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Bueno supongo que tan sólo sugiere

que esto es lo que es la felicidad...

 Yo no me moví. No hablé.

Incluso tumbada en la litera como estaba, Anne interpretó bien su papel. Se llevó las manos a la boca.

—No puedo creer que hayáis hecho esto —dijo, tapándose la boca con las manos.

Todo el mundo rió.

Yo no, miré a Harry, su fuerte barbilla, sus pómulos, su nariz recta. Sus labios suaves. Sus ojos azul brillante. Había pasado tanto tiempo dentro de mí en las últimas semanas que apenas sabía quién era yo sin tenerlo allí.

—Tengo que hablar con mi madre —me dio un beso en los labios—. ¿Estarás bien sola?

—Sí —dije con suavidad. Él me besó otra vez, con más fuerza, y se alejó.

Había intentado negarlo, con valentía, pero no podía negarlo más. No podía engañarme o simular que sólo sentía lujuria. Lo amaba. Y mucho. Todo mi cuerpo pulsaba con esa verdad. La rugía.

Se me contrajo el estómago con fuerza. El amor era peligroso. El amor podía arruinar mi vida. «Esposa. Mañana. ESPOSA. MAÑANA», Todos mis miedos alzaron la voz al mismo tiempo.

«Lo amarás para siempre, pero ¿cuánto tiempo te amara él?».

«Es demasiado bueno para ser verdad».

«Se cansará de ti poco después de la boda».

«Te engañará. Los hombres siempre lo hacen».

Jonathan no había engañado a mi madre, me recordé con desesperación. Y Harry no había hecho nada que mereciera mi desconfianza.

«Aún no, quieres decir».

Me costaba respirar. Era como si estuviera atrapada en una pequeña caja sin aire. Dando vueltas y vueltas, impotente, gritando sin que nadie me oyera.

«Harry viaja todo el tiempo. Aunque no sea su intención, un día, en algún sitio, ocurrirá algo…

«Te dejará hecha una piltrafa de mujer».

Incluso en ese momento había mujeres vestidas de verde acampadas alrededor del hotel.

No podía hacerlo, pensé, moviendo la cabeza.

¡No podía! No quería ser una esposa olvidada e indeseada. Otra vez no. Si no me hubiera enamorado de él, quizá habría seguido adelante. Si no le hubiera entregado mi corazón podría haberme arriesgado. Ya no.

Oh, Dios mío, oh, Dios mío, oh, Dios mío. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo iba a salir de ese lío?

—Respira, Miranda, respira —me dije.

El resto de la fiesta pasó como una neblina.

Harry hablaba con la gente y yo, a un lado, me preguntaba cómo iba a escaparme de mi boda. No podía darle a Harry la oportunidad de que me rompiera el corazón. No podía permitir que otro hombre me destrozara.

No podía vivir otro divorcio.

«Y eso es lo que ocurrirá si te casas con él. Se divorciará de ti y te quitará todo por lo que tanto has trabajado por conseguir». Callaos, quería gritar. Tenía que silenciar a mis miedos. Habían ganado. No podía casarme con él. ¿Por qué no se callaban de una vez?

—¿Estás bien? —Clara apareció ante mí de repente, con una bandeja de… lo que fuera. Algo marrón y blando—. Pareces pálida.

—Estoy bien, gracias. ¿Y tú? —ignoré la comida.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!