18 - Intento erróneo

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Mi mejor amigo Max me hacía mucho daño. Su trato no era rudo ni sus palabras cortantes, al contrario, era dulce, amable y cariñoso. Me dolía que fuera atento conmigo y que sus sentimientos románticos fueran para mí. Lo peor no era eso, sino que también sentía lo mismo por él. Los dos estábamos enamorados aunque nuestro proceder no era la adecuada.

Antes de salir de clase, él me mandó un mensaje de texto.

"Te espero en casa, Caramel"

Su amor me empezó a agobiar.

Me fui llenando de angustia, porque lo que Max quería era que yo terminase con la relación que tenía con Cristal, mi enamorada y amiga de ambos, quien estudiaba conmigo en el mismo salón de clases desde primero de secundaria. Resoplé resignado.

"No te acerques a mí. Max", le insistí. Habíamos revelado nuestros sentimientos, y con ello fui incapaz de resistirme a sus besos después de confesarnos, pero en breve recobré la cordura. Una chica estaba de por medio, Cristal, quien no merecía ser engañada, porque sus sentimientos eran sinceros.

"Termina con ella, Caramel", me dijo. Aunque sabía que estaba mal hacerlo, era la mejor decisión. Si lo hacía, iba a poder sentirme tranquilo, y quizá la amabilidad de Max ya no me dolería tanto.

Cristal y yo Caminamos solos de regreso a casa después del colegio. Max se había ido para dejarnos solos con la única intensión de que por fin diera por terminada la relación que tenía con Cristal. A solas con ella, me sentí un hombre malo, porque mientras Cristal hablaba con una sonrisa en su rostro, mi mente turbia buscaba la manera de decirle que no podíamos seguir juntos, porque no la quería de esa manera romántica.

Cómo empezar una conversación para terminar con una chica... no lo sabía. Titubeaba indeciso en busca del mejor inicio para empezar con el rompimiento.

— ¿Cristal, quieres que te compre galletas?—dije, aunque en realidad no fue lo que quise decir. Las palabras que tenía pensado decir de repente habían cambiado con brusquedad.

—Sí, Caramel, compremos— respondió animada. Caminó a la tienda de golosinas y pidió dos galletas de chocolate. Antes de que ella pudiera sacar las monedas de su monedero, yo me apresuré a pagar las dos galletas. No hubiese estado bien dejar que pague, porque yo era el enamorado.

Continuamos nuestro camino en dirección a una banca cercana.

—Tengo curiosidad, Caramel —ella se paró frente a mí para detener mi paso—. Max me dijo por celular que querías decirme algo

Ella no era consciente de lo que cruzaba por mi mente...

"Lo que quiero es...", y me detenía por temor a que Cristal fuera capaz de leer mis pensamientos. Mi mente divagaba perdida en medio de un centenar de palabras que combinadas eran posibles de lastimarla. Me asustaba ver su reacción si mencionaba una sola de ellas. Después como la iba a mirar, seguro no iba a poder ser capaz de hacerlo

Ella había dado inicio a lo que traté de hacer, el momento perfecto para dejar al descubierto mis pensamientos, pero... no fui capaz de hacerlo.

—No es nada importante —dije dándole un mordisco a mi galleta para evitar decir algo más.

Ella se quedó quieta un ratito y luego me dio paladas en el hombro, quizá para intentar animarme. Su actitud me hizo creer que yo debía estar con la cara más lamentable de todas, que mi "No es nada" debió sonar para ella como una mentira.

— ¿Seguro que no es nada?—dijo siguiendo el camino a la banca—. Caramel, por esa cara de preocupado que tienes, no te creo, pero está bien. No sabes fingir nada.

—Lo siento.

—Está bien, Caramel, te comprendo. Si no quieres decirme, no te preocupes. Pero realmente yo si quiero saber. Tengo mucha curiosidad. Vamos, caramel, dime, que es, dímelo —ella empezó a insistir de manera graciosa —. Pero en serio, está bien, no importa —respiró aire—. Ya me dirás, estoy segura.

—Sí...

Sí, estaba decidido. Habría otro intento, de seguro, me animaba, y eso era lo mismo que tenía pensado decirle a Max. "Lo volveré a intentar, le diré que no puedo estar con ella". De todas maneras era mi primer intento en terminar con Cristal. El amor por mi mejor amigo me darían las fuerzas necesarias para lograrlo.

—Yo, Caramel, quisiera decirte... —le puso mucho interés a su galleta —. También tengo mucho que decirte, Caramel, pero creo que no puedo, así como tú no puedes, conmigo es igual. Es complicado, ¿verdad? De todas maneras algún día lo haremos.

Ella se supo de pie, se paró frente a mí, respiró hondo y sus mejillas se sonrojaron.

—Pero sí puedo decir que te amo.

Qué era lo que debía seguir...

Me debí quedar estático, tieso, quieto, sin impresión, o quizá debí fingir una sonrisa, pero era malo fingiendo, ella me lo había dicho. De inmediato, para que no se diera cuenta del efecto que sus palabras causaron en mí, le jalé de la mano para abrazarla y con eso poder evitar que me siga mirando.

Me dieron muchas ganas de llorar. Quizá ella presintió lo que le quise decir desde un principio, por eso debió tratar que evitar nuestro rompimiento con su "Te amo". No... solo eran suposiciones mías, pero de todas maneras mi mente se empezó a llenar de silenciosos ofrecimientos de disculpas.

Mis esperanzas se fueron desvaneciendo. Sus palabras hicieron imposible cualquier otra posibilidad de intento. Las crueles frases que formulé en mi mente para terminar con ella se fueron desvaneciendo. Ninguna sería pronunciada delante de ella, porque sus sentimientos sinceros bloquearon mi malicia.

Mi mejor amigo Max dijo que me quería, yo le dije que sentía lo mismo. Los dos estábamos enamorados, pero a pesar de eso no fui capaz de terminar con Cristal. Solo me quedaba decírselo a Max. No iban a haber más intentos, porque ya no iba a ser capaz de lastimarla.... ni de vivir un amor a espaldas de ella.

Qué seguiría.

AUN SIEMPRE SERAS TÚ |2DA PARTE|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora