Planes

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Salimos bastante sudados, sin suficiente aliento como para conversar en lo que quedaba de camino hasta mi casa. Por lo menos esa parte del día no había estado nada mal. El problema era lo que tuviera planeado para la tarde. Quise preguntar pero solo me alcanzó el aire para soltar un bufido. Valerie dejó escapar una risita ahogada.

Una vez que ambos nos habíamos duchado y cambiado nos juntamos en la sala.

-¿Y ahora?

-Vamos a ordenar tu cuarto.

-¿Qué? -se me desencajó la mandíbula.

-¿Piensas quejarte? -preguntó burlona adelantándose por las escaleras hacia mi cuarto.

Solté un bufido dejándome caer sobre el respaldar del sofá en el que me acababa de sentar. "¿No podía decirlo cuando estaba arriba?" -me quejé mentalmente. ¡Acababa de bajar hacía menos de cinco minutos!

-¿Vas a venir? -preguntó asomándose desde el descansillo de la escalera.

-Voy, voy -me puse de pie sintiendo que me costaba un enorme esfuerzo.

En lo que subía tomé conciencia que era la primera vez que una chica entraba a mi cuarto. No solía traer chicas a mi casa siquiera. Cuando me había despertado en la mañana no me había dado cuenta del detalle, pero la idea de pronto atacó mi mente. Hurgué en mi memoria, buscando el recuerdo de alguna noche en la que haya regresado acompañado, pero por más que me esforcé, estaba en blanco. A menos que estuviera terriblemente ebrio (que era una posibilidad que no debía descartar) recordaba siempre haber ido a hoteles, conseguir un cuarto en el lugar de la fiesta o terminar en el cuarto de la chica, no en el mío. De pronto la idea de que Valerie estuviera paseándose por mi territorio se me hizo extraña casi hasta el punto de ponerme nervioso. Una vocecita en mi cabeza me dijo que me dejara de idioteces pero mi cuerpo la ignoró totalmente en lo que subía los últimos escalones. Cuando entré a mi cuarto me encontré con que mi novia (debía hacerme de una vez por todas con la idea de llamarla así) me esperaba de brazos cruzados sentada en mi cama.

-Era para hoy -alzó una ceja, luchando con las comisuras de sus labios que se torcían en una sonrisa traviesa.

Maldije por lo bajo. ¿Tenía que sentarse en mi cama? De pronto me di cuenta que la idea de tenerla ahí, exactamente así, me estaba afectando mucho más de la cuenta. Si no me controlaba, esto podía terminar mal. Controlarme a mí y a mi amigo. Mierda. ¿Qué carajo me pasaba? Apreté los labios y fruncí el ceño centrando mi mirada en la ropa sucia que adornaba la silla de mi escritorio. Sí... eso estaba mejor. Sentí la mirada extrañada de Valerie clavarse en mí pero la ignoré.

-¿Por dónde empiezo? -pregunté.

-¿Nunca has hecho orden o qué? -respondió mi pregunta con otra en tono burlón.

-¿Me ves como de las personas que ordenan?

-Podrías iniciar haciendo tu cama -se paró dejándome pase libre.

Mentalmente agradecí que alejara de ella. No tardé mucho en estirar las sábanas y ocultar todo con mi cubrecama. Valerie no parecía del todo satisfecha con mi trabajo.

-Bueno... -soltó un suspiro, encogiéndose de hombros.

-¿Ahora el escritorio? -propuse fingiendo no estar tan desanimado como lo estaba.

-¿Qué tal si empezamos con el piso?

-¿Empezamos? ¿Me ayudarás? -me sorprendí.

-A menos que no quieras... -sonrió burlona.

-Adelante -hice un gesto hacia el piso.

No sé cuánto rato después nos encontramos doblando mis camisas, polos y pantalones, separando lo sucio de lo limpio y lo que se debía colgar de lo que iba en los cajones. Era increíble lo diferente que se veía mi cuarto. El cambio me gustaba y me disgustaba a la vez. Si bien había logrado mantener mi ordenado desorden en la estantería y algunas otras cosas, pero tener mi escritorio disponible al cien por ciento era muy extraño. Dejando un polo a medio doblar, Valerie se sentó en el sillón, contemplando como terminaba de ordenar lo que quedaba.

-Se te ve tan raro -a pesar de estar a mi espalda, no me costó adivinar que estaba sonriendo.

Solté un bufido al que respondió con una risita.

-Solo falta ponerte un delantal -siguió -y serías un amo de casa perfecto -se burló.

-Qué graciosa...

-Lo sé.

Me giré y la encontré con una enorme sonrisa de satisfacción.

-Por favor no me digas que esta tortu... -me detuve a la mitad de mi súplica.

-¿Cómo? Creo que no te oí bien. ¿Qué decías? ¿Me parece o ya te estás rindiendo?

-Nada, nada. No te hagas ilusiones con que perderé -le lancé otra mirada -solo quería saber qué tenías planeado para la noche -me encogí de hombros intentando fingir indiferencia.

-Te has saltado toda la tarde -canturreó.

Mierda. Cerré los ojos y me concentré para no apretar los puños. Solo íbamos un día pero si esperaba que pasara así mis vacaciones, realmente enloquecería. Si bien tenía que reconocer que su compañía había hecho mucho más interesantes todas las actividades del día eso no quitaba que para ser un primer día sin clases, esto era penoso.

-¿Y qué maravilla tienes pensada? -hice que una sonrisa forzada apareciera en mi rostro.

-Nos vamos de fiesta.

Me detuve en seco. Lentamente me intenté calmar. No sabía si ponerme a festejar ahí mismo y besarle los pies con adoración o si se estaba burlando de mí para hacerme sufrir más.

-¿Lo dices en serio? ¿O es parte de tu plan malvado de tortura hacia mi maravillosa persona? -me giré encarándola.

Casi como un rezo, repetía en mi mente una y otra vez "fiesta, fiesta, fiesta".

-Quiero que veas cómo se comporta un chico bueno en esa situación -le restó importancia aunque yo sabía que, en parte al menos, lo hacía para contentarme.

-Te aseguro que no fumaré -me apuré en decir.

-Y casi no tomarás -no era un consejo, era una imposición.

-Hecho.

-Nada de bromitas locas, no buscamos escándalos -me advirtió.

-Prometido -le sonreí con cariño -me portaré muy, muy bien.

-Por lo visto nuestro plan de la noche ya está armado.

Sonreí intentando ocultar mi alivio. A fin de cuentas este primer día de vacaciones no iba a resultar pura tortura... el angelito parecía tener buenos planes para más tarde... Noté que ella sonreía también, como si en el fondo todo el tiempo hubiera estado buscando cómo darme un gusto que encajara en los planes de su parte del reto.

-¡Pero no te detengas ahora! -me apremió para que terminara de guardar, sacándome de mis pensamientos -te falta poco -me animó.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!