Media hora después tenía una lista hecha. Pero en vez de planificar la fiesta, había apuntado cada rincón, hueco y habitación donde quería practicar el sexo con Harry.

Fui a la cocina a iniciar mi seducción.

Sin que él me viera, me puse a un lado y lo observé. Vi como sus músculos se tensaban cuando sacaba los platos del armario. Cómo se chupaba el labio superior cuando estaba concentrado. Capté un aroma rico y apetecedor y mi estómago rugió.

Harry colocó una bandeja sobre la mesa.

—¿Tú has hecho lasaña? —pregunté, incrédula.

—¿Bromeas? —me miró de reojo—. No quería que tuvieras otra intoxicación, Contraté a alguien para que viniera antes. Llenó la nevera, se ocupó del jacuzzi y todas esas cosas.

Me daba igual quién hubiera guisado, si podía comerme el resultado. Mi estómago rugió de nuevo.

—¿Tienes hambre?

—Muchísima —en diez minutos, me había comido mi ración de lasaña y bebido cuatro vasos de zumo. Harry apenas había tocado su comida.

—Date prisa y come —le dije—. Cuando acabes, podemos desnudarnos —ronroneé la última palabra.

—No, gracias —se concentró en su plato.

Todo él, desde su aspecto a su forma de moverse, prometía placer, y yo pensaba cobrar el premio.

Cuando acabó de comer, se levantó y llevó los platos al fregadero. Luego volvió, agarró mis manos y me obligó a levantarme.

—Ven —me llevó hacia la puerta—. Salgamos fuera. Hay un columpio en el porche trasero.

—No, vamos a quedarnos dentro —clavé los pies en el suelo—. Prefiero el jacuzzi. Me encantará sentir las burbujas en la piel.

—No he traído bañador.

—Yo tampoco —me pasé la lengua por los labios. Él se apartó de mí como si lo hubiera quemado.

—Eh, creo que me echaré una siesta —simuló un bostezo—. Conducir me ha cansado mucho.

—No seas bebé. Somos adultos y podemos estar juntos en el agua sin que haya nada sexual —si él se lo creía, lo tendría dentro de mí en menos de una hora.

—¿Cómo sugieres que lo hagamos? —preguntó.

—Desnudos, claro.

—Me parece que no —cruzó los brazos sobre el pecho—. No hay nada más sexual que eso —una gota de sudor rodó por su sien mientras miraba mis pezones erguidos. Tragó saliva—. Sí, es mala idea.

—Pensé que te gustaba el riesgo —yo también me crucé de brazos—. Ahora somos novios. Podemos estar desnudos juntos. Es aceptable.

—No.

—¿Dónde está tu sentido de la aventura?

—Lo he dejado en casa.

—Ta, ta, ta —chasqueé la lengua y di un paso hacia él—. Creo que estás mintiendo.

Él retrocedió. El viaje había sido idea suya, yo no había querido hacerlo. Parecía que habíamos intercambiado nuestros puntos de vista.

—Para ya, Miranda.

—¿Tienes miedo de no ser fiel a tus principios? —pasé un dedo por su erección, claramente visible. Se tensó más—. Si no lo eres, te prometo que no te perderé el respeto mañana.

—No estás jugando limpio —cerró los ojos.

—Quiero que me toques —dije—. Haré lo que haga falta para conseguirlo.

—¿Qué ha sido de la mujer que se negaba a acostarse conmigo? —tenía la boca tensa y se aflojó el cuello de la camisa con dos dedos.

Atrevida y descarada, me apreté contra él. Pecho contra pecho. Dureza contra blandura.

—Por favor, báñate conmigo, Harry. Estoy deseando meterme en esa agua, sentir su masaje. No es como si no nos hubiéramos visto desnudos antes.

—Eso fue distinto —empezaba a sudar a mares.

—Distinto, ¿en qué sentido? —besé su barbilla.

—Simplemente lo fue.

Rechiné los dientes y lo solté. A ese paso el cabezota podría rechazarme toda la noche. Tenía que probar una táctica distinta.

—Si no te apetece un baño, ¿jugamos a algo?

—¿A qué quieres jugar? —sus hombros se relajaron e incluso esbozó media sonrisa.

—¿Qué te parece el strip póquer?

—No —palideció y movió la cabeza.

—¿Y veinte preguntas?

Vi como calculaba el peligro sexual potencial de ese juego. Obviamente, y estúpidamente, decidió que no sería demasiado peligroso y aceptó.

—De acuerdo. Veinte preguntas.

Sonriendo, lo llevé al único sofá que había en la cabaña. Grande, ancho y de cuero negro. Él se sentó en un extremo y yo en el otro.

—¿Empiezo yo? —sugerí.

Él asintió y se recostó. Gateé hacia él por encima del sofá y me detuve a unos centímetros.

—¿Si te quito la ropa, dejaras que te lama de arriba abajo? —susurré a su oído.

—¡No! —casi salió disparado del sofá.

El juego iba a ser divertido. Controlé la sonrisa.

—Te toca. Puedes preguntarme lo que quieras.

Él miró largamente antes de hablar.

—¿Cuánto tiempo estuviste con tu ex marido?

—¿Cuál de ellos?

—¿Has estado casada más de una vez? —gritó.

—No —me reí—. Sólo quería que preguntaras y hacerte desperdiciar una pregunta. Sólo he estado casada una vez, durante dos infernales años.

—¿Por qué… ?

—No, no, no —canturreé—. Ha pasado tu turno. Me niego a contestar otra pregunta hasta que contestes una mía. Froté la mejilla contra su hombro—. ¿Cuál es tu mayor fantasía erótica?

—Hacerle el amor a mi esposa.

Eso borró mi sonrisa, tal y como él pretendía.

—¿Has salido con alguien desde tu divorcio.

—Sólo contigo. Hace calor aquí, ¿no crees? —pregunté, quitándome la blusa y mostrando mi sujetador de encaje rosa.

—¿Ésa era tu siguiente pregunta?

—Puede —tiré la blusa a un lado.

Harry se removió en el asiento y miró mi ropa.

O más bien la ausencia de ella.

—No, no hace calor, hace frío. ¿Y eso se supone que es un sujetador o una tirita? Es tan transparente que veo tus pezones —me acusó.

—Lo sé.

—Basta de juegos —casi gritó—. Necesito una copa —sin esperar mi respuesta se levantó, fue al bar y se tomó dos chupitos de whisky seguidos.

Me encantó ver que le temblaban las manos, como si estuviera a punto de perder el control. Hacía que me sintiera poderosa y seductora. Algo que sólo había sentido con él.

—¿Te apetece ya ese baño? —le pregunté cuando volvió al sofá. Me miró de arriba abajo y gruñó.

Se pasó la mano por el pelo.

—Dame cinco minutos para cambiarme —moviendo la cabeza, entró al dormitorio y cerró de un portazo.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!