Tenía que admitir que la idea de tocarlo a placer me atraía. Saborearlo también. Y dejar que me tocara y me saboreara. El calor invadió mis venas y me lamí los labios. Unas cuantas noches de sexo caliente y sucio, sin emociones, seguramente curaría mi obsesión por él. Mi necesidad de su cuerpo desnudo contra el mío, penetrando y embistiendo eróticamente.

Decidí que sí. Le seduciría después de la fiesta. Aunque sólo fuera por mi paz mental. Me acostaría con él y salvaguardaría mi corazón. Cuando hubiéramos saciado nuestra pasión, nos separaríamos. Sencillo. Fácil. Nadie sufriría.

—Clara —dije—. Quiero a Harry, así que tú no puedes tenerlo.

Ella sonrió lentamente, como si eso fuera lo que había querido oír.

—Ya era hora —murmuró Lucre.

En toda mi vida, sólo había estado con dos hombres. Número uno: Jase Waldren, mi novio del instituto. Después de salir juntes varios meses, había tomado mi virginidad en el asiento trasero de su oxidada furgoneta amarilla y nunca había vuelto a llamarme. Tampoco me había importado. Aquella noche había estado tan cerca del orgasmo como de comprarme unas botas de cuero negro y tacón de aguja de Dolce & Galbana.

Número dos: mi ex. Acababa de empezar a trabajar en una empresa local de planificación de fiestas y Richard el Bastardo entre,meloso y seguro, buscando ayuda para una fiesta de trabajo. Era abogado especialista en divorcios y cinco años mayor que yo. Atrapada por su carisma, pedí ocuparme de su fiesta. Le gusté de inmediato y me engatusó.

Nos casamos poco después.

Inmediatamente después de la ceremonia, sugirió que dejara el trabajo. No lo dijo con esas palabras, pero quería que le dedicara cada momento del día. Como una *beep*, lo hice. Le amaba y quería hacerlo feliz. Y a una parte de mi la idea de cuidarlo le parecía muy romántica. Renunciar a todo por el amor y esas basuras. Sí. Tenía experiencia. Mi madre también había renunciado a su vida por mi padre.

¿Qué había conseguido con mi personalidad tolerante? Un marido que a veces me ignoraba, que nunca me había valorado ni considerado lo bastante buena, y que no tenía problemas en decírmelo.

Un marido que prefería repartir su amor por todo Texas a dormir con su mujer. Sí, tenía experiencia.

Después de nuestro divorcio nadie había querido contratarme. No sólo me había acostado con un cliente importante, había dejado un trabajo sin dar preaviso. Me merecía la falta de confianza. No podía haber sido más *beep*.

Me había visto obligada a empezar mi propia empresa. Ahora me alegraba, pero seis meses atrás había sido un despojo emocional, asustada del fracaso y al punto de la quiebra. Tal vez podría haber hecho algo distinto, como aceptar un trabajo que odiara, pero solo tenía experiencia en planificar fiestas y no me veía haciendo otra cosa.

Me pregunté si la historia estaría repitiéndose.

Allí estaba de nuevo, deseando a un cliente y empeñada en tener una aventura con él. Igual que Richard, Harry había sentido una atracción instantánea por mí, algo que no entendía. Era demasiado inusual. La mayoría de los hombres preferían la belleza ágil de Clara, o la personalidad salvaje de Lucre.

Me froté la nuca y simulé estudiar las prendas que tenía ante mí. ¿Por qué no me gustaba otro hombre cuyo nombre no empezara por R ni H?

—Eh, Miranda. ¿Hola? —la voz de Clara penetró en mis pensamientos y sacudí la cabeza.

—¿Qué? —me esforcé por volver a la realidad.

—Estabas en una especie de trance «voy-a-llorar-o-a-matar-a-alguien». He preguntado en qué pensabas.

—Richard. Harry. Mi propia estupidez. No importa —agité una mano, dejando de lado el tema—. Lucre —dije—, hay un tipo al que quiero presentarte. Es guapo. Alto y de pelo oscuro. Con buen sentido del humor.

—¿Quién es? —el rostro de Lucre se animó.

—Se llama Louis Tomlinson y trabaja para Harry —recordé que Harry me había dicho que era de los que amaban y olvidaban. Eso lo hacía perfecto para Lucre, cuyas relaciones románticas nunca duraban más de unas semanas. Ella hablaba mucho, diciéndome que me casara pero era tan anti-matrimonio como yo.

—Eh —Clara se dio la vuelta y miró una camisa de punto—. Conozco a Louis. Estaba en aquella boda para la que cociné, de una chica, ¿fann… , fizz..?

—Felicite —asentí—. Ése es. Es su hermano.

—Te gustará, Lucre —dijo Clara—. Es más que guapo. Es deliciosamente sexy.

Lucre cruzó los brazos sobre el pecho y tamborileó sobre sus bíceps con sus uñas pintadas de rojo intenso.

—Si es tan sexy, ¿por qué ninguna de vosotras ha salido con él?

—No nos lo pidió —respondí yo.

—Eso no es un punto a su favor. De hecho, demuestra que es un hombre muy tonto.

—Te gustan los hombres tontos —le recordó Clara.

—En eso tienes razón —Lucre sonrió—. ¿Cuándo voy a conocerlo?

—No lo sé. Tendré que pensar en algo —dije.

Seguimos mirando y pronto encontré unos pantalones que sabía que mis primas aprobarían. Negros y muy ajustados, con cenefas de orquídeas rojas, rosas y amarillas en el bajo de la pernera izquierda. Los quería. Y no porque Harry pensara que huelo a orquídeas. Eran bonitos. Y fáciles de quitar.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!