Llamadas

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El director me había botado sin dudarlo de su oficina. Con las justas me había dicho que hablaríamos el lunes antes de cerrarme la puerta en la cara. Decidí vagar por ahí hasta que empezó a oscurecer. Llegué a casa a paso lento. En mi mente solo estaban paz, tranquilidad, silencio y mi cama. Naturalmente eso era un sueño que alguien se apuraría en arruinar.

-¡Castiel! -el chiquitín salió corriendo de la cocina en cuanto oyó cómo cerraba la puerta.

Cerré los ojos con pesadez conteniendo un quejido.

-Dime.

Mi hermanito miró a nuestro alrededor como buscando a alguien. Al comprobar que no había nadie me tendió su manita. La miré desconfiado. Con un gesto y una mueca, el enano me insistió a tomarla. En cuanto lo hice, se aferró con fuerza y me jaló a la cocina, más precisamente, a la despensa. Ahí nos escondíamos cuando él era más pequeño y jugábamos o me informaba de algo que le había pedido averiguar.

-Te llamaron -me dijo mientras buscaba el interruptor de luz dando débiles manotazos a la pared.

Prendí la mecha de mi encendedor y lo ayudé a buscar el interruptor.

-¿Quién? -me senté en el piso cuando me indicó que lo hiciera.

-Tu novia. Habló con mamá.

-¿Qué cosa? -me puse de pie de un salto.

Ya estaba por salir corriendo de ese horrible armario cuando una idea cruzó mi mente.

-¿Qué más? -pregunté sin girarme.

Al no recibir respuesta, encaré al chiquillo.

-Informa -le indiqué.

-Hablaron un buen rato. Ella dijo que volvería a llamar o algo así. Lo que me enteré es que no respondías tu celular.

-¿Algo más?

-Llamó tu director -se paró firme como un soldado tal y como le había enseñado a hacerlo.

-¿Qué quería? -intenté disimular mis nervios.

-Hablar contigo o con mami. Contesté yo. Le dije lo que me habías enseñado. Mami está descansando y tú no estás en casa.

Ahora sí que me sentía orgulloso del enano. Lo había entrenado bien.

-Creí que era tu novia de nuevo y pensé que no querrías que hable con mami dos veces.

-Bien pensado -le alboroté el pelo -¿Qué dijo el director?

Tuve que repetir mi pregunta porque el chiquillo se distrajo mirando unas galletas.

-Que fueras a hablar con él mañana.

-¿Nada más?

-Algo de que... le avisara a mamá creo... pero supuse que preferirías que lo olvide.

-Exacto -sonreí satisfecho.

-¿Cuál es mi premio? -puso ojitos angelicales que se contradecían con su sonrisa traviesa.

-¿Premio? -lo miré fastidiado.

Asintió con vehemencia.

-Puedes comer algunas galletas del tarro y no le diré nada a mamá ¿Trato?

-Trato -me tendió la mano satisfecho.

Lo dejé muy contento en la despensa mientras yo me deslizaba intentando no hacer mucho ruido a mi cuarto. El plan no salió tan bien como hubiera deseado y en cuanto me tiré en mi cama dispuesto a disfrutar al fin mi mamá entró cerrando la puerta detrás de si.

-¿De qué quieres hablar? -pregunté de frente.

-Llamó Valerie.

-¿Dejó un recado? -fingí sorpresa.

-Te llamaría luego.

-¿No dijo nada más? -alcé ambas cejas.

Mi mamá pareció dudar. Lentamente se acercó finalmente optando por sentarse en el borde de mi cama como cuando me contaba cuentos o me daba las buenas noches de pequeño.

-¿Y? -la miré esperando una respuesta -¿Ma?

-Es una chica tan linda, Castiel... ¿Es cierto eso que es tu novia?

Sentí una extraña sequedad en mi garganta.

-Ella parecía hablar bien en serio -mi mamá siguió presionándome a ver si conseguía algo más.

-Es absolutamente cierto.

-Solo para estar totalmente segura... ¿Es la que vino a la casa el otro día?

-¿La que me llevó a hacer las compras? Sí, es ella.

-Y va en serio... -me miró desconfiada.

-Ya veo qué camino estás tomando, ma y no me gusta nada.

-Castiel, tú sabes que te adoro con todo mi corazón -me miró apenada -pero esa chica es demasiado buena para ti.

Auch. Por más que la vi venir dolió más de lo que había pensado cuando finalmente lo dijo.

-Probablemente -me encogí de hombros fingiendo despreocupación.

-Sé que has tenido... no sé si llamarlas enamoradas o qué antes... pero ella es diferente, hijo. No es el típico grupo de chicas con las que sales.

-No pienso terminar con ella.

-Tampoco me gustaría que lo hagas -sonrió.

-¿Entonces?

-No juegues con ella, no se lo merece...

-¡Que no es un juego! -exclamé sentándome de una.

Mi mamá ni se alarmó, solo me miró fijamente a los ojos.

-¿No vas a cansarte de ella acaso?

Medité una vez más esa pregunta que yo mismo me había formulado ya antes. Con más seguridad que nunca respondí:

-Quizás algún día. Pero hoy por hoy eso me parece imposible. Tendrían que pasar miles de cosas y muchísimo tiempo como para que eso llegara a ocurrir.

-¿No lo niegas?

-Las promesas de amor ciego y eterno son las más mentirosas. Creo que un sentimiento real merece promesas reales.

Woa... ¿En serio yo había dicho eso? Mi mamá también me miró impactada. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Entonces caí en cuenta que mi papá debió haber hecho promesas en su momento.

-Estoy muy orgullosa de ti, Castiel.

"¿Podemos grabar eso para recordártelo cuando llame el director?" pensé.

-Gracias, ma -dije en voz alta.

-Y sobre Valerie... no me meteré más. Confío en que sepas lo que haces.

-Eso espero...

En cuanto salió del cuarto me desplomé nuevamente sobre mi cama. Tras unos minutos me obligué a quitarme la flojera de encima y tomando mi teléfono llamé a Valerie.

-¿Hola? ¿Castiel?

-Sí, soy yo, angelito. Estaba pensando que ya no hay nada que pueda hacer hasta que el director tome una decisión y que no vale la pena preocuparse hasta que el problema llegue. Así que... ¿Te importa si te robo esta noche?

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!