—¿Qué te parece? —preguntó Harry.

Lo miré un momento. Estábamos en un rincón apartado de un bar lleno de humo, bebiendo vino y con música de saxofón de fondo. Era una zona oscura, sólo iluminada por velas. Habíamos terminado de recorrer el complejo poco tiempo antes.

No quería discutir con él, pero comprendí que no tendría otra opción, porque lo que iba a decirle no era lo que él quería oír.

—Aunque este sitio es muy agradable, no servirá.

—¿Ya has hecho una lista de por qué no? —sus ojos chispearon divertidos. Al menos no estaba enfadado.

—De hecho —exhalé un suspiro de alivio—, sí.

—Esto tengo que oírlo.

—Primero, el edificio no es lo bastante grande y la cabaña, que es más pequeña, tampoco lo será.

—¿Y segundo? —intentó ocultar su sonrisa con la mano, pero me di cuenta.

Su frivolidad debería haberme irritado. Al fin y al cabo, si se empeñaba en dar la fiesta allí, no tendría otra opción que aceptar. Pero me sentía muy tranquila. No sabía si por el vino o por la compañía.

—Segundo —dije—, esto es demasiado rústico para nuestras «Mil y una noches».

—Podemos convertirlo en «Las Mil y una Noches conocen a una Vaquera Urbana».

—Tercero —seguí, como si él no hubiera hablado—, no quiero que la fiesta se celebre aquí.

—Eso no es una razón.

—Para mí lo es. ¿Cómo vas a traer a los invitados?

—Les encantará volar en mi jet, te lo prometo. Y mi madre adorará el aire limpio de la montaña.

—No puedes meter a trescientas personas en tu avión trampa mortal.

—Reduciremos la lista. Convertiremos la fiesta en una reunión pequeña y privada.

Tenía respuesta para todo.

De repente, se oyó una risa estridente. Un hombre de veinte y tantos años, con pelo castaño corto, subió al escenario con un micrófono.

—Ha llegado el momento de nuestra hora de karaoke —dijo—. Sé que tenemos a gente que se muere de ganas de subir aquí y cantar una canción. Pues ésta es su noche de suerte. Tenemos una gran selección.

La gente vitoreó. Algunas personas incluso alzaron sus copas en brindis.

—¿Quién empieza?

Un joven se puso de pie. Por su bamboleo y sus ojos vidriosos resultaba obvio que había bebido demasiado.

—Yo empezaré —sus palabras sonaron pastosas, casi irreconocibles. La chica que había sentada con él se rió histéricamente y lo animó—. Quiero cantar una fanción celiz.

Muchas más risitas.

—Cualquier otra persona, por favor —suplico el presentador con evidente desesperación.

Silencio.

Miré a mi alrededor y me fijé en que todo el mundo hacía lo mismo.

—Te reto —oí un instante después. Me di la vuelta y miré a Harry. Seguramente se había expresado mal. No podía haber dicho…—. Te reto —esbozó una sonrisa diabólica.

Yo no solía responder a los retos. Es decir, ¿quién quería salir a la calle desnuda y gritando «El cielo se está cayendo»? También sabía que Harry no creía que fuera a aceptar su reto.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!