Cuando se trataba de una aventura salvaje, sin compromisos, ¿cuántas veces podía practicar el sexo en una noche la pareja en cuestión? ¿Una? ¿Dos? ¿Tres veces o más?

Esperaba que la última opción, porque Harry y yo acabábamos de celebrar la tercera ronda. Esa vez en la cama. Yo estaba relajada como un trapo. Harry estaba a mi lado y el calor de su cuerpo era como una manta. Una fina película de sudor hacía que nuestros cuerpos se pegaran el uno al otro.

Estaba completamente desnuda y tal vez nunca tuviera fuerza suficiente para hacer algo al respecto. Sabía que tenía el pelo alborotado y los labios ligeramente hinchados. Sabía también que tenía finas marcas rosadas en los pechos, causadas por su rasposo principio de barba. Debía parecer una prostituta apaleada. Y a mi modo de pensar, eso era perfecto. Mis labios se curvaron con una sonrisa satisfecha.

No fumo, de hecho odio los cigarrillos, pero en ese momento me habría apetecido uno.

Harry apoyó el peso en un codo y se alzó sobre mí, con los párpados pesados y seductores. La luna plateada iluminaba su cabello revuelto. Le aparté unos rizos del rostro y lo miré.

—Gracias por esta noche —le dije.

—Soy yo quien debería darte las gracias —su mirada aguamarina brilló como el océano.

—Probablemente tengas razón —sonreí.

—Descarada —riéndose, se levantó. Hizo una mueca y rotó los hombros—. Creo que me destrozaste cuando enredaste las piernas alrededor de mi cuello —dijo, de camino al cuarto de baño.

—Bebé —sentí frío y obligué a mis brazos a subir la sábana hasta la barbilla. Oí agua. Después silencio.

—¿Ahora te da por ser recatada? —bromeó él al verme. Llevaba una toalla húmeda en la mano.

—Ahora tengo frío —dije. Si era sincera, empezaba a sentir cierta timidez. Ese hombre se había acostado con algunas de las mujeres más bellas del mundo. Herederas embellecidas quirúrgicamente.

—Eres lo más bello que he visto en mi vida —dijo él, como si leyera mi mente. Se acomodó a mi lado y dedicó varios minutos a limpiar nuestros cuerpos. Después dejó la toallita y me acurrucó contra él.

Aunque nunca me había gustado que me acurrucaran, porque me sentía aprisionada, descubrí que me encantaba con Harry. Era pura ternura. No quería moverme, podría pasar toda mi vida en sus brazos.

Y, de repente, eso me dio pánico.

Se me desbocó el corazón. Estar allí con él era demasiado agradable, demasiado fantástico. Tal vez… ¡No! Me negaba a creer que estaba enamorándome de él. Eso era una aventura. Nada más.

Los sentimientos estaban prohibidos.

Los sentimientos implicaban una relación. Una relación implicaba matrimonio. Matrimonio implicaba confianza, entregar mi corazón plenamente.

Y entregar mi corazón acabaría implicando dolor, sufrimiento y quizá traición. Ni siquiera el matrimonio de mi madre iba a sobrevivir y yo había creído que era una unión irrompible.

Un sudor frío empapó mi cuerpo y se me entrecortó la respiración. Empecé a sentir claustrofobia. Me mareaba, empezaron a pitarme los oídos y sentí espasmos en el estómago. Tenía que salir de allí.

Alejarme de Harry. Ya.

—Tengo que ir al cuarto de baño —dije.

—Vuelve pronto —me soltó.

Corrí al baño y eché el cerrojo. Tragué aire con desesperación. ¿Qué iba a hacer? No podía pasar allí toda la noche, pero tampoco podía recoger mi ropa del suelo y volver a casa en taxi.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!