Cuando los animales salvajes se encuentran, luchan hasta que el más débil admite la derrota. Una auténtica Tigresa

se enfrenta a cada reto con inteligencia, astucia e instinto.

Pasé la hora siguiente sentada en esa silla infernal, leyendo ejemplares atrasados de City Girl.

Disfruté mucho con un artículo: Pechos comprar o no comprar. Los míos eran pequeños. Con frecuencia me preguntaba si estaban ahí. Obviamente, después de leer el artículo me inclinaba por comprar.

Me habría encantado leer un artículo sobre el Botox. Confieso que soy una paranoica. Soy demasiado joven para tener arrugas y, lo admito, siempre procuro dar mi mejor imagen. No es que sea vanidosa. Pero cuando descubrí que Richard me engañaba, me sentí… fea. Indeseada e innecesaria. Desechable, como basura podrida que rezumara un asqueroso líquido negro.

No me gustaba sentirme así, por razones obvias, y aún tenía que luchar para conquistar todas las migajas de autoestima que estuvieran a mi alcance.

Por fin, gracias, Dios, gracias, Elvira, Doncella de Lucifer, se acercó.

—¿Eres Miranda? —preguntó, como si no le hubiera dicho mi nombre ya dos veces. Como tardé en contestar, añadió, hiriente—. ¿Sí o no?

Sabía bien que no podía haberlo olvidado y me negué a contestar. Ella captó la indirecta.

—Tu nombre no está en la lista —gruñó, irritada—. Sin embargo, el señor Styles te recibirá.

—Gracias —me dolió decirlo, pero lo dije—. Agradezco tu interés —añadí, aunque casi me costó un riñón dar un tono cortés a mi voz.

Procuraba dar la impresión de ser comprensiva profesional porque, como ya he dicho antes, necesitaba el trabajo. Las facturas se apilaban y no me gustaba la idea de tener que renunciar a mi piso e instalarme en casa de mi madre y mi padrastro. Sobre todo porque Jonathan disfrutaba psicoanalizando cada una de mis acciones. Como si me hiciera falta saber que la razón por la que me escapé de casa a los dieciséis era que mi madre no me dio el pecho. Le tengo cariño pero, ¡por favor! Me escapé unas seis horas, porque mi madre no me había dejado salir con Aaron Bower, el chico que estaba más bueno de todo el instituto. Y ya.

—Sígueme —dijo Elvira.

—Sígueme —repetí. Ella me miró de reojo. Abrí los ojos con expresión inocente. Alzó un labio y me enseñó los dientes. Era obvio que la mujer había liberado a su Tigresa interior hacía mucho tiempo.

La seguí. Me acordé de cuadrar los hombros y echar el pecho hacia delante. Cerebro, astucia e instinto. Esas tres cosas guiarían mis actos.

Mis pies se hundieron en una mullida alfombra color blanco roto. Era un ambiente estéril, carente de detalles personales. Elvira empujó la pesada puerta doble y la sujetó mientras yo entraba.

Un momento después vi a Harry Styles, y el resto de mi día se despeñó directo hacia el más profundo y oscuro de los infiernos. Nuestros ojos se encontraron y perdí el paso. Me tambaleé. Y esa vez no tuvo nada que ver con mis zapatos.

Recuperé el equilibrio mientras luchaba con el deseo de dejarlo todo e ir a mordisquearlo. En serio. Clavar mis dientes en su carne desnuda. Recorrer cada centímetro de su piel con mi lengua. Por eso no le había devuelto sus llamadas. Por eso no había querido verlo en persona. Bastaba una mirada suya para que mis hormonas sisearan y yo perdiera el control.

Tal vez él no me recordara, o tal vez sí, porque me había llamado, pero nos habíamos visto hacía seis meses, en la primera fiesta que planifiqué sola. Aunque no habíamos hablado, él me había mirado un par de veces y se me había hecho la boca agua.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!