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Una Tigresa marca su territorio y ataca a quien se atreva a entrar. Los furtivos deben saber a lo que se enfrentan o seguirán entrando en terreno prohibido con la esperanza de encontrar una gata herida a quien esclavizar. Lucha. No cedas un centímetro.

El timbre de la puerta captó mi atención. ¿Quién podía ser? Como había accedido a rechazar a nuevos clientes, no tenía trabajo el resto del día, había decidido hacer un poco de ejercicio siguiendo mi DVD favorito, así que llevaba puestos pantalones cortos y un sujetador deportivo.

Alcé una ceja y crucé el reluciente suelo de madera. No me apetecía hablar con invitados.

El timbre sonó otra vez. Y otra y otra. Fruncí el ceño. Por lo visto, algunas personas creían que llamando más abriría la puerta antes. Lo único que conseguían era irritarme sobremanera.

Miré por la mirilla y cuando vi quién estaba al otro lado me quedé sin aire. Helada. ¡****, ****! Harry Styles. De visita.

—Oh, Dios mío —gemí, apretando la mano sobre el pomo. ¿Qué hacía él en mi casa? Yo estaba horrible. Sin maquillar. Con el pelo hecho un asco—. ****.

Volvió a pulsar el timbre, pero no abrí. Decidí que lo mejor sería hacerle pensar que no estaba. Era un buen plan. Se marcharía.

—Sé que estás ahí, Miranda —dijo él risueño—. Abre la puerta, boquita de mohín.

Me agaché y me retiré de la mirilla. Luego me di cuenta de lo que había hecho y me enderecé de nuevo. Él podía oírme, pero no verme. Volví a mirar por la mirilla y tragué saliva. ¿Había tenido ese aspecto tan sexy la última vez?

Me estremecí y me obligué a pensar en pavo y queso en pan de centeno. Mi táctica de distracción no funcionó. Se me hizo un nudo en la garganta al tiempo que sentí un delicioso calor en el estómago.

No podía ser más patética. Me estaba comportando como si fuera una… Recordé que era una mujer hambrienta de sexo y que él era un regalo para la vista; tenía derecho a sentir lujuria. Significaba que yo era una mujer normal y sana. Nada de lo que avergonzarse ni por lo que sentir pánico. Enderecé los hombros. ¿Qué importaba que me viera con mi peor aspecto? Ver el desagrado en sus ojos sería bueno, me ayudaría a librarme de la obsesión que sentía por él. Y esta vez no tenía la cara manchada de polvo.

Forcé una sonrisa falsa y abrí la puerta. Capté de inmediato el olor a hombre y a sándalo. Mis ojos lo devoraron. Harry llevaba un traje azul oscuro que debía valer más de lo que yo ganaba en todo un año. No llevaba la predecible corbata. Al contrario, los dos botones superiores de la camisa estaban abiertos, revelando un trozo de piel blanca.

Alzó las cejas  con expresión divertida.

—¿Paso la revista? —preguntó.

El nudo que tenía en la garganta se desplazó a mi estómago, poniendo fin a la sensación de calidez.

—No te miraba a ti —dije, buscando una excusa plausible—. Pensaba en algo que no tiene nada que ver contigo —«genial, Miranda. Eres ****a».

—Entiendo —sus ojos chispearon y tosió. Supongo que para disimular una risa.

—¿Cómo has conseguido mi dirección? —pregunté con una mueca—. ¿Qué haces aquí? Nuestra reunión no es hoy.

—No es difícil encontrar a alguien hoy en día —se encogió de hombros—, y estoy libre. No tengo que volver a la oficina hasta mañana y pensé que podíamos pasar el día juntos, tal y como prometí. Hablar de negocios —me miró—. ¿Vas a invitarme a entrar?

Harry. En mi casa. Sólo. Conmigo. Estuve a punto de gritar «¡No!». Me contuve. No había forma cortés de rechazarlo.

Maldición.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!