Maldito Castigo

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-Sí, señor director -mascullé intentando mantener el tono monótono.

-Apúrese entonces, jovencito.

Me abstuve de contestarle. Detestaba a ese gordinflón pero no podía darme el lujo de ser expulsado de otro colegio. Mi mamá ya sufría bastante manteniéndome en este. Repitiéndome eso mil veces para darme algo de ánimo, tomé de mala gana la primera tarjeta de alumnos nuevos que vi.

-Valerie Schnap... Schnappe... ¿Cómo diablos se pronuncia esto?

-¡Yo que sé! ¡Lárguese de una vez o tendré que ponerle otros diez puntos de conducta!

-Viejo abusivo -murmuré entre dientes mientras me dirigía al salón de novatos.

Wuju, ayudemos a los nuevos a no perderse en esta horrible cárcel y que pasan un muy lindo primer día. ¡Qué emoción! Vaya castigo más idiota. Una vez que llegué a la sala once me apoyé contra el marco de la puerta observando al grupete de novatos delante de mí. Eran solo tres y únicamente una era una chica. Aprovechando que no me había notado la examiné de pies a cabeza. Definitivamente no era mi día de suerte. No podía tocarme una sexy morena o una pelirroja ardiente. No. Me tenía que tocar una chica cualquiera. O por lo menos, eso parecía de espaldas. Cuando se volteó pude mirar mejor su cara. Rápidamente decidí que no era bonita del todo. En conjunto sí era más guapa de lo que me había parecido a la primera mirada, pero había algo en su cara que evitaba que fuera realmente hermosa. No podía identificar bien qué, pero era como si una pieza no encajara del todo. ¿Sus ojos? No, esos sí eran espectaculares. Debía ser su boca que era un poco pequeña aunque sus labios parecían bien formados. Estaba perdiendo demasiado tiempo en esa chica. Vaya desperdicio.

-Valerie -la llamé secamente.

Casi al instante se giró hacia mí y casi igual de rápido su expresión de asombro pasó a una de desagrado. ¿Qué diablos? Tomando su bolso se apuró en acercarse. "Bien pensado, chiquilla, no tengo tiempo que perder" me dije.

-¿No había nadie más? -fue lo primero que preguntó.

Definitivamente la había analizado mal.

-Lamentablemente no -fingí una sonrisa que borré rápidamente -camina. Tengo que llevarte a clases.

-Puedo ir sola, gracias -forzó una sonrisa amable de esas que en realidad te dicen "vete".

-Buen intento, linda, pero tengo que llevarte yo o me castigan. Pasaremos un largo día juntos. Por favor, no te desmayes de la emoción.

-Petulante -susurró con cierto desprecio.

No era la primera vez que una chica educadita se hacía la ofendida conmigo, pero me sorprendió las ganas con las que ella lo hacía.

-Tu primera clase es historia, mi más profundo pésame -le dije fingiendo no haber oído su comentario mientras empezaba a caminar hacia la clase.

-Me gusta historia -contestó con firmeza alcanzándome.

-Rara -la miré sobre mi hombro.

Vi que no le estaba siendo tan fácil seguirme el paso entre la masa de estudiantes y aceleré mi caminar sin poder contener una pequeña sonrisa.

-¡Hey! -la oí protestar.

-Apúrate, yo también tengo clases -elevé un poco la voz asegurándome de que me oyera mientras mentalmente me decía que eran clases a las que no pensaba asistir.

Al llegar junto al salón, me recosté contra la pared sosteniendo su horario en una mano. Ella llegó poco después respirando un poco trabajosamente. "Ni que el pasillo fuera tan largo" me burlé en silencio. Su primer movimiento fue un intento de arrancharme la hoja. Con una sonrisa burlona me limité a levantar el brazo a donde ella no podía alcanzarla.

-¿Qué te cuesta darme mi horario? -frunció el ceño.

-Si lo hago, te escaparás de mí.

-¿Qué? ¿Ya te encariñaste acaso?

Espera un rato... ¡ese era mi papel!

-Qué más quisieras, novata. No llores mucho, pero lo que pasa en realidad es que estoy castigado y si te ven vagando sola por ahí, puede que me suspendan. Amaría verme libre de clases una semana, claro está, pero no me interesa conseguirme otra vez una matrícula condicional.

-Uy, todo un chico malo -se mofó aunque la vi estremecerse ligeramente.

Sonreí con satisfacción.

-Dame mi horario, por favor. Te prometo que te evitaré los problemas. De paso, te ahorras hacer esto que es evidente que lo detestas.

-Vendré a buscarte para tu siguiente clase. No te muevas de aquí hasta que yo llegue.

-¿Posesivo? -pareció estudiarme.

-No te entusiasmes tanto. Para mi mala suerte, no me queda otra. No me hagas más problemas. Ve, entra a clase y luego espérame aquí como una linda chica buena.

-Yo creo que ya te gusté. A los chicos malos les gustan las chicas buenas ¿no? -se burló.

-Ni sueñes con que pasará el estúpido y típico cliché.

-¡Pues me alegro!

-¿Ah sí? A mí me parece que ya estás loquita por mí -dije para burlarme.

-¡Loquitas tus neuronas! Tú eres el que sueña con el cliché. Bien que te mueres de ganas de que me enamore de ti.

-Si quisiera, ya estarías adorándome. Pero ¿Sabes algo? No me provoca en lo más mínimo.

-Mejor por ambos. Me das asco. Te juras la última botella de agua en el desierto haciéndote el "bad boy" pero solo eres un idiota.

-Mira como tiemblo. La niñita buena me insultó. ¡Qué horror!

-Lindo sarcasmo. Te apuesto que no durarías ni medio día portándote bien.

-Tú durarías menos rompiendo las reglas.

-¿Eso crees?

-No lo creo, lo sé.

-Pues bien, apostemos.

-Prepárate para perder "angelito".

Ambos nos lanzamos una suerte de mirada furiosa antes de separarnos. Ella entró en el salón y yo me dirigí al otro lado del pasillo, camino al patio donde podría fumar tranquilo.

-La vas a pagar caro, angelito. Cómo me voy a divertir ese día.



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Espero que les guste :)

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!