Si permites que otro animal adquiera poder sobre ti, poco a poco volverás a una vida de cachorro dependiente. Tus emociones no te pertenecerán. Tus actividades no serán tuyas.

Pasó poco más de una semana y utilicé ese tiempo para acostumbrarme a ser novia de alguien.

Harry venía a mi piso todas las tardes. Primero trabajábamos en los preparativos de la fiesta. Después hacíamos el… , ejem, nos dedicábamos al sexo.

No me pidió que me casara con él, pero cada noche que pasaba en sus brazos; muy feliz, por cierto, le daba vueltas a la idea. Seguía provocándome sudores fríos y náuseas. Pero menos que antes.

Yo no era de las que se casaban. Harry nunca había hecho nada que mereciera mi desconfianza, pero aún así las dudas eran duras de roer. Harry era un hombre. Un hombre bello y viril deseado por legiones de mujeres de todas las edades. Tenía que preguntarme cuánto duraría su fascinación por mí. ¿Un mes? ¿Dos? ¿O hasta después de la boda?

¿Era posible un «felices para siempre»? No lo sabía. Antes habría dicho que ni en broma. Ahora… Lucre y Louis estaban saliendo juntos, para delicia de Clara. Lucre había sido incapaz de resistirse aquella noche en el club y ya no podían separarse.

¿Durarían ellos?

Después de desayunar con las gemelas había subido a un taxi e iba en dirección a Aeronáuticas Styles. Harry me había ofrecido uno de sus coches, pero no lo había aceptado. Intentaba reservarme, depender lo menos posible de él. Pronto me compraría un coche y no necesitaría que me prestara uno.

Bajé del taxi, salí a la acera y me quité las gafas de sol. El sol me deslumbró un momento. Parpadeé y seguí andando. El guardia de seguridad ya me conocía y me dejaba entrar sin preguntas.

Arriba, Elvira, Señora de los Malditos, estaba empaquetando sus pertenencias y un hombre alto, delgado y muy femenino desempaquetaba las suyas.

Elvira llevaba un traje negro y el pelo recogido en el moño habitual. Aunque llevaba más maquillaje de lo normal, parecía más pálida que nunca.

Apretó los labios al verme. No me había sorprendido que sacara las uñas como un gato.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Me han cambiado de puesto —dijo ella secamente—. Como estoy segura que planeabas.

—Yo voy a reemplazarla —dijo el hombre, burbujeante, mientras tocaba el collar que colgaba de su cuello. Tenía las uñas pintadas de rosa. Sonrió y me ofreció una mano—. Soy Weston Cross. Estoy encantado de conocerte —se puso un dedo en los labios—. Eres Miranda, ¿verdad?

—Sí.

—He reconocido los labios.

Arrugué el rostro, confusa. Harry había trasladado a Elvira y había contratado a un hombre claramente homosexual. ¿Por mí? No pude evitar una enorme sonrisa. Era un hombre adorable, maravilloso.

—Borra esa *beep* sonrisa de tu cara —escupió Elvira—. Da igual que hayas ganado esta ronda. Harry volverá a traerme cuando ****a Cross convierta todo en un desastre.

—Mira, Elvira —dije. Me miró atónita—. Harry nunca será tuyo. Acostúmbrate a la idea.

Ella siseó.

—¿Llamo a seguridad para que te escolte hasta la puerta, Elvira? —preguntó Weston.

Maldiciendo, agarró su caja y salió de la oficina.

—Eres mi heroína —dijo Weston, sonriéndome—. El señor Styles me ha dicho que te deje entrar sin avisarlo siempre que vengas. Así que adelante.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!