Retos navideños

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Sonreí con cierta malicia en cuanto se me ocurrió el plan. Todo se dio gracias a la insistencia de Hernán de que lo acompañara al mall a comprarse su regalo de Navidad. Era ya veintidós y el lugar estaba repleto de gente que hacía compras de último minuto.

-Deberías comprarle algo a Valerie -me sugirió mientras ojeaba una joyería desde afuera.

-No.

-¿Por qué? -empezó a inspeccionar de cerca la vitrina -yo le voy a comprar algo a Melanie.

-Hay dos diferencias.

-Adelante, muero por oírlas -me apremió en tono burlón empezando a andar de nuevo tras decidir que lo que había estado mirando no lo convencía.

-Una, yo no compro regalos de Navidad. Dos, yo no necesito hacer regalos caros que en el fondo tienen la intención de convencerla para acostarse contigo, o, en mi caso, sería conmigo. E incluso puedes añadirle una tercera. Yo no nado en plata.

-Yo no nado en plata. Mi papá lo hace de cuando en cuando, aunque prefiere el oro -rió bromeando antes de añadir con más seriedad -y no hago esto para acostarme con ella. Ya te he dicho que la chica me cae en gracia.

-Esta conversación ya me está sonando repetitiva.

-Linda manera de callarme -rió.

-¿Te ha hecho algo de caso siquiera?

-Es un jueguecito de lo más divertido de jugar -sonrió con picardía claramente recordando algo -Intenta negarlo, pero sé que le gusto. Le cuesta colgarme el teléfono y la he visto sonreír cuando le llegan mis mensajes. Un poco irritada, pero es una sonrisa. Va a caer hermano, sé lo que te digo. Lo que más me retrasa es que cree que estoy jugando.

-¿Acaso no lo estás haciendo? -reí entre dientes mientras sacaba un cigarrillo.

-Enamorar a cualquier mujer es como un juego. Uno muy divertido, por cierto. Hay algunas con las que ganas muy rápido y solo juegas por la diversión y satisfacción de haber ganado. Hay otras con las que más interesante aún que el juego es lo que viene después de ganar. Esas con las que verdaderamente hay un premio por el esfuerzo. Algo que vale la pena. Melanie es de esas.

-Pasu... te volviste un romántico -me burlé.

Él me levantó en dedo medio.

-¿Sabes qué es lo interesante? Las del primer grupo suelen tirársete encima desde el principio o no tardan en hacerlo. Las otras, llegado un punto, intentan también enamorarte, jugando su propio juego.

-¿Melanie está intentando enamorarte? -pregunté burlón, sin poder contener una sonrisa maliciosa.

-A su manera.

-Ya, ya.

Ambos reímos. Fue en ese momento cuando vi al señor disfrazado de papá Noel y se me ocurrió el reto. Ya habíamos bromeado sobre hacer algo con el reto y navidad pero aún no teníamos claro qué. Ahora sí que tenía una idea. Ella cumpliría mis sueños: arruinarle la Navidad a algún mocoso. Bueno, quizás no algo tan dramático, pero por ahí iba mi plan.

-¿Castiel?

Ignoré a Hernán mientras sacaba mi celular para mandar un mensaje.

Yo: ¿Angelito? (04:37 pm)

       Tengo algo para ti ;) (04:37 pm)

Angelito: No sé si emocionarme pensando en algo tierno o preocuparme porque tu mensaje se puede leer como si tuviera un sentido pervertido... (04:37 pm)

Yo: Ya tendremos tiempo para cosas pervertidas pronto, no me provoques (04:37 pm)

Angelito: Ja-ja Qué gracioso... (04:37 pm)

                    ¿Qué pasa? (04:38 pm)

                    ¿Entonces? (04:38 pm)

Sonreí con la notificación de su mensaje y solo para darme el gusto de inquietarla un poco, decidí dejarla esperar un rato. Sentí mi celular vibrar una y otra vez en el bolsillo de mi pantalón pero lo ignoré poniéndome a conversar con mi hermano y aprovechando para acercarme al puesto de papá Noél y revisar lo que me interesaba. Todo iba a salir de maravilla. Fue entonces cuando las vibraciones me indicaron que estaba recibiendo una llamada. Sin fijarme quién era contesté, preparándome para escuchar a mi mamá quien, por no saber usar Whatsapp, era la única que realmente me llamaba.

-¡Castiel! -el grito en tono de reproche por poco hizo que suelte el celular dejándolo caer al piso.

-Hola, angelito -reí entre dientes una vez que volvía a tener el aparato seguro entre mis manos.

Hernán me lanzó una mirada extrañada y sonrió cuando le dije entre señas y moviendo los labios "novia loca".

-¡Ni se te ocurra volver a hacerme eso! ¡¿Has entendido?!

-Disculpe, intento hablar con mi novia y creo que una demente de manicomio le ha robado su celular.

-¡No te hagas el graciosito ahora! -exclamó aunque no me costó nada imaginar la sonrisa en su rostro.

-¿Me estás diciendo que si ahorita miro mis mensajes no me voy a encontrar con unos veinte de novia paranoica?

-Estem... -balbuceó.

-¿Cómo? -contuve una risa.

-¡No me digas loca! -protestó riendo suavemente -¡Y no son veinte! -añadió triunfal -¡Son solo diecisiete!

-Solo... -me burlé.

-Sí, "solo". Deberías estar agradecido de que sea tan considerada y tranquila.

-Tranquila -seguí mofándome.

-Castiel, vas a llegar a mi límite -me advirtió -y no quieres hacerlo. ¿Me puedes decir de una vez qué ocurre?

-Leeré tus mensajes primero, preciosa.

-No te atrevas...

Antes de que terminara su amenaza le colgué. Puede que me metiera en problemas. Me encogí de hombros. Ya me encargaría después. De todas formas, tenía su gracia. Con una sonrisa burlona empecé a leer, tal y como había dicho que haría, todos los mensajes que me había mandado. No pude contener una risa al ver, tras unos primeros mensajes de preguntas, otros de fastidio y finalmente unos verdaderamente preocupados que me enternecieron... un poco.

-Hermano, creo que he visto algo que me podría servir en la tienda de allá ¿Me acompañas o ya te perdí en tu luna de miel vía celular?

-¿Luna de miel vía celular? -levanté mi mirada.

-Eso sonó totalmente ridículo ¿verdad? -soltó una carcajada -nos vemos luego -se despidió dándome un par de golpes a modo de despedida en la espalda.

En cuanto se alejó, llamé a Valerie.

-¿Ahora sí me vas a explicar? -sonó cortante.

-Ya, angelito, no te pongas de mal humor conmigo, mira que falta poquito para Navidad -hice el tono más zalamero que pude.

-¡Me colgaste!

-¿Si te compro un helado me perdonas?

-¿Qué?

-Con mi hermanito funciona -reí encogiéndome de hombros.

-¡Me estuviste ignorando!

-Yo también te quiero...

-¿Qué? ¡Castiel! -protestó entre risas -¡Eres imposible!

-Un placer.

-¿Me vas a decir ahora sí qué sucede?

-Te tengo un nuevo reto, angelito. ¿Puedes venir al mall? ¿Estás lista?

-Te veo ahí en veinte minutos.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!