Conversaciones imprevistas

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La encontré junto a la mesa del comedor, efectivamente, sirviéndose más pizza.

-Valerie -susurré aliviado.

Ella me miró por el rabillo del ojo mientras cortaba cuidadosamente el trozo de pizza.

-Qué desesperado. Dije que ya volvía -cerró la caja y se giró hacia mí llevando sus manos a sus caderas.

Sonrió burlona, pero la sonrisa no terminó de alcanzarle los ojos.

-Mira, lo de... pasó hace tiempo ¿sí? yo... -me sentí desesperar.

-Castiel -alzó una mano que pedía silencio, interrumpiéndome -no me interesa. No quiero oír nada al respecto. Por favor. Quiero poder comer.

Ambos nos sobresaltamos al oír unos pasos que se acercaban a la puerta pero otras pisadas aún más rápidas revelaron que alguien había interrumpido al posible intruso. Seguro de que había sido Hernán, le agradecí mentalmente. Valerie miraba petrificada la puerta con el plato en una mano. Parpadeó fuertemente como obligándose a reaccionar. Al instante se giró sobre sus talones y se dirigió a la encimera y cogiendo uno de los banquitos altos, se sentó a comer lentamente.

-No vas a volver -dije en un susurro.

-Eso no fue una pregunta.

-Eso tampoco hubiera sido una respuesta -di un paso hacia ella.

Me senté en el banquito más cercano al suyo.

-Castiel, creo que prefiero estar sola -murmuró con voz quebrada y una lágrima corrió solitariamente por su mejilla.

Rápidamente la limpió con el dorso de su mano. Yo me apuré en pasarle un vaso de agua que me aceptó con un muy leve "gracias".

-No me pidas que me vaya ahora -rogué.

-Solo quiero procesarlo.

-¿Quieres que me disculpe acaso?

De pronto me di cuenta que no tenía porqué hacerlo. Quizás el muy bestia de Tomás por haberlo soltado, pero ¿yo? Yo había tenido una vida antes de ella y estaba convencido que lo mismo ocurría por su lado. Jamás le había pedido explicaciones de sus enamorados anteriores. ¿Por qué ella debía hacerlo con mis ex? Tamara ni siquiera había sido mi novia, solo se nos habían pasado las copas una noche. No tenía porqué justificar nada ni pedir perdón. Sentí algo de cólera que se esfumó de golpe cuando vi sus ojos llenos de lágrimas y cómo intentaba ocultarlo.

-¿Qué es lo que te molesta? -pregunté más calmado, pero sin cambiar de postura.

Sabía que tras esa pregunta me podía caer una cachetada o que podía enfadarse y soltar frases del tipo "Nunca entiendes" o "¿Por qué eres tan insensible?" o cualquiera de ese enorme repertorio que le fascinaba a algunas mujeres, pero debía correr el riesgo. Valerie solo bajó la mirada.

-Hubiera preferido que me lo contaras tú -susurró -ha sido horrible enterarme así -me encaró -Me he sentido como una estúpida allá afuera. No tenía idea de qué hacer ni de dónde meterme. No sé explicarlo, no es que el hecho me moleste, simplemente me desconcerté de tal manera... no sabía cómo reaccionar. No sé cómo voy a poder mirar a Tamara a la cara en lo que queda del fin de semana -escondió su rostro en sus manos.

Con suavidad, la obligué a descubrirlo y tomándola de la barbilla me aseguré que no me rehuyera la mirada. Sus ojos se veían húmedos, pero no lloraba.

-Creo que para ella es igual.

Definitivamente eso no era lo que quería oír. Hice otro intento.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!