Una tigresa come, duerme y respira poder, porque es el poder lo que la sustenta. En la jungla de la vida, o matas o te matan. Ataca por sorpresa si hace falta, pero mata. Siempre.

 

Como si mi día no pudiera volverse más surrealista; Harry Styles me deseaba, poco después me encontré con los ojos vendados. Y no se trataba de un juego amoroso. Clara y Lucre habían llegado a mi casa, me habían llevado al salón, y me habían ordenado que me quedara allí.

Me había negado a obedecer, claro. Así que me habían tirado al suelo, atado mis brazos a la espalda y vendado mis ojos. Llevaba sentada así en el sofá al menos media hora. Mi curiosidad se incrementaba con cada ruidito que oía.

—¿Qué estáis haciendo? —pregunté.

—Ya lo verás —dijo Clara.

—Si preguntas una sola vez más, llamaré a Harry Styles. Quizá venga a salvarte —añadió Lucre.

Molesta, decidí no contarles la inesperada visita de Harry ni su devastador beso. Eso solo incrementaría sus ganas de llamarlo.

—Tenéis que soltarme. Me muero de hambre. Estoy casi comatosa. A punto de fallecer.

Las malvadas brujas se rieron.

—Si mueres, ¿puedo quedarme con tu cama?—preguntó Lucre—. Me encanta la madera de cerezo.

—Es mi piso. Tengo derecho a saber qué hacéis.

—Tendréis que esperar —dijo Clara.

—¿Cuándo te has vuelto tan impaciente? —dijo Lucre.

—Desde que decidisteis atarme y vendarme los ojos mientras hacéis Dios sabe qué en mi piso.

—¿Te has planteado alguna vez una terapia de sustitución hormonal? —apuntó Clara—. Últimamente eres un puro nervio.

—La verdad, Miranda. Empiezas a recordarme a la tía Fredia, después del cambio de sexo.

Apreté los labios. Todo el mundo sabía que nuestra tía Fredia, antes tío Fred, era una auténtica bruja.

Por fin Lucre me desató. Me frote las muñecas.

—Puedes quitarte la venda de los ojos —dijo Clara.

Me la quité. Parpadeé, intentando que mis ojos se adaptaran. Cuando pude ver, solté un gritito.

—¿Qué… ? —abrí y cerré la boca como un pez.

Había serpentinas colgando de las paredes. La mesita de café, forrada con papel crepe, estaba llena de regalos. Había confeti plateado sobre el suelo de madera—. ¿Qué es esto? —pregunté, asombrada.

—Una fiesta, claro —sonrió Clara.

—¿Una fiesta? ¿Para mí?

—Sí. ¿Para quién si no? —incluso Lucre sonreía—. Tú siempre estás planificándolas para otros, así que pensamos que estaría bien hacerte una a ti.

—No es mi cumpleaños —dije, con ganas de llorar.

—¿Y qué? —Clara se puso el pelo detrás de las orejas—. Si queremos hacer una celebración en tu honor no tenemos por qué esperar a tu cumpleaños.

—Pero, ¿por qué? —seguía atónita—. No lo entiendo.

—Te queremos —Lucre encogió los hombros—. Después de oír lo del regalo de cumpleaños de Richard el Bastardo, decidimos hacer algo especial para ti.

—Muchas gracias —las abracé con los ojos llenos de lágrimas—. Sois increíbles.

—Incluso tenemos regalos —Clara chocó las palmas de las manos con entusiasmo.

—¡Espera a ver la tarta! —Lucre corrió a la cocina. Regresó con una tarta con forma de cohete.

No. No de cohete. La tarta tenía forma de pene. El glaseado color carne le daba un aspecto muy real. Me reí hasta que empezó a dolerme el costado.

—Chicas, me encanta. Es la mejor fiesta de no-cumpleaños del mundo. ¿Has hecho tú la tarta, Clara?

—No se me ocurriría encargar esa monstruosidad a una pastelería —respondió ella.

—¿Qué quieres hacer antes? —preguntó Lucre.

—Abrir los regalos, claro —me froté las manos.

—Esperaba que dijeras eso —Lucre me llevó a la mesita—. Abre éste primero. Quiero ver tu reacción.

Oh, oh. Lucre estaba tan excitada por el contenido de la caja que me daba miedo pensar que sería. Confirmó mis temores ordenándole a Clara que sacara la cámara. Tragué saliva y agité la caja rectangular.

—No seas tan cobarde —Lucre se mordió el labio inferior—. Empieza a arrancar el papel.

Seguí su consejo. Cuando abrí la caja vi un… ¿vibrador? Sí, un gigantesco vibrador verde.

Y eso sólo fue el principio.

Cuando todos los regalos estuvieron abiertos, me sentía como si estuviera en un palacio de placer sobre el que hubieran estornudado demasiadas veces.

Todo era verde.

Una minifalda verde. Un ajustado vestido verde. Bragas verdes de camuflaje. Plumas verdes. Cadenas verdes. Oculté mi consternación con una sonrisa.

—¿Estáis intentando decirme algo? ¿Por ejemplo que estoy sexualmente frustrada y visto mal?

—Necesitas dar un buen uso a todas estas cosas —Lucre me miró con seriedad—. Desmelénate por una vez. Ve a por todas con Harry. Te aseguro que con la motivación adecuada, ese hombre jadeará por ti.

Se equivocaba. Él no había necesitado ninguna motivación para desearme.

—Estoy de acuerdo —corroboró Clara—. Aunque mi esperanza es que la relación vaya más allá del sexo.

—Chicas…

—No, no digas nada ahora —interpuso Lucre—. Te mueres de hambre, ¿recuerdas? —sonrió—. ¿Quién sabe? Quizá la tarta te ponga de buen humor.

—Festejemos —rió Clara.

Asentí, decidiendo limitarme a disfrutar. Primero comer, luego discutir sobre Harry.

—De acuerdo. ¡Pero los huevos me los como yo!

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!