Unos minutos después, mi enfado por la brusca partida de Harry se disolvió. Estaba demasiado ocupada deseando que Dios me hiciera invisible.

Un hombre muy desaliñado y borracho se acercaba a mí.

—Hola, nena —debía tener cerca de cuarenta años y olía como si llevara bañándose en Jack Daniels al menos una hora. Ocupó el sitio de Harry. Tenía la ropa arrugada, los ojos rojos y perdidos—. Has estado genial. Creía que eras cantante profesional.

—Gracias —dije. Al menos parecía coherente.

—¿Puedo invitarte a una copa? —mientras hablaba clavó la mirada en mis senos, a pesar de su reducido tamaño.

—No, no tengo sed —contesté. Me moría de sed, pero no quería que ese hombre se quedara más tiempo del necesario. ¿Dónde diablos estaba Harry?

Mi indeseado visitante no captó la indirecta.

Echó un brazo sobre mi silla, como si tuviera derecho a invadir mi espacio. Me dedico una sonrisa lujuriosa y yo me estremecí. Tenía algo negro entre los dientes.

—¿Cómo te llamas? —preguntó.

—Miranda —me abaniqué con la mano para no desmayarme con el olor a alcohol que desprendía.

—miraaandaa—dijo, arrastrando las vocales—. Yo soy Doug —hizo una pausa—. ¿Qué hace aquí sola una chica tan bonita?

Intenté no estremecerme. En realidad, solo había una manera de librarse de tipos como ése.

—Me alegro mucho de que hayas venido, Doug— clavé los codos en la mesa y lo miré como si fuera lo más bonito que veía en mi vida—. Me moría de ganas de contarle a alguien todo lo que me ha ido mal últimamente. Mi ex marido, Richard, que espero se ahogue con su propia lengua y gane un billete de ida a la condenación eterna, me llamó el otro día para que volviera con él. Como si necesitara a otro bastardo infiel en mi vida. Esos, uno a uno, gracias.

Doug intentó interrumpirme, pero yo seguí.

—Seguramente estarás pensando que el otro bastardo infiel es mi padrastro, y tienes razón. Tengo pensado castrarlo, no te preocupes.

Doug se puso pálido como una sábana.

—Apuesto a que te preguntas por qué no lo he hecho aún. Asesinarlo y castrarlo. Pues la respuesta es sencilla. Antes tengo que encontrar el cuchillo perfecto. Uno casero no servirá. Odio a los hombres infieles, Douglas, y creo…

—Perdona, he visto a un conocido —farfulló Doug. Harry regresó en ese momento. Contempló a Doug alejarse antes de volver a ocupar su sitio.

—¿Dónde estabas? —exigí—. Cinco minutos más y habría tenido que pedirle a Dougie que fuera el padre de mis hijos para asustarlo y hacer que se marchara.

—Estaba reservando una habitación. No quiero conducir hasta la cabaña esta noche.

Mi ira se disolvió, transformándose en pavor… y excitación. Moví la cabeza.

—Espera un segundo. ¿Una habitación? ¿Una?

—Correcto —metió la mano bajo la mesa y la puso sobre mi muslo. Casi di un salto. Él sonrió.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté con un susurro escandalizado, mirando a mi alrededor para comprobar que nadie nos miraba.

—Seducirte —la penumbra y que nuestra mesa estuviera en un rincón nos garantizaba intimidad excepto si alguien pasaba junto a la mesa. Y quien lo hizo fue Doug. Pasó tambaleándose un par de veces, mirándome con suspicacia. La tercera vez se detuvo.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!