Noche de dos

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-Sh... Tranquila... Hey, bebé, abre los ojos -susurré deteniendo el regueo de besos que había estado depositando ansiosamente en su clavícula.

Ella los abrió sorprendida al oírme llamándola así. La verdad es que me había sorprendido a mí mismo.

-No pares, por favor -suplicó poniéndose roja al instante.

Me fue imposible contener una sonrisa. Sin dejar de acariciar sus muslos con una mano deslicé la otra por su cintura, acaricié su vientre y comencé a subir lentamente hacia sus pechos. Su expresión reveló que la estaba torturando al tomarme mi tiempo.

-¿Estás segura de esto, angelito? -murmuré besando su cuello sin detener las demás caricias, consiguiendo que su cuerpo reaccionara estremeciéndose y arqueándose hacia el mío.

-¿De verdad me estás preguntando? -respondió entre dientes.

-No quiero que te arrepientas -me aparté ligeramente -sé que querías esperar...

Sus ojos brillaron.

-Y lo hice -balbuceó.

-No quiero arruinar esto para ti, angelito -me contuve a duras penas de seguir con las caricias que mis manos estaban anhelantes por dar.

-Castiel, basta. No digas tonterías. Estaba esperando a la persona correcta. Tú lo eres. Jamás habrá nadie más indicado que tú.

No pude evitar sonreír mientras me inclinaba para besar su labios. Ella no tardó en enterrar sus dedos en mi cabello y tirar de él provocando que un suave gruñido escapara de mi garganta. El deseo que en esos momentos llenaba mi cuerpo terminaría por enloquecerme.

-¿Tienes idea de cómo me pones? -mi voz sonó más grave de lo normal.

Antes de que pudiera contestar, hice un movimiento de caderas acariciando su entrepierna de manera que pudiera sentir mi erección. Valerie abrió los labios dejando escapar una exclamación por la sorpresa.

-Oh Dios.

-Exacto -respondí.

Lentamente me deslicé hacia abajo, besando su piel por el recorrido. El sentir su respiración acelerarse bajo mis caricias y besos, como expectante, me volvía loco. Cuando besé entre sus pechos soltó un gemido y tiró nuevamente de mi cabello.

-Mierda -mascullé -Vas hacer que me venga demasiado rápido si seguimos así.

-Perdón -susurró avergonzada.

-Tranquila, lo importante es que lo disfrutes, angelito.

Tomándome mi tiempo llegué a su vientre mientras mis manos acariciaban sus cinturas bajando a su trasero, presionando levemente. Seguí el camino de mis besos acompañados por suaves mordiscos y leves chupetones que la hacían retorcerse, ansiosa. Continué hasta bordear el límite puesto por su ropa interior. Pude sentir cómo se estremecía. Al llegar a su cadera tomé la prenda entre mis dientes y tiré hacia abajo deslizándola sin apresurarme.

-Espera -me detuvo con voz entrecortada.

Me detuve casi al instante, dejando la prenda casi en su sitio y depositando un beso en su cadera antes de clavar mi mirada en ella. En el fondo lo sabía. Eso no evitó que sintiera una horrible presión en el pecho.

-¿Estás bien?

-Sí, sí -asintió con el tono tembloroso -solo...

Alcé la mirada hacia su rostro recorriendo antes su cuerpo, deleitándome con cada milímetro sintiendo que la presión en mi entre pierna aumentaba. Sus mejillas estaban completamente rojas.  Sin remedio se me escapó una risita enternecida. Me deslicé acomodándome nuevamente sobre ella.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!