Me atiborré de pizza mientras trabajaba en las invitaciones de la fiesta de la señora Styles. Que, por cierto, quedaron fantásticas. Había decidido diseñar algo nuevo, diferente. La parte superior mostraba unos ojos de mujer, color verde esmeralda, con una joya entre ellos y, cubriendo lo que podrían haber sido nariz y boca, pero de hecho era el texto, había un delicado velo rosa.

Cuando acabé con eso, mantuve una larga charla con mi Tigresa sobre sus frecuentes desapariciones y después decidí que podría… era probable que… estaba destinada a… acostarme con Harry de nuevo. Él tenía razón, maldito fuera. No habíamos acabado.

Yo tenía necesidades. Él también. Me había convertido en una adicta a él y quería más. Tendría que luchar con más fuerza para mantener mis emociones bajo control, y las de él también.

Suspiré.

Había llegado la hora de llamar a mi madre. Una conversación normal, para ver cómo iban las cosas. Lo que en realidad quería saber era qué estaba haciendo Jonathan. Marque su número.

—Hola —contestó al segundo timbrazo.

Yo me lancé de lleno a la conversación.

—Dime que ha estado haciendo Jonathan estos últimos dos días —ahí quedó mi intento de normalidad.

—Cariño —dijo con una risita nerviosa—, no es buen momento.

—¿Está en la habitación?

—Bueno, sí.

—Pues ve a otra o habla en clave.

Hubo una pausa y un momento de silencio.

—¿Dónde vas, Gloria? —oí preguntar.

—Tengo que cambiarme el tampón, querido —siguió otra risita nerviosa.

—Ah, tómate tu tiempo —dijo Jonathan.

—Vale —susurró mi madre segundos después—. Estoy en el cuarto de baño.

—Por favor, dime que no es verdad. Dime que sólo has ido al baño para hablar conmigo en privado.

—Tonta, ya he pasado la menopausia. Pero dudo que tu padrastro se acuerde de eso, pobre *beep* —siguió con un tono de voz severo—. ¿Has restringido la recepción de llamadas, señorita?, porque te he llamado y llamado sin tener contestación.

—Mamá, concéntrate. Háblame del doctor Jonatito.

—Anoche llegó tres horas tarde —chasqueó la lengua. Su voz temblaba de frustración y desencanto—. Me dijo que una clienta necesitaba terapia adicional. Por lo visto a esa clienta le gusta ponerle aceite de masaje con perfume de gardenia en su…

—Información excesiva. Para ahí. ¿Le dijiste algo?

—No, no sabía qué decir. Pero estuve a punto de darle un ****azo en la nariz.

—La reacción de una Tigresa autentica —dije yo—. ¿Por qué no lo hiciste?

—No dejo de pensar que podría estar equivocándome. ¿Y si realmente estuvo trabajando con una paciente? No es como tu padre. De veras que no.

Me pregunté si yo también había sonado así en otros tiempos. Necesitada, triste y esperanzada.

—No te mientas —utilicé un tono de voz duro e inflexible—. Eres más inteligente que eso.

—¿Encontraste… algo cuando estuviste aquí?

Habría preferido no decirle nada hasta tener pruebas sólidas, pero necesitaba saber que ocurría algo, que su instinto no había fallado.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!