A la mañana siguiente:

—Bueno, lo he pensado —les dije a mis primas mientras untaba mantequilla en una tostada.

—Ya sabía yo que necesitabas un tiempo de reflexión —Clara me pasó la mermelada de fresa. Gracias a Dios, no había cocinado—. ¿Qué has decidido?

Cerré los ojos y volví a abrirlos. Debía ser fuerte.

—Voy a seducirlo hasta hacer que olvide esos mitos del compromiso.

—Buena suerte con eso —Clara volvió los ojos hasta el techo y masticó lentamente, pensativa—. En teoría, creo que ignorar su deseo de compromiso es factible. Pero en la práctica, empezaras a sentirte culpable.

—Tiene razón —asintió Lucre—. Sería mejor que acabaras con el tema ahora.

—Odio esta complicación —dije, pensando que me ofrecían sus consejos después de hacerme pasar toda la noche pensando y dando vueltas.

—Eres una quejica, Miranda —dijo Lucre—. Si Harry me pidiera consejo, le diría que no volviera a verte.

—Y sería el mejor consejo que has dado en toda la semana —apunté yo, con el ceño fruncido.

—Yo creo que estás enamorada —canturreó Clara.

—Yo también. Además, ¿qué tiene de malo casarse con Harry? Sé que crees que no estás preparada. Pero si no funciona, te divorcias. Es fácil: un, dos, tres —Lucre chasqueó los dedos.

—El divorcio no es fácil. Es difícil, duele y puede convertirse en un baño de sangre. ¿Es que no prestasteis atención mientras me divorciaba de Richard?

—Si Louis me lo pidiera, correría al altar —opinó Clara.

—¿Quieres dejar de hablar de Louis, Clara? Estoy harta de oírte. Tú sales con él, pero me llama a mí. Me tira los tejos —dijo Lucre.

—Seguramente te confunde conmigo —Clara sonrió e intentó ocultar su satisfacción.

—Tal vez yo debería casarme con Harry —soltó Lucre—. Y esta conversación acabaría. No tendría que volver a oír hablar de Harry ni de Louis y recuperaría mi pacífica existencia.

—No puedes casarte con Harry —me había tensado al oír sus palabras—. No os llevarías bien.

—¿Ah, no? —se pasó la lengua por los dientes.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque tú no juegas al backgammon, por eso.

El artículo del Tattler especificaba que Harry quiere una mujer que sepa jugar al backgammon.

—Tendrás que buscar otra excusa, Miranda —rió Lucre—. Tú tampoco juegas al backgammon, y te pidió que te casaras con él.

—No se trata de eso.

—¿Qué me dices del verde? —preguntó Lucre—. El verde es mi mejor color, o eso me han dicho. Y es el favorito de Harry.

—¿Y qué? —me defendí—. Prefiere a las mujeres que no contestan. Eso te descalifica.

—Y a ti también, Miranda —Clara tamborileó en la mesa con las uñas—. Podrías arrancarle a alguien la carne de los huesos con esa lengua afilada que tienes. Sobre todo últimamente —para suavizar sus palabras sonrió—. Tal vez deberíamos preguntarle a Jennifer sobre tu lengua. Ella lo sabe mejor que nosotras.

Nos miramos un momento antes de estallar en carcajadas. A Clara se le saltaron las lágrimas.

—Mira —dijo Lucre, entre risas—, lo que quiero dejar claro es que no te gusta imaginarte a Harry con otras mujeres. Ésa es tu respuesta. Lo quieres para ti. Tómalo antes de que sea demasiado tarde.

Sabias palabras, sin duda. Pero no sabía si era capaz de arriesgarlo todo por él.

—¡Eh! —exclamó Clara—. ¿Por qué no aceptas otro cliente? Eso te hará dejar de pensar en Don Sexy.

—No puedo —dije, tras tragar un trozo de tostada.

—¿Por qué no?

—Harry exigió desde el principio que no trabajase en otro proyecto mientras planificaba la fiesta de su madre. Así que no puedo perderme en el trabajo —estiró las piernas y las puso en la silla que tenía enfrente—. Ya hemos discutido el menú. He encargado las flores y contratado a un discjockey.

—He diseñado la invitación y encargado decorados. No tengo nada que hacer hasta que él me llame cuando regrese.

—No esperes a que te llame. Toma la iniciativa. Llámalo al móvil —Lucre se acabó su zumo de manzana—. A los hombres les encanta el sexo telefónico.

—Antes de entrar en el despacho de Harry, tenía mi vida clara —me froté el rostro con la mano—. Ni hombres ni relaciones. Después Harry hizo temblar mi mundo y le cambió todo. Menudo canalla.

—Sí, un auténtico bastardo —farfulló Clara—. ¿Cómo se atreve a cambiar tu vida a mejor?

—¡Eh!, ¿por qué no salimos de clubes mañana por la noche y ahogamos nuestras penas con cerveza y hombres atractivos? —sugirió Lucre.

—Me parece buena idea —dije.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!