Mi turno

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El tercer día Valerie optó por hacer algo tranquilo. Avancé algunas tareas y luego salimos simplemente a pasear para más tarde reunirnos con un grupo de sus amigos con los que fuimos al cine. Melanie, que estaba en el grupo no dejó de lanzarnos miradas extrañas de cuando en cuando pero yo estaba más concentrado en no cometer ningún error que en tratar de descifrar lo que pasaba por la cabeza de esa chica. Para mi suerte, me sentí bastante a gusto con los amigos de Valerie y tratando de escuchar más que hablar, pasé más o menos desapercibido. Mi satisfacción fue absoluta cuando después de despedirnos del grupo, Valerie me contó que una amiga le había susurrado lo mucho que yo la había sorprendido y que era un chico "muy lindo". Crédula.

Por fin llegó mi turno. No podía creer lo bien que había resultado la planificación. Hernán había invitado a todo un grupo a su casa de playa. Casi todos irían juntos en la camioneta de mi hermano, pero preferí ir con Valerie en mi propio carro para que ella pudiera tener un viaje más tranquilo. Íbamos casi lado a lado con la camioneta y en los semáforos antes de alcanzar la carretera hablábamos a gritos por las ventanillas. Ellos llevaban la música a todo volumen y parecían estar viviendo la fiesta desde ya. Tomé una de las manos de Valerie y entrelacé nuestros dedos mientras cogía con la otra el timón con aún más firmeza.

-¿Nerviosa? -pregunté lanzándole una rápida mirada por el rabillo del ojo y notando que tenía una expresión perdida mientras contemplaba a través de la ventana.

-Un poco -susurró apretando suavemente mi mano en la suya.

-No lo estés -volví a clavar mi vista en la pista -ya conoces a la mayoría y, además, jamás dejaría que algo te pase.

-Lo sé -me miró sonriendo levemente.

-Dormirás con alguna de las chicas. Hay solo dos cuartos con habitaciones matrimoniales. Hernán va a usar el de sus papás y el otro, que es el suyo, solo me lo presta a mí. Hay un cuarto doble, uno de dos camarotes y uno enano al fondo con un camarote.

Valerie asintió como recordando todos los cuartos que había visto la vez que vinimos solo los dos.

-Solo espero no tener problemas -me dijo.

-No los causes -bromeé.

-Voy a estar en una casa metida con chicos que se dedican a causarlos... mis probabilidades de librarme de ellos es casi nula -fingió desesperación.

-Esto va a ser genial -busqué con la mirada la camioneta de Hernán y vi que se estaba pegando a un lado de la carretera.

-¡La salida! -exclamó Valerie dándome golpecitos en el brazo alertándome -¡Esta vez no te pases de largo! -rió al añadir eso.

-¡La otra vez fue tu culpa! -protesté.

-Total y absolutamente tu culpa -sonrió burlona.

Seguimos discutiendo entre bromas hasta llegar a la casa. Nos encontramos con que los chicos estaban terminando de bajar los maletines mientras las chicas se habían ido a explorar la casa. Valerie me inquirió con la mirada si no importaba que se fuera a buscarlas. Sonrió en cuanto asentí y se metió por la puerta. Al instante oí un chillido fácilmente identificable como el de Mónica que por lo visto celebraba nuestra llegada. Al levantar la mirada me pareció ver a través de la ventana que daba a la cocina que ambas se abrazaban. Hernán se acercó a ayudarme a bajar lo que quedaba en mi maletera.

-¿Quiénes somos? -repetí la pregunta que le había dicho la vez anterior.

-De las chicas, están Tamara y Mónica. Barbie quizás llega mañana en un bus. La he invitado solo por ustedes, que conste. Tú sabes que no suelo hablar con Adriana. Y de nosotros están Andrei, Javier, Tomás, tú y yo. Mateo se ha ido de viaje.

-Perfecto -sonreí divertido.

Esto iba a ponerse muy bueno. Entramos a la casa cargados de maletas y Valerie y Mónica se apresuraron en ayudarnos. Cuando dejamos las cosas en el piso o las encimeras, Mónica se apuró en darme un abrazo de bienvenida. Luego, haciendo un movimiento que sacudió su larga cabellera rubia, se giró a Valerie y la tomó de la mano.

-Tienes que compartir cuarto conmigo -le dijo en un susurro que solo ella y yo llegamos a oír -Castiel me ha dicho que ustedes no duermen juntos y no pienso dejar que compartas habitación con nadie más.

-Oye, linda, no te la vayas a acaparar -bromeé y Mónica volteó hacia mí para dedicarme una sonrisa.

-¿Y Tamara? -preguntó Valerie un poco incómoda.

-Se las arreglará perfectamente sola. No te preocupes -mi amiga hizo un gesto despectivo con la mano -Es más, ahorita mismo hablo con ella.

Salió de la cocina con el paso elegante y confiado que la caracterizaba.

-Creo que no lo voy a pasar tan mal -me dijo Valerie muy suavemente.

-Espero que no lo hagas, angelito -respondí mientras metía los packs de cerveza en la refrigeradora.

Tamara y Mónica se aparecieron poco después medio discutiendo.

-Vale, tú sí eres razonable -Tamara se dirigió a mi novia tras soltar un bufido -le estoy diciendo a Mónica que ustedes vayan en el cuarto de las dos camas grandes y que yo me acomodo en el del camarote. Como no sabemos si Adri va a venir, lo más lógico es que ustedes, que son dos, cojan el cuarto más grande, donde estarán más cómodas.

-Yo... -me lanzó una mirada nerviosa como pidiendo ayuda -tampoco quisiéramos que tú estuvieras incómoda... me parece que...

-Tonterías -la interrumpió con una sonrisa -como si hubiera un cuarto incómodo en esta casa. Está decidido entonces.

Contuve una sonrisa y fingí que no estaba escuchando su conversación. Hernán llegó en ese momento y anunció alegremente:

-¡Listo! Todos los cuartos, almacenes y escondrijos están abiertos, mis estimados ¡Acomódense como prefieran!

-¿Vamos a ir a la playa cuando terminemos de ordenar? -preguntó Mónica emocionada -Necesito broncearme.

-Chicas, ustedes son mis invitadas de honor, déjenos el horrible trabajo a nosotros y adelántense en la diversión -contestó galantemente mi hermano.

Las tres sonrieron entusiasmadas. Tamara y Mónica se abalanzaron casi hacia las escaleras. Valerie las siguió rápidamente deteniéndose solamente un instante para decirme:

-Será tu turno de ponerme a prueba, pero parece que lo voy a pasar bastante bien.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!