No sabía cuántas horas habían pasado. Pero sí que Harry me había cuidado más de un día y que mi teléfono volvía a sonar. Y también el PDA, que estaba sobre la mesilla. ¿Dónde estaba Harry? Desorientada, pero ya sin dolores, alcé el auricular.

—Hola.

—La señorita Jones, por favor —dijo una dulce voz femenina.

—Soy yo —me froté los ojos para despertarme.

—Soy Hannah Carroll, de Aeronáutica Styles.

—¿Quién?

—La ayudante del señor Styles.

—¿Sí? —comprendí que se trataba de Elvira.

—Llamo para ver como se encuentra —dijo.

Miré el reloj de la mesilla. Eran las nueve de la mañana. Parpadeé, confusa. Había pasado durmiendo todo el fin de semana. Ya no era domingo.

Era lunes, el día del desayuno con las gemelas. Por desgracia, ya era demasiado tarde, me lo había perdido.

—Me encuentro bien —dije. Tenía el estómago vacío y me sentía algo débil, pero nada más.

—Me alegra oír eso —su tono amable se transformó en uno de desdén—. Dado que está mejor, tengo órdenes de confirmar su cita con el señor Styles hoy a las diez y media. Sin embargo, si se encuentra mal, mis órdenes son decirle que se quede en casa —sonó esperanzada en esa última frase.

—Se equivoca —dije—. Hoy no estoy citada.

—Es usted quien se equivoca. De hecho, esta vez está apuntada en mi libro de citas.

—Pero, ¿Harry no está aquí, en mi casa? —miré a mi alrededor, buscándolo. Sólo quedaba de él un leve rastro de olor a sándalo.

—No, no está en su casa —gruñó Elvira—. Está aquí, en la oficina. Donde debe estar.

—Bien por él. Adiós, señorita Carroll —me incliné para colgar el teléfono, pero su grito de frustración me detuvo—. ¿Qué pasa ahora? —pregunté.

—Como el señor Styles acaba de regresar de viaje, su agenda está bastante apretada. No puedo cambiar la hora de la cita. Y ha insistido en verla hoy si se encontraba mejor —añadió a regañadientes.

Me senté y apoyé los codos en las rodillas. La idea de ver a Harry me calentaba la sangre. Suspiré.

—Allí estaré —dije.

No tenía demasiado tiempo para prepararme y quería estar perfecta. Necesitaba estar perfecta, para compensar el aspecto horrible de los días anteriores. Si no conseguía borrar esa imagen mía de la mente de Harry, más me valía poner fin a la relación.

Colgué, salí de la cama y fui a la ducha. El agua humeante cayó sobre mí como una cascada, librándome de todo resto de malestar. Me cepillé los dientes tres veces y me enjuagué la boca con un colutorio de menta durante dos minutos; tenía que aniquilar a todos los microbios.

Me maquillé, me cepille el pelo hasta que brilló como una estrella y me puse un vestido rojo oscuro que se pegaba a mis curvas y caía justo por debajo de las rodillas. No muy profesional, pero decididamente sexy. Decidí no ponerme sujetador.

Sin duda, una mujer sin sujetador borraría el recuerdo de ese repugnante monstruo que vomitaba.

Pero como no quería que todo el resto de Aeronáuticas Styles me mirase el pecho, me puse una chaqueta. Me miré al espejo y sonreí satisfecha.

Estaba lista para ver a Harry Styles.

De alguna manera, y solo Dios sabía cómo, conseguí llegar a Aeronáuticas Styles con diez minutos de antelación.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!