—Es precioso, ¿no crees? —Harry agarró mi brazo y me hizo girar en redondo, consiguiendo toda mi atención. El pétalo flotó hacia el suelo. Sus ojos ardían como brasas.

—¿Estás viendo a otro? —ladró.

—¿Y qué si lo hago? A ti te han fotografiado con la señorita Flack.

—Eso no es una respuesta, y ya te he explicado lo de Caroline. Ya la he llamado para decirle que no volveré a escoltarla. Ahora, dime, ¿estás saliendo con otro?

—No —suspiré, inexplicablemente aliviada porque, cumpliendo su palabra, hubiera dicho adiós a caroline—. ¿Ya estás contento?

—¿De quién son? —me soltó, relajado de repente y muy tranquilo. Sonó curioso, como si no hubiera estado a punto de estallar un momento antes.

—De mi padrastro.

—Bien —me retiró un mechón de pelo del rostro y lo puso tras mi oreja; sus dedos acariciaron mi mejilla—. Me niego a compartir. Recoge tus cosas y nos pondremos en marcha —no me dio tiempo a protestar, simplemente salió de la cocina.

«Se negaba a compartirme».

Me apoyé en la encimera que tenía detrás y fruncí el ceño. Eso era justo lo que diría un dominante Triple C. Tan macho. Tan repugnante.

Tan dulce.

Solté una exhalación. «A ti tampoco te gusta compartir, Miranda, ¿recuerdas? Y siempre habrá otras mujeres intentando captar la atención de Harry. ¿Cuánto tiempo crees que seguirá sintiéndose atraído por ti, y sólo por ti?».

El ceño se convirtió en una mueca. No debería querer estar con él, no tanto, y sus legendarias conquistas no deberían importarme. De nuevo, no tanto.

Fui a mi dormitorio a por el bolso de viaje y el maletín. Se despertó en mi una intensa inquietud que borró todo pensamiento de mi mente; iba a subir a un avión, un instrumento volador y mortal.

Temblorosa, salí a buscar a Harry.

Estaba recostado en los cojines rojo brillante de mi sofá, como si estuviera en su casa. Su expresión se iluminó al verme.

—¿Lista?

Conseguí asentir. Preferiría enfrentarme a las llamas del infierno a poner un pie en un avión. Tal vez debería haberle pedido a Jonathan que me hipnotizara para la experiencia. Nunca había funcionado antes, pero estaba desesperada.

—Te divertirás, te lo prometo —dijo.

Con el corazón desbocado, casi me volví loca en el camino al aeropuerto. Harry no paró de hablar, preguntándome por mis miedos e intentando tranquilizarme con estadísticas y con los requisitos que exigía a sus mecánicos y a sus aviones. Yo no dije palabra. Estaba demasiado nerviosa para conversar.

Cuando llegamos a nuestro destino, empezaron a pitarme los oídos. Sacudí la cabeza, pero el ruido no se fue. No podía ser el PDA, no lo llevaba.

—¿Qué es ese pitido? —pregunté—. ¿Lo oyes tú?

—No. Cariño, todo irá bien —dijo Harry—. Te lo prometo. Odio que estés tan asustada.

Mientras recorríamos un pasillo de la mano, ni siquiera había intentado soltarme, miré su perfil de reojo. Parecía perfectamente sereno. Nuestros pasos resonaban en el hangar. Cuanto más nos acercábamos al avión, más tensa me ponía, Apreté su mano, esperando que se detuviera o fuera más despacio. Había pensado que podría hacer esto.

No podía.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!