—Por favor, Harry. Elige un lugar en Dallas para la fiesta —el pitido en mis oídos subía de volumen.

Él no se detuvo, ni siquiera hizo una pausa.

—Tenemos que conquistar ese miedo tuyo. Tengo que viajar, es parte de mi trabajo, y quiero que puedas venir conmigo. Una vez estemos en el aire, te encantara. Estoy seguro.

—Por favor —repetí, desesperada.

—Preciosa —me miró—. ¿Confías en mí? Tienes que saber que no permitiría que te ocurriera nada malo.

—¿No podemos conducir? Estoy segura de que no tardaríamos mucho —el sudor me perlaba la frente.

—Tardaríamos doce horas —soltó una carcajada grave que intentó disimular—. No, volaremos —dicho eso, me guiñó un ojo.

¡Como si eso fuera a solucionar mis problemas!

—Será divertido —dijo—, Ya lo verás.

Yo sabía que lo pasaría mejor si me ataran desnuda en el techo de un taxi que recorriera el centro de la ciudad a tres kilómetros por hora.

—Cuando hayas volado en un avión como éste, no querrás volver a poner los pies en el suelo.

No lo entendía. Tenía que hacerle entender. Pero lo único que salió de mi garganta atenazada fue un «Por favor». El pitido de mis oídos era tan alto que apenas me oí. Esa súplica desesperada lo detuvo por fin. Debió captar el desconsuelo y pánico de mi voz.

—Todo irá bien —me miró con preocupación. Comprendí que repetía las mismas frases para grabarlas en mi cerebro—. No permitiría que te ocurriese nada malo.

—Tenías razón, lo admito, tengo miedo. Odio los aviones —susurré. Los nudillos de la mano en la que llevaba el bolso de viaje se pusieron blancos por lo fuerte que lo apretaba.

—Eso ya lo veo —alzó mi barbilla con un dedo y me miró a los ojos—. ¿Puedes decirme por qué?

¿Dónde estaba mi Tigresa cuando la necesitaba? Me mordí el labio con fuerza, casi me hice sangre.

—Si no dejas de hacer eso, te besaré para curar el daño que te estás haciendo con los dientes.

—No es el avión —desvié la mirada—. En realidad no. Es el miedo a estrellarme.

Él me rodeó con sus brazos y el pitido bajó de nivel. Enterré la cabeza en su cuello. Acarició mi espalda para tranquilizarme.

—Tienes más posibilidades de tener un accidente de coche que de estrellarte en un avión.

—Eso ya me lo has dicho antes, pero me gustaría que se lo dijeras a todos los que han estado en un accidente de avión.

—¿Has volado alguna vez?

—Sí. Una.

—Y no moriste.

—No, pero las ruedas se torcieron al despegar y tuvimos que volar en círculos durante horas, para deshacernos de combustible. Pasé más miedo que en toda mi vida.

—Pero aterrizasteis sin problemas.

—Sí —admití.

—Conmigo de piloto y habiendo revisado el avión yo mismo, esta vez no ocurrirá nada malo.

—Yo… no puedo. Tuvieren que sedarme la última vez, y ni siquiera eso controló mi pánico.

—No es malo tener miedo. Estaré contigo. A tu lado todo el viaje.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!