Intenciones "para con"

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-Eres cruel -su voz en el teléfono me reveló sus nervios.

Reí divertido.

-Soy hermoso.

-Sonaste...

-Ya, ya -me apuré en callarla, riéndome con ella.

-Vas a pagarla caro.

-Siempre dices lo mismo y sigo perfectamente -me mofé.

-Vas a dedicar un buen tiempo a estudiar y adelantar clases y tareas -me amenazó.

-Primero cumple tu parte -intenté ignorar el escalofrío que su propuesta me había causado.

-Ya sé...

Pude imaginar una sonrisa maliciosa aparecer en su rostro y apreté el cigarro que llevaba entre los dedos esperando a ver qué decidía.

-Tu me retaste a hacerle una broma al director. Yo te reto a entrar en el programa de ayuda a profesores para inicio de clases.

-¡Desgraciada! -maldije sin poder evitarlo.

-¿Cómo?

Le lancé una mirada asesina al teléfono que en el fondo venía acompañada de una sonrisa.

-Lo que oíste.

Soltó una carcajada. Era consiente de que no me retractaría ni vendría a decirle algo así como "nada, amorcito" o "que eres hermosa" o alguna enmendada similar pero le divertía escucharme.

-¿La broma al director tiene que ser hoy? -inquirió regresando al tema de la apuesta.

-No te quedan muchos más días.

-¿Me ayudarás?

-Por lo visto voy a tener que colaborar con el profesorado, así que tendrás que arreglártelas por tu cuenta.

La oí soltar una lisura por lo bajo, como teniendo cuidado de que no se le escuchara.

-¿Nos encontramos allá? -pregunté.

-Recógeme -me pidió.

-Llegaré en unos... quince minutos más o menos si es que salgo ahora.

-¿Piensas ir en carro?

-Claro -di una pitada a mi cigarro, entreteniéndome con las figuras que formaba con el humo al botarlo.

-Vamos a pie -me rogó.

-Angelito, ¿Estás loca?

-Porfi...

-Solo porque el desayuno el otro día estuvo buenazo -terminé cediendo.

-Genial -pude imaginarme su sonrisa -Te espero.

Puse los ojos en blanco, algo fastidiado. Sin apurarme, terminé de fumar mi cigarro y saqué el segundo del día para ir empezándolo en el camino. A un par de cuadras de su casa lo apagué. Poco después me hallaba tocando la puerta. Me abrió una señora que ayudaba con la limpieza.

-Buenos días, joven.

-Buenos días, guapa -le guiñé un ojo, conteniendo como pude una carcajada al verla sonrojarse.

-¿Busca a la señorita? -pareció tragar saliva.

-Exactamente -le regalé una de mis mejores sonrisas y me pareció que se sonrojaba un poco más -¿Puedo pasar?

-Eh...

-¿Quién está ahí? -reconocí casi al instante la voz del papá de Valerie.

-Es un joven que busca a la señorita -respondió la mujer.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!