—He traído un libro de ejemplos de invitaciones para que las mires —mientras hablaba, lo abrí y pasé páginas y páginas de invitaciones—. Como ves, hay muchos colores y tipografías y diseños.

—¿No puedes elegirla tú? No sé nada de tipografías, colores ni diseños, si no son de propulsores o motores.

Me gustó mucho, maldición, que ese fantástico y completo hombre admitiera su falta de conocimientos respecto a un tema. Mi ex, que ojalá descubriera que los gusanos habían invadido su cuerpo y se lo estaban comiendo vivo, me había dicho una vez que Dios hizo a los hombres tan perfectos porque quería compensar las carencias de las mujeres.

Richard el Bastardo había dicho eso el día después de que la sentencia de divorcio fuera oficial, y yo me había arrodillado y dado gracias al cielo por haber escapado de ese infierno en vida. Estoy segura de que mi padre biológico debió decirle algo similar a mi madre. Muchas veces. Mientras la engañaba con otras.

—¿Y si elijo mal, Harry? Anne es tu madre. No la conozco y no conozco sus gustos.

—Confío en ti —alzó las manos, con las palmas hacia fuera—. Me encantará lo que elijas, lo juro.

—Pero, ¿y a Anne? Quiero decir…

—Miranda —dijo él con voz suplicante.

—De acuerdo —suspiré.

—De acuerdo ¿en qué? —arqueó una ceja y volvió a sonreír—. Deja que oiga las palabras.

—De acuerdo. Lo haré yo —solté otro suspiro. Rendirme no implicaba que hubiera retomado mi actitud de felpudo. Simplemente estaba haciendo algo agradable para mi sexy cliente—. Tenemos que confirmar el tema. El joyero es lo primero de la lista.

—¿Qué mas hay en la lista?

—Algo elegante. Algo nostálgico.

—Nostálgico —se frotó la nuca y suspiró—. ¿Como qué?

—¿Y si recapturásemos su juventud con un ambiente de mediados del siglo XIX?

—Sería fantástico, si no fuera porque su juventud fue unos cien años después.

—Pues podría hacer algo romántico, como Las mil y una noches, con velos y lámparas mágicas. O un tema de la selva, con tambores y huellas de animales.

—Me gusta lo de Las mil y una noches.

—¿Pero le gustará a tu madre?

—Le encantará. Eso es. Tiene mi aprobación.

Mi corazón dio un saltito. Ya imaginaba la escena en mi mente: colores brillantes, una cama de almohadones de satén, con Harry tirado encima comiendo uvas de mi mano, y la sensación de que algo mágico esperaba en cada esquina.

—¿Tendrán que vestirse los invitados? —preguntó él, con un brillo malévolo en los ojos.

—¿Te refieres a ropa de gala? —lo miré intentando averiguar que pensaba—. ¿O a disfrazarse?

—Disfrazarse.

—¿Quieres que lo hagan? —me mordí el labio.

—Depende. ¿Te vestirías de bailarina de la danza del vientre?

—No —apreté los labios para no sonreír. Debí haber adivinado que sus pensamientos eran lascivos.

—Entonces no —suspiró él—. Sin disfraces.

Lo miré. Tal vez me había precipitado. Podía verlo vestido de jeque, rey del desierto. Yo sería su chica del harén, claro, y él me ordenaría… «Epa. No pienses en eso. Aquí no». Me aclaré la garganta.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!