Harry me sonrió. Llevaba vaqueros y una camiseta negra que se pegaba deliciosamente a sus bíceps y pectorales, delineando cada músculo.

Nunca lo había visto vestido tan informal y se me hizo la boca agua. Mis pezones reaccionaron de inmediato: «Hola, Harry. Te queremos y nos gustaría una presentación en toda regla».

—Trabajé hasta tarde anoche y me he tomado el día libre porque había planificado vernos hoy —dijo, guardando su móvil en el bolsillo. Aún sonriente, quizá porque había visto mis pezones, añadió—. Voy contigo, donde quiera que vayas tan apresurada.

Luché contra un escalofrío de excitación. La idea de pasar el día con él me atraía en muchos sentidos. Oiría su voz, percibiría su calor y lo miraría tanto cuanto quisiera. Pero eso me distraería de mi importante labor como Detective Jones.

—No, no vienes —lo rodeé, esforzándome por no tocarlo y cerré la puerta. Sin mirarlo siquiera, fui al vestíbulo de entrada. Me encantaba vivir en un bajo. Ni escaleras ni ascensor, gracias.

—¿Dónde vamos? —preguntó a un paso de mí.

Mientras intentaba ignorarlo, sentí su calor penetrar hasta mis huesos. Me detuve antes de salir a la calle. Su aroma a sándalo me rodeaba.

—No vas a librarte de mí —dijo, antes de que pudiera decirle que se largara.

—Harry…

—Miranda. Voy contigo. Fin de la conversación.

Comprendí que si no lo invitaba a acompañarme, me seguiría y atraería toda clase de atención indeseada. Tenía un rostro demasiado sexy y reconocible. Prefería que él me distrajera a la posibilidad de que mi presa me viera.

—¿Puedes ser taimado, Harry? ¿Puedes hacerte invisible en una multitud?

—Sí —contestó él, arrugando la frente.

—¿Has traído coche?

—Sí.

—Perfecto, puedes venir —lo bueno: no tendría que andar ni pagar un taxi si me cansaba. Odiaba los taxis, y más los autobuses, pero aún no tenía bastante dinero para arreglar mi viejo coche—. Vamos a un salón de belleza en la calle Mayor. Body Electric.

—La alegría de tu voz me reconforta.

—Entonces, hoy es mi gran día —dije, sarcástica.

Él resopló.

Señor, era sexy incluso cuando resoplaba. Sentía cómo me fundía, mis huesos se volvían agua esperando una caricia. Me ardían las manos por explorarlo. Por tocar su piel y rodear su…

—¿Qué vas a hacerte en el salón? Estás perfecta como estás.

Le hice una mueca antes de abrir la puerta. Estaba volviendo a hacerlo. Era tan dulce e irresistible que me convertía en una masa pegajosa por dentro.

—No seas amable conmigo, ¿vale? —ya estaba claro que no podía resistirme a él físicamente, pero necesitaba resistirme emocionalmente. Y eso era muy difícil con su endiablada y encantadora personalidad.

—¿Qué? —soltó una risita ahogada—. ¿Por qué?

—Porque si —la brillante luz del sol y el calor me golpearon con fuerza al salir, y de repente agradecía que hubiera insistido en acompañarme.

Habría odiado pasar más de unos segundos andando.

Junto a los arbustos, vi los restos de mi PDA e intenté distraer a Harry.

—Para contestar a tu primera pregunta, no voy a hacerme nada. Sólo quiero echar un vistazo. ¿Dónde está tu coche?

Sin decir palabra, fue hacia una limusina negra y abrió la puerta de atrás. Ver tanto lujo y riqueza ante mi modesto edificio, con su césped mal cortado y pintura desconchada, resultaba muy extraño.

—Después de ti —Harry hizo un gesto para que entrara. Me quedé parada, asombrada.

—¿Intentas impresionarme? Porque lo estás consiguiendo.

—La verdad —su bello rostro esbozó una sonrisa avergonzada—, es que quería tener las manos libres.

«Bravo», gritaron mis pezones.

«Esperamos que juegue antes con nosotros», apuntaron mis muslos.

—¡Maldición! —mascullé. Tenía que controlar mis pensamientos. Tal vez, quizá, me creyera lo de Caroline Flack, pero estaba en una misión para salvar a mi madre. Nada importaba más en ese momento, ni siquiera el placer.

—¿Qué? —preguntó Harry, todo inocencia.

—Más te vale guardarte esas manos para ti —entré en el coche y tuve la sensación de que mis problemas se esfumaban. El aire acondicionado me envolvió. Los asientos eran tan mullidos y perfectos que me rendí a su decadencia. Eran blandos como nubes.

Harry entró y nuestros hombros se rozaron. Sentí que un escalofrío recorría mi espalda.

—Body Electric —le dijo al chofer. Segundos después, la limusina se puso en marcha—. ¿Quieres decirme qué te preocupa? Tienes ojeras y estás más pálida de lo normal.

—¿Viste el artículo sobre mí en el Tattler? —pregunté, porque no quería hablar del tramposo de mi padrastro.

—Bueno, sí. Creo que todo Dallas lo ha visto.

—Me llamaban alienígena. Debería demandarles.

—¿Basándote en qué? —soltó una carcajada.

—Estoy segura de que a mi abogado se le ocurriría algo —recosté la cabeza—. Me sorprende que no hubiera nadie esperando a la puerta, para sacarnos fotos cuando salimos.

—Sí que lo había.

—¡Qué! —me erguí y lo miré fijamente.

—Había una mujer detrás de los arbustos. Su cámara nos apuntaba directamente.

—¿Y no dijiste nada? Ay. No puedo creerlo —le di una palmada en el muslo—. Más vale que hagas algo. Págale para que te dé el carrete, o amenázala con conseguir que la despidan. ¡Haz algo! Lo que sea. No necesito otra horrible foto mía circulando por ahí. La última casi maté a mi madre.

Harry curvó los dedos sobre mi mano y se acercó, rodeándome con su delicioso olor a sándalo.

—Me ocuparé de ello —me besó en la sien antes de recostarse—. No te preocupes —no soltó mi mano.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!