Navidad

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-¿Y si te reto?

-Eso sería hipócrita.

-Tienes razón -soltó un suspiro.

Avanzamos unos cuantos metros más en silencio.

-Pensé que eras creyente -me miró extrañada.

-Lo soy, pero ir a misa el veinticuatro o comprar regalos de navidad no es lo mío.

-¿Y qué es "lo tuyo"? -sonrió burlona aunque noté verdadero interés de su parte.

-Tú -respondí tras fingir meditarlo un rato.

Ella rió entrelazando sus dedos con los míos.

-Yo no soy tuya -protestó sonriente -¡Tú eres mío!

Negué con la cabeza riendo entre dientes.

-No soy de nadie.

-Yo tampoco -contestó con altivez.

-Tú estás equivocado -exclamamos a la vez señalándonos mutuamente -¡Eres mío! -¡Eres mía!

Nos detuvimos como evaluándonos con la mirada. Ambos intentamos mantenernos serios, pero tras unos segundos, sus labios se curvaron en una sonrisa que fue seguida al instante por una de mi parte.

-Irritante -mascullé.

-Petulante.

-¡Usa insultos normales! -la fastidié riendo.

-Culturízate -respondió con una sonrisa burlona.

-Tengo que admitir... -susurré después de un momento -...que no sé cómo responder a eso.

-Cuéntame qué es "lo tuyo" -se apuró en decir.

-¿En Navidad? Comer buenazo y recibir regalos -sonreí con satisfacción.

-¿Y dar?

-Yo obsequio a los demás con mi presencia -la miré como retándola a contradecirme.

-Mejor no recibir nada -bromeó.

-¿Quieres que me vaya? -le seguí el juego.

-¿Regalo de navidad adelantado?

-Me voy ah -seguí amenazando juguetonamente -te apuesto que mi séquito de seguidoras me recibe con los brazos abiertos en vez del menosprecio con el que me tratas -fingí un lastimero puchero.

-¿Seguidoras? -contuvo una risita e intentó aparentar seriedad.

-Me aman.

-¿Perdona, estamos hablando de otras personas o de tu mamá?

-Eres imposible -sonreí.

-No me querrías de lo contrario.

Acepté su afirmación rodeándola con mis brazos y besándole la frente antes de soltarla de nuevo.

-Antes sí iba a misa -recordé de pronto frunciendo el ceño.

-¿Qué pasó?

-No sé. Voy a veces. Hay años que me provoca ir a la Navidad y otros en los que no -me encogí de hombros.

-¿Y este año no te provoca?

Arrugué la nariz algo fastidiado por la conversación.

-No especialmente.

-Todavía te quedan dos días para pensarlo.

-¿Cómo piensas pasar Navidad tú? -pregunté para cambiar un poco el tema.

-En casa, con mis papás. Puede que vengan mis abuelos y quizás algún tío... -se detuvo de pronto quedando nuestra caminata interrumpida por segunda vez -¿No querrían venir?

-¿Ah?

-Vengan a mi casa por Navidad, mis papás estarán felices.

-¿Ah?

Simplemente no salía de mi desconcierto.

-No te hagas el bobo -me dio un empujoncito como para que reaccionara.

-¿Mi mamá, el enano y yo? ¿En tu casa? ¿Por Navidad? ¿Con tu familia? Es una broma ¿no?

-No -intentó decirlo de manera despreocupada.

-No estoy seguro de que sea una buena idea, angelito -cerré los ojos acariciando con dos dedos mi tabique, pensando en cómo salir de ese horrible embrollo que se estaba armando.

Rápidamente imaginé sus dos posibles reacciones. O sería comprensiva, tímida y me diría que no me preocupe, o...

-¿Por qué no? -saltó.

...o se lo tomaría mal. Apreté los puños y me revolví el pelo.

-No veo cuál es el problema, Castiel -se cruzó de brazos -me gustaría que te explicaras. ¿Te molesta pasar tiempo con mis papás acaso? ¿O te incomoda conocer a mi familia? ¿O simplemente no quieres que nuestros papás se conozcan?

-Cálmate -ordené medio gruñendo entre dientes.

-No. Tampoco me he exaltado cómo para que me digas eso. Te he preguntado tranquilamente. Quiero que me expliques. Quiero entender -al menos no lo dijo con sarcasmo.

-Estás sobre-reaccionando -le advertí.

-¿Perdón? -ahora sí alzó la voz, claramente ofendida.

A duras penas contuve mi impulso de ponerme a gritar yo también. Apreté los labios unos minutos. Minutos que fueron suficientes para que ella se calmara también.

-Perdona -bajó la cabeza.

Asentí de manera algo seca aún conteniendo las ganas de explotar. Vi que abría los labios como para decir algo pero que acertadamente los volvía a juntar. Cuando sentí que empezaba a recuperar la compostura decidí responder.

-No me sentiría cómodo -confesé -con las justas paso Navidad con mi familia. Me sentiría un intruso y tampoco quiero tener que comportarme a la perfección toda la noche. Simplemente temo que no me sentiría cómodo.

En realidad ni siquiera lo había meditado.

-No tienes que ser alguien que no eres -susurró.

-¿Y fumar dentro de la casa? ¿Y hacer chistes con doble sentido? ¿Soportarían tus papás si los hago en la mesa? ¿En Navidad? ¿Tus abuelos? ¿Que fastidie a mi hermano? ¿Que coma cuanto quiera?

-Deberías conocer a mi abuelo -fue lo único que respondió con una sonrisa de medio lado.

-Valerie...

-La invitación sigue en pie. Piénsatelo.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!