Continúa el viaje

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-¿Todo listo?

Todos asentimos o hicimos algún tipo de ruido demostrando una respuesta afirmativa. La partida se había retrasado un poco por nuestro desayuno, pero nadie nos reprochó nada. A lo máximo las bestias de mis amigos me preguntaron si había que desinfectar alguna carpa. Fue una suerte que Valerie no los escuchara. 

Estábamos metiendo las últimas cosas en las maleteras y revisando que no se nos hubiera quedado nada ni en los cuartos ni en la playa. Las chicas habían ido hacía como unas dos horas a despedirse de la viejita que nos había recibido el otro día. Querían despedirse y hablar un rato con ella o algo por el estilo. Hasta el momento habíamos aprovechado el tiempo pero si se seguían demorando tendríamos que ir a buscarlas.

-¿Hacemos los mismos grupos de viaje que la otra vez? -me preguntó Tomás sacándome de mis pensamientos mientras cargábamos los sleepings y las almohadas para acomodarlos.

-Me imagino que sí -me encogí de hombros.

-¿Qué te imaginas? -la voz de Tamara a mis espaldas por poco me hizo dar un respingo.

Al girarme me encontré con todo el grupo de chicas que me miraba riendo suavemente. Cargaban dos grandes cajas blancas, de esas que se usan para entregar las tortas en las pastelerías.

-¿De dónde salió eso? -preguntó Javier acercándose con Andrei.

-La amiga de mi abuela -aclaró Valerie acercándose sonriente -son dos de las mismas tartas que probamos el otro día.

-¿Cómo así? -Andrei habló por todos.

-La señora es un amor -sentenció Mónica.

-Nos regaló la receta -contó Melanie -y nos hizo pasar a la cocina con la chica que trabaja para ella para que nos enseñe.

-Siguen calentitas -añadió Tamara poniendo un tonito tentador.

-Amo a esa mujer -exclamó con fascinación Javier.

-No babees -me burlé -A menos que tu gran amor te inspire a quedarte. Puedes ir a cambiarle los pañales.

Valerie me golpeó como broma en el pecho a manera de reproche aunque también sonrió. Dirigiéndose a los demás propuso:

-Podemos ir comiendo en el camino. Así no perdemos tiempo.

-Por mí, perfecto -dijo Javier.

-¿Comer en mi carro? -la miré exagerando una expresión horrorizada.

Di un par de zancadas y detuve a Andrei que estaba por abrir la puerta para subir a mi coche.

-¿Qué haces? -preguntó extrañado.

-Ninguno de estos neandertales sin modales se sube a comer a mi carro. Las chicas vienen conmigo -bromeé.

-¿Cómo? -rió Mónica.

-Tengo que proteger la tapicería -me encogí de hombros con inocencia falsona.

Valerie y Melanie pusieron los ojos en blanco e intercambiaron una mirada.

-Me voy a buscar a mi gordo -oí que le decía.

-Está en su carro, listo para salir -le dije -aunque con tanto que le dices "gordo" a lo mejor si lo está y en estos momentos se encuentra luchando con la puerta para poder entrar.

Melanie rió mascullando "imbécil" entre dientes alejándose con Tamara y Javier en dirección al carro de mi hermano. Andrei y Mónica entraron al mío llevando una de las tartas consigo. Decidí ser un caballero (una vez en la vida no daña a nadie) por lo que me dirigí al lado del copiloto y le abrí la puerta a Valerie. Ella sonrió enternecida.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!