—¿Qué ocurre, mamá?

—No lo hagas, querida. No te cases con él.

Moví la cabeza, debía haber oído mal.

—Creí que querías que me casara y te diera nietos.

—Deberías haberte convertido en lesbiana y hacerte una inseminación artificial. Así no sufrirías.

—Mamá —dije, impotente. Miré a Harry.

—Te engañará como el perro que es —giró la cabeza y miró a Jonathan con ira—. Todos mienten. Y espero que se quemen en el infierno por traidores.

—¿De qué estás hablando? —Jonathan se levantó—. Gloria, ¿qué te ocurre? Estoy pensando seriamente en hacerte una evaluación mental. Nunca te he engañado. ¿De dónde has sacado esa idea?

—Has estado yendo a casa de tu secretaria —lo señalé con un dedo, chisporroteando de ira—. Has estado volviendo tarde a casa y mintiendo a mi madre sobre dónde estabas. Has estado haciendo llamadas a escondidas y tu ropa huele al perfume de otra mujer.

—Yo… puedo explicarlo —extendió las manos, como un hombre desesperado que alegara inocencia.

—Apuesto a que sí —gritó mi madre—. Apuesto que tu coche se rompió y tuviste que esperar al mecánico. O que un paciente amenazó con suicidarse si no te quedabas a hablar con él. O que alguien te robó el dinero de la cartera y por eso andas siempre escaso de dinero. ¿Es eso? ¿Es algo de eso, verdad?

—No —él movió la cabeza. Estaba tan pálido que se le transparentaban las venas—. No iba a decir eso.

Temblando, crucé las manos sobre el pecho.

Entonces sentí a alguien detrás. Harry puso una mano en mis hombros y empezó a masajear los músculos tensos. Tomé aire. Aunque deseaba interponerme entre ellos, no lo hice. Era su batalla, y personal.

—Dime la verdad, Jonathan. Me merezco eso, al menos.

Él se acercó lentamente y se arrodilló ante ella.

—Gloria, no puedo creer que hayas pensado eso de mí. ¿Por qué no preguntaste? ¿Por qué no dijiste nada?

—No debería tener que hacerlo —sollozó ella—. Nunca deberías haberme mentido.

—Tienes razón, y lo siento. Lo siento mucho.

—Entonces, ¿lo hiciste? ¿Estás admitiendo haberte acostado con Nora?

—No.

—¿No? —estreché los ojos—. Fuiste a su casa —nunca había peleado antes, pero no sería difícil levantar la lámpara que le había regalado a mi madre para su cumpleaños y golpearle con ella.

—Dame un minuto —suspiró Jonathan, se levantó y fue hacia la puerta.

—Deberías estar haciendo las maletas —dije.

—Cielo, estás haciendo que esto sea aún peor para tu madre —me susurró Harry—. Cálmate —besó mi mejilla—. En este momento necesita tu apoyo.

Me estremecí. Harry tenía razón. Mi madre me necesitaba y yo tenía que apoyarla emocionalmente. Fui a su lado y la abracé.

—Lo siento mucho, mamá —dije—. Muchísimo.

Ella se limpió la nariz en mi camisa.

—Esto es lo que he estado haciendo —dijo Jonathan, volviendo a entrar en la habitación. Entregó a mi madre una botella de cristal de algo que parecía aceite—. Diseñándote el perfume perfecto.

—¿Perfume? ¿Para mí? —mi madre olisqueó la botella.

—Nora me dijo que en el salón de belleza al que va, Body Electric —siguió él—, hacían perfumes de encargo. Sé cuánto te gustan las azucenas y quería que tuvieras tu propio aroma. Algo que no tenga nadie más en el mundo.

Me tapé la boca con una mano temblorosa.

—Y sé cuánto te disgustó la lámpara que te compré por tu cumpleaños. Sé que querías algo romántico. Pensé que no había nada más romántico que regalarte tu propio perfume. «Gloria», se llama. Aún no lo han perfeccionado, no está del todo bien, pero…

—Me… me encanta —lloraba a lágrima viva. Apretó la botella contra su pecho—. Oh, Jonathan.

—Ninguno de los aroma era el correcto. Así que seguimos probando. Siento mucho que pensaras que te engañaba. Nunca haría eso, Gloria. Nunca. No debí mentirte, pero quería que fuera una sorpresa. Sé cuánto te gustan las sorpresas románticas.

Sentí una intensa oleada de vergüenza. Mi madre se lanzó a los brazos de mi padrastro. Yo cerré los ojos y enterré el rostro en la camisa de Harry.

Santo cielo, casi había roto el matrimonio de mis padres. Por nada. ¡Nada! Empecé a llorar. Jonathan quería a mi madre, siempre le había sido fiel.

Ellos dos tenían el tipo de matrimonio que siempre había deseado para mí, pero no había creído que existiera. Y había estado a punto de destrozarlo.

—Soy una ****a —dije—. Esto es culpa mía.

—Hiciste lo que habría hecho cualquier hija —Harry me besó en la sien, mientras acariciaba mi espalda de arriba abajo.

—No me excuses —me aparté de él y fui hacia mi madre y mi padrastro. Estaban besándose, abrazándose y llorando, todo al mismo tiempo—. Lo siento. Lo siento mucho. Por favor, decid que me perdonáis.

Jonathan, sin mirarme, agarró mi brazo y me atrajo a su círculo de amor. Casi le había destrozado y él me perdonaba sin pensárselo un segundo.

Siempre había sido así. Había intentado ser un padre para mí, pero yo siempre me había resistido un poco.

—Bien, entonces. Ahora que eso está solucionado —mi madre se separó y se limpió una mano en el vestido. En la otra seguía llevando la botella junto al pecho—, es hora de cenar, Harry —dijo, como si no acabáramos de vivir una crisis emocional—. Espero que te guste el jamón glaseado al horno.

—Yo… me encanta —me miró, obviamente confuso por el súbito cambio de esposa psicópata a esposa amantísima a anfitriona perfecta.

Yo, jubilosa de repente, reí, me lancé a sus brazos y le besé en los labios.

—Dios, te… me gustas —perdí la sonrisa. «¿Qué ibas a decir, tonta?»—. Me gustas mucho.

—Ya he conseguido que lo admitas —soltó una risita y me abrazó con fuerza

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!