Una Tigresa siempre debe estar en guardia contra un Tigre. Estos animales machos perciben el miedo, lo huelen, e intentarán utilizarlo en tu contra para obtener lo que desean de ti.

La mañana siguiente, un poco antes de las ocho, estaba sentada sola en la cafetería, esperando a mi madre. Había dejado la maldita y chirriante agenda electrónica en casa. Había estado a punto de tirarla por la taza del váter.

Olía a vainilla, canela y bollos recién hechos.

Removí mi café con leche y observe a la gente que pasaba junto a mi mesa.

No quería estar allí. La noche anterior había querido ver a mi madre. Ya no. Dios sabía que no me apetecía contestar a preguntas sobre mi vida amorosa ni discutir los méritos del amor y el matrimonio. Para eso había quedado conmigo, lo sabía.

¿Por qué había dado vía libre a ese tema?

¿Acaso era ****a?

En fin, sería mejor no contestarme.

Mi madre había llamado muy temprano para comprobar que recordaba nuestra reunión. Lo había hecho a propósito, asegurándose de que estuviera demasiado dormida para darle una excusa y evitarla.

Una mujer lista, mi madre.

Por fin llegó, sólo quince minutos tarde. Mejor de lo normal. En realidad mi madre no tenía concepto del tiempo. Durante toda mi infancia me había hecho llegar tarde a todos los sitios. Fiestas de cumpleaños, entrenamientos de animadoras, diablos, incluso al colegio. Siempre me tocaban las sobras en las fiestas y me perdía los juegos más divertidos. Seguramente mi obsesión con la puntualidad se debía a eso.

—¿Por qué llevas ese color? —fue lo primero que dijo, sentándose frente a mí.

Era una mujer atractiva que acababa de iniciar la década de los cuarenta. Pelo corto y castaño y ojos de una mezcla de marrón y gris, cargados con una especie de tristeza y vulnerabilidad que no había visto hacía mucho tiempo. Su estructura frágil su corta estatura le daban un cierto aire de damisela en apuros.

—¿Estás bien? —pregunté, preocupada.

Ella agitó la mano y me llegó una dulce fragancia de azucena. Era su perfume favorito. Siempre que había llorado por un chico, me había acogido en sus brazos y ese aroma me había envuelto.

—Deberías llevar verde —dijo—. Iría con tus ojos.

—Por si no lo sabías, mis ojos son grises.

—Eso da igual. Ese marrón apaga el tono de tu piel.

¿Por qué se preocupaba de repente por mi ropa?

No era usual en ella.

—Me gusta parecer apagada —dije, seca—. Si no intimido a la gente con mi deslumbrante belleza.

—¿Eres tan descarada con todo el mundo, o sólo conmigo? —apretó los labios para no sonreír—. Da igual. Me alegro. Temía que Richard hubiera matado tu espíritu. Pero hablábamos de tu ropa y de que deberías llevar algo verde.

Abrí los ojos de par en par al comprender. Casi gruñí. Sabía lo de Harry. Era la única explicación de su extraño comportamiento. Ella confirmó mis sospechas con sus siguientes palabras.

—¿Por qué no me dijiste que estabas trabajando con Harry Styles?

«Porque no quise», contesté para mí.

—¿Cómo sabes lo de mi trabajo con el señor Styles?

—¿Señor Styles, eh? —golpeó la mesa con una uña pintada de rosa—. Según el Tattler no es así como lo llamas.

Me enderecé de golpe.

—¿Hay un artículo sobre Harry y sobre mí en el Tattler?

—Por eso llego tarde. Cuando lo vi en el kiosco, casi me muero —arrugó su lindo rostro con desagrado. Saco el periódico del bolso y lo puso sobre la mesa. La portada destelló ante mis ojos.

Era una foto de mí saliendo de mi edificio. Estaba… fatal. Horrible. Tenía el rostro arrugado como si acabara de chupar dos docenas de limones. Tenía el pelo recogido en el moño habitual, pero la sombra hacía que pareciera ocho veces más grande, y me recordé a Marge Simpson.

El pie de foto decía: ¿Le ha lavado el cerebro a Harry Styles una alienígena?

Sentí tal vergüenza que deseé que la tierra se me tragara. Enrojecí. Mi única esperanza era que estando tan horrorosa en la foto, nadie me reconociera.

—La verdad, Miranda. ¿No podías haberle sonreído al fotógrafo, o algo? Estás… no quiero decirlo.

—No sabía que me estuvieran fotografiando —dije, bajando la voz para no llamar la atención.

—Cariño, tienes que fijarte más —movió la cabeza—. Es peligroso no saber qué ocurre a tu alrededor. Un ladrón podría quitarte el bolso, o algo.

Como si yo no lo supiera.

—No te sientas mal —añadió mi madre—. No eres la única mujer a quien han fotografiado con Harry.

—¡Qué! ¿Qué otra mujer? —tensé los hombros. ¡Ese bastardo!

—Bueno, a ésta —parpadeó y señaló una esquina del periódico. Harry estaba junto a Caroline Flack, la deslumbrante mujer de piernas largas con la que lo habían fotografiado antes. Iban vestidos de gala, muy elegantes. Quedaban perfectos juntos. Como piezas de un rompecabezas bien encajadas.

¿Qué hacían juntos otra vez? ¿Estaría saliendo Harry con ella? Me había dicho que sólo era una amiga. No era asunto mío si salía con ella, ¡pero podía irse al infierno! Me había pedido que me casara con él. Me había besado. Dos veces. Había dicho que me quería. Era un rastrero, una rata, un perro.

Ya no me acostaría con él ni aunque me estuviera muriendo y sólo su pene pudiera salvarme la vida.

Oí un crujido de papel y me di cuenta de que estaba apretando el periódico con demasiada fuerza. También comprendí que podía haber otro fotógrafo allí, esperando para sacarme una foto. De inmediato, esbocé una agradable sonrisa estilo: «Soy feliz y no un monstruo horrible». Miré a mi alrededor mostrando la sonrisa a todo el mundo.

—¿Qué estás haciendo? —mi madre me miró como si acabara de salirme una trenza en la nariz.

—Nada —dije, aún buscando personajes sospechosos por la cafetería. Todo el mundo parecía normal. Nadie llevaba una cámara al cuello.

—Miranda, querida, tu rostro parece… No sé, congelado. Ésa es la sonrisa más falsa que he visto nunca.

—¿Para qué querías verme? Y no me digas que es porque estabas preocupada por mí. Ya te dije que nada va mal.

—¿Es que no puedo ver a mi hija simplemente porque la echo de menos?

No. Siempre había una razón. Decidí darle la vuelta al asunto y centrar la atención en ella. Sin dejar de sonreír, por supuesto.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!