Desabrocharle la camisa fue un error, pero lo hice. Necesitaba tocarlo. Deslicé las manos bajo la tela. Tenía la piel cálida sin vello en el pecho. Era todo músculo, y su tacto daba la impresión de terciopelo vertido sobre acero.

Con un tirón brusco, Harry me quitó la chaqueta y la dejó caer al suelo. Entonces vio mi sujetador de satén verde.

Se oyó un ronroneo primitivo y masculino en el fondo de su garganta. Miró el sujetador. Me miró a mí. Miró el sujetador. Sus ojos eran como llamas.

—Verde. Sí, me deseas —apartó el satén y expuso a la vista mis pezones. jadeó—. Tienes los pezones más perfectos que he visto nunca. Rosados y maduros como bayas.

—Deja de decir esas cosas —me lamí los labios.

—¿Por qué? ¿Porque te excitan? —con una risita, me besó, agarró uno de mis pechos y frotó el pezón entre los dedos. Con el primer roce experto de la palma de su mano, gemí. No podía creer que estuviéramos haciendo eso en su despacho, donde cualquiera podría oírnos desde fuera.

Me arqueó hacia atrás y su ardiente lengua jugó con mi pezón. Una de sus manos acarició mi cadera.

—No pienses en nada excepto en cómo te hago sentir —murmuró contra mi piel. Yo no habría podido.

Succionó mi pezón y lo introdujo en su boca.

Mi cuerpo se contrajo y estuve a punto de tener un orgasmo en ese instante. Deslicé las manos entre su pelo y lo agarré con fuerza: no-te-moverás-de-ahí.

—Harry, yo…

Succionó con más fuerza.

Gemí y arqueé la espalda aún más, quería, necesitaba… el zumbido del teléfono permitió que un pensamiento solitario irrumpiera en mi mente: «Esto es más que un beso, Miranda. Estás a punto de lanzarte a una aventura sexual. Con un cliente».

—¿Señor Styles? —dijo Elvira.

Mi sangre pasó de estar en ebullición a fría como el hielo en segundos. ¿Cómo podía haber permitido que ocurriera? El supuesto último beso se había convertido en mucho más. Me aparté de él, jadeando.

—Ejes, tengo que parar.

—¿Señor Styles? —zumbó el teléfono.

Los ojos y boca de Harry estaban tensos, pero se tensaron aún más. Supe que deseaba agarrarme, volver a envolverme en su abrazo. Pero debió leer mi negativa en la postura rígida de mi cuerpo.

—Te dejaré por ahora. pero no hemos acabado, Miranda —echaba fuego por los ojos mientras dio un paso amenazador hacia mi—. Lo cierto —ronroneó peligroso—, es que no hemos hecho más que empezar.

Temblorosa, me alejé de Harry y me recoloqué la ropa. Recogí la chaqueta del suelo y me la puse.

—Hemos disfrutado del principio y del final el mismo día. Simplemente… no puedo estar contigo —dije. Era casi una súplica para que entendiera.

—No puedes —su expresión perdió el ardor, de hecho, se volvió glacial—. ¿O no lo harás?

—¿Señor Styles? —insistió el teléfono. El volvió a la mesa y pulsó una tecla.

—He dicho que necesito un maldito minuto. Ya le diré cuando puede dejarlo entrar —ladró—. ¿Y bien? —me dijo a mí.

Quería oírme decir que mis labios anhelaban los suyos, que me sentía perdida e insegura sin sus brazos. Era la verdad, pero no podía decirlo. Si supiera lo cerca que estaba de rendirme, se lanzaría sobre mí.

—No lo haré —contesté, sin mirarlo. Silencio.

—No te entiendo —dijo él, exasperado y colérico—. No entiendo cómo puedes arder en mis brazos y luego volverte tan fría.

Esa vez, giré en redondo y señalé su pecho.

—Eso es. No me entiendes porque no me conoces. No sabes nada de mi vida. Ni de mi pasado. No tendré una relación contigo, Harry.

Sus rasgos se suavizaron cuando la luz del sol que entraba por la ventana lo iluminó creando un halo a su alrededor.

—Sé que eres fuerte y sincera y que luchas por lo que quieres. Lucha por mí.

Estuve a punto de capitular. Diablos, cambiaba más de opinión que de ropa interior. Esas palabras… , esa suplica… , nunca había oído nada tan bonito. Nadie me había llamado «fuerte» en mi vida.

—No puedo —susurré; decirlo me costó un mundo.

—¿Por qué no? —alzó las manos en el aire—. Ayúdame a entenderlo, para que pueda ayudarte a aceptar lo que hay entre nosotros.

Hacía que sonara muy fácil. Muy tentador. «Soluciona tus problemas y podremos estar juntos». Cerré los ojos y sufrí el asalto de mis horribles miedos. Los hombres engañaban, mentían y perdían interés en su mujer. Llamadas telefónicas a media noche, «viajes de negocios».

—Cuéntamelo —dijo con voz suave.

Si le hablaba de la infidelidad de Richard el Bastardo, admitiría mi estupidez. Mi debilidad. ¿Cuántas veces había perdonado a Richard? ¿Cuántas veces había dejado que me tratase como a una basura? Harry acababa de decir que me consideraba fuerte y capaz, una luchadora. No quería que cambiara de opinión. No quería que me viese como un felpudo.

—No hay nada que contar —respondí, mirándome las manos—. Sencillamente, no estoy interesada.

—¿Es esto un juego? —me dijo, con el ceño fruncido—. ¿Estás haciéndote la difícil, volviéndome loco para que sólo piense en ti? Si es así, ha funcionado. Lo admito, siempre estás en mi mente. Sueño contigo, te deseo constantemente.

Deseé taparme las orejas. Huir. Quedarme.

—No me digas esas cosas —moví la cabeza.

—¿Por qué no? Es verdad.

—No estoy disponible para ti —dije, desesperada por creer cualquier cosa menos sus palabras. Capitular no era una opción. No con él. Porque me afectaba mucho más que Richard y eso lo hacía aún más peligroso—. Estás reaccionando al reto.

Nada más.

—Te equivocas. Quiero casarme contigo. Y eso no tiene nada que ver con que seas un reto.

Me dio un vuelco el estómago y creo que, durante un segundo, perdí la visión. Se me cerró la garganta.

—¿Quieres casarte conmigo? —conseguí gemir.

—Sí.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!