Lo único absoluto en la vida es la muerte. Una Tigresa lo sabe y evita cualquier cosa que pueda provocar su propio absoluto, sea físico o emocional.

Aunque Harry dormía en otra habitación del hotel, di vueltas toda la noche, un segundo segura de haber tomado la decisión correcta, odiándome por haber decidido mal al segundo siguiente. Estaba confusa. Tal vez me había precipitado. Quizá no debería haberlo rechazado tan rápidamente.

Quería estar con él sexualmente: verdad. No quería volver a verlo nunca: verdad. Cuando lo miraba me derretía por dentro: verdad. Al mismo tiempo, cuando lo miraba sentía pánico: verdad.

¿Accedería él a una relación telefónica?

Deseché la idea inmediatamente. Su voz era tan sexy e hipnótica como él. Quizá necesitara sacarlo de mi vida para siempre, y olvidar la maldita fiesta.

Tenía ganas de llorar.

Cuando unos sutiles rayos de sol penetraron por la ventana, sabiendo que ya no dormiría, me levanté. Odiaba la confusión y la inseguridad, y precisamente por eso no había querido involucrarme con él desde un principio.

Me di una larga ducha, esperando que el agua caliente relajara mis músculos. Después me sequé el pelo, me lavé los dientes y estrené los pantalones negros con flores en el bajo y la blusa a juego.

Para mi sorpresa, Harry esperaba en mi habitación cuando salí del cuarto de baño. Estaba sentado en el sillón, viendo las noticias en la televisión.

Se me aceleró el pulso. Los pantalones negros y la camisa que llevaba resaltaban su bronceado.

Sabiendo exactamente qué había bajo esas prendas, imaginé sus duros músculos bronceados y tensos, esperando mis caricias.

—¿Estás preparada? —preguntó, sin mirarme.

Su expresión dura y fría me dolió, pero debería haberla esperado. Debería alegrarme de que fuera así.

—Sí.

—Tenemos que ir a la cabaña. Echaremos un vistazo y luego volaremos de vuelta a casa.

—Deja que recoja mis cosas —fui al diván y agarré mi bolsa. Después lo seguí a la puerta, con los ojos clavados en su espalda. ¿Me odiaba?

Estuvimos menos de una hora en la cabaña y conducimos al aeropuerto. El vuelo de vuelta transcurrió lento y en silencio total. Yo mantuve los ojos cerrados; no quería ni ver a Harry ni la distante tierra firme. No sabía qué habría sido peor si estrellarme y morir o mantener una conversación con Harry.

Después de aterrizar, me llevó a casa. En el coche se mantuvo el tenso silencio. Odioso. Antes habíamos estado muy cómodos el uno con el otro y lo echaba de menos. ¿Habría decidido que no era la mujer adecuada para él? Apreté los puños, no acababa de gustarme esa idea.

Me daba cuenta de lo contradictorios que eran mis pensamientos y de que estaba actuando como una tonta, pero no podía controlar mis emociones. No podía controlar lo que él provocaba en mí. Me sentía como un péndulo: lo quería, no lo quería; lo necesitaba, no lo necesitaba. Una constante batalla interior.

—Te ayudaré —ofreció él, cuando llegamos a mi edificio. Apagó el motor.

—No hace falta —respondí, deseosa por alejarme de él y pensar en todo lo que había ocurrido.

—Llevaré tu bolsa.

—Ya te he dicho que puedo hacerlo sola.

—Deja que lo haga, Miranda —frunció el ceño.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!