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Al oírlo, una nube roja nubló mi visión. A pesar de mi ira, mi instinto inicial fue aceptar su oferta con educación y marcharme. Sin embargo, aplasté mi deseo de capitular. No sería un felpudo. Nunca más. Había gastado dinero en un taxi, me habían robado el bolso y había tenido que esperar más de una hora. No me marcharía sin acabar la reunión.

Apreté los puños. «Soy una Tigresa».

—Señor Styles, no hemos comentado ni un detalle.

—Quiero que me llames Harry, ¿recuerdas? Señor Styles hace que me sienta como mi padre. Tendremos que comentar los detalles otro día.

—Harry —«sé fuerte. Imponte»—. He esperado ahí fuera más de una hora.

—Me enteré de que tenía una reunión contigo minutos antes de que entraras al despacho. Te pido disculpas por cualquier inconveniencia.

¿Inconveniencia? La nube roja que nublaba mi visión se convirtió en un infierno. Su disculpa no me devolvía mi chaqueta ni mi pintalabios favorito.

—¿No puedes concederme diez minutos? Tengo una lista de preguntas.

—La visita de mi madre me ha retrasado, me temo que no puedo concederte ni cinco.

Bien. Mensaje recibido. Era obvio que quería librarse de mí. No iba a contratarme. Me descubrí agarrando un taco de notas que había sobre su mesa. Empecé a desglosar el valor de mi tiempo, mi bolso, mas veinte dólares de valor sentimental añadido, un par de zapatos y, ¡qué diablos!, la factura del tinte.

—¿Qué estás haciendo? —se golpeó la rodilla con un lápiz.

—Normalmente añado la reunión previa al presupuesto, pero contigo haré una excepción. Aquí está mi factura por la reunión de hoy —arranqué la hoja y se la di.

Sus ojos brillaron con curiosidad mientras leía.

La curiosidad se transformó en diversión poco después.

—¿Lápiz de labios?

—Me robaron el bolso a la entrada del edificio y mi barra favorita estaba dentro.

—Haré que seguridad se ocupe de eso —frunció el ceño, ya nada divertido—. Eso no volverá a ocurrir.

—Gracias.

—¿Te parece bien que te envíe un cheque? —preguntó, tras una leve pausa.

—Sí —seguro que no vería ese dinero—. Claro.

—Te doy mi palabra de que haré tiempo para ti. De hecho, os dedicaré un día completo a ti y a la fiesta.

—Bien —«Mentiroso», deseé gritarle.

«Prueba A», dijo mi Tigresa interior, «Eres una débil. Lucha. Haz que hable contigo ahora. No dejes que te eche de una patada».

—Me alegro de que vayas a hacerme tiempo —añadí, ignorando a la Tigresa—. Eso es fantástico. Maravilloso —le entregué una tarjeta, segura de que no volvería a oír de él—. Ahí está mi número. Llámame cuando puedas reunirte conmigo.

La aceptó y le echó un vistazo.

—Pensándolo mejor, si hay algo que me gustaría comentar antes de que te vayas.

—¿No te quitara demasiado de tu precioso tiempo? —me felicité por eso, aunque no era bueno ser sarcástica. Ese hombre tenía amigos influyentes que podrían necesitar a una planificadora de fiestas en el futuro. Pero, diablos, aún me dolían las rodillas.

—Para esto en concreto, haré una excepción —dijo él—. Tengo una estipulación que debes aceptar antes de que te contrate oficialmente.

¿Contratarme oficialmente? Tragué saliva. Quizá sí pretendía ponerse en contacto conmigo. Vaya fallo.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!