Último día

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Barbie terminó llegando el domingo solo para pasar el día en la playa. Se sorprendió de ver a Valerie ahí y más aún se sorprendió de lo bien que parecía llevarse con todos.

-Hola, linda -la saludé, cuando, después de saludar a todos los demás, llegó junto a mí.

-¿Qué tal, guapo? -me guiñó un ojo -no sabía que estarían todos ustedes aquí.

Valerie por su parte, pareció sorprenderse un poco de la familiaridad con la que nos tratábamos y el tipo de bromas que nos hacíamos, pero no tardó en acostumbrarse y no darles importancia sin hacer jamás una escenita de celos ni ponerse en plan territorial.

Como la mayoría estaba resaqueada de la noche anterior, el día se conformó de un plan tranquilo que consistió principalmente en dormir en la playa, comer piqueos y tomar cerveza, algunos con la intención de reemplazar la resaca con una nueva borrachera. Por suerte nadie había acabado vomitando ni había terminado en coma etílico (cosa que ya habíamos vivido antes).

Esa tarde un buen grupo se regresó en taxi. Andrei y Javier tomaron un bus que los llevaría a otra playa. Por otro lado, Hernán se quedó para ordenar y limpiar la casa y Valerie y yo decidimos regresar también el lunes para poder ayudarlo. La despedida consistió en por lo menos cinco minutos de abrazos sofocantes a mi pobre novia, principalmente de parte de Tamara y Mónica con las que intercambió unas bromas privadas (¿Cuándo miércoles pasó eso?) y promesas de volverse a ver y salir juntas. Valerie rió al volver a mi lado y notar mi expresión.

-¿A que siempre te sorprendo? ¡Soy una maravilla!

-Esta vez realmente me has tomado desprevenido, angelito.

-¡Vaya logro! -había cierto tono burlón en su exclamación.

-Por lo visto cumpliste el reto mejor de lo pensado. ¿Quién diría que dormirías dos noches en la misma cama que un hombre antes de casarte? -hice un chasquido reprobatorio con la lengua.

-¡Que anoche volviera fue tu culpa! -protestó dándome un golpe inofensivo mientras se ponía roja de pies a cabeza.

-No te obligué -me encogí de hombros, alzando las manos como proclamando mi inocencia.

Cuando vi que de verdad se empezaba a poner nerviosa, reí y le di un golpecito amistoso en el hombro.

-Tranquila, tampoco pasó nada como para que te avergüences.

Ella forzó una risa y sonrió agradecida.

-¡Hey! ¿Ustedes se quedaron a coquetear y procrear o a ayudarme? -nos reprendió Hernán apareciendo sorpresivamente por una puerta.

Tras dejar escapar unas buenas carcajadas, nos apuramos en ponernos manos a la obra.

Ya en la noche, cuando Hernán se había ido a dormir y yo me proponía a hacer lo mismo, Valerie terminaba de armar su maleta. Yo le propuse ayudarla pero ella soltó un chillido cuando casi encontré su ropa interior y a base de empujones me apartó de sus cosas. Contemplando como doblaba sus bikinis (¿cuál era la diferencia entre que viera eso y su ropa interior?) y los acomodaba en la mochila, me saqué el polo, disponiéndome a ir a dormir.

-¿No piensas alistar tus cosas? -preguntó evitando mirarme -recuerda que Hernán dijo que nos iríamos mañana temprano.

Reí entre dientes al comprobar que seguía buscando concentrar sus ojos en otro lado.

-Lo hago en cinco minutos, no te preocupes -abrí la cama por mi lado y me eché.

-Eso quiere decir que tirarás todo, como sea, dos minutos antes de que nos vayamos -había cierto reproche en su voz pero se notaba que le divertía la situación.

The Real Bad Boy (PUBLICADO)¡Lee esta historia GRATIS!