

Valerie se sonrojó al instante.

-Ni me lo recuerdes -balbuceó antes de apretar con fuerza los labios.

-Vamos, angelito, arregla esa cara -le regalé una de mis mejores sonrisas -No hemos venido hasta acá ni te has arreglado tanto solo para que parezca que un vampiro te acaba de succionar toda la sangre y que morirás más pálida que papel.

-Muy gracioso -me fulminó con la mirada antes de dirigirla nuevamente a la puerta a la que aún no habíamos llamado por quedarnos conversando.

-Una prueba más de que gané la apuesta. Quedando solo dos días libres, me arrastras a una torturante reunión familiar -hice una rápida mueca que para mi suerte se le pasó desapercibida.

-No seas exagerado -me riñó con una sonrisa forzada que me arrancó una burlona -Después vamos a ir a una de tus fiestas así que no te hagas la víctima.

Solté una carcajada ante su tonito acusador.

-Además -continuó -no pude conseguir que te arreglaras siquiera.

Me recorrió de pies a cabeza fingiendo lamentarse de mi mera existencia.

-¿Cómo que no estoy arreglado? Es mi mejor ropa estilo Castiel -me hice el ofendido y me burlé sobre-actuando.

-Casaca de cuero negra. Jeans con arañazos.  ¿A eso le llamas arreglado?

-Puedes agradecer que no sea ropa manchada.

-Si te veo a las tres de la mañana, creería que me vas a asaltar. Te juro que cruzo al otro lado de la calle -bromeó para fastidiarme.

-Sería el asaltante más sexy que hubieras visto en tu vida. Hasta me rogarías que te asalte -le seguí el chiste.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!