—No hacía falta que interviniera —le dije—. Tenía la situación bajo control. La señora Carroll no me habría hecho daño.

—No temía por la vida de ella —miró a Elvira y luego a mí—. En nombre de la plantilla, te pido disculpas. Te prometo que no solemos actuar de forma tan poco profesional ni amenazar físicamente a nadie.

Puso una mano en mi espalda y me llevó a un rincón. Me miró de arriba abajo antes de centrarse en mis labios. Estaba acostumbrada a que los ejecutivos me acosaran, pero no a esa descarada fijación con mi boca. La mayoría de la gente intentaba ser discreta.

Sonrió lentamente y las esquinas de sus ojos azules se arrugaron.

En apariencia, su atractivo era mayor que el de Harry. Poseía la misma fuerza y el mismo poder interior, pero él no afectaba a mis sentidos. Me pregunté por qué sería eso. ¿Cómo podía haber disminuido mi inmunidad a la testosterona de manera que deseara a Harry, desesperadamente, y no a ese hombre igualmente guapo? No tenía sentido.

Me ofreció su mano y se la estreché. Tampoco experimenté la corriente eléctrica que sentía cada vez que Harry me tocaba.

—Louis Tomlinson —dijo él.

—Miranda Jones.

—Lo sé. Eres la que estás volviendo loco al jefe —esbozó una sonrisa avergonzada, mostrando unos dientes blancos y regulares—. Es un placer conocerte en persona por fin.

—No estoy volviendo loco a nadie que no lo estuviera ya —dije yo liberando mi mano, que él no parecía dispuesto a soltar.

Louis ladeó la cabeza mientras consideraba mis palabras, con expresión divertida. Asintió.

—Buen golpe —me miró de arriba abajo una vez más—. Veo lo que ha tenido ensimismado a Harry tanto tiempo. Tienes un encanto clásico.

Agucé los oídos. No por el cumplido, aunque era agradable.

—¿Ensimismado tanto tiempo? ¿Cuánto? ¿Ensimismado en qué sentido?

—Vuelvo a pedirte disculpas por la grosería de la señora Carroll —dijo, ignorando mis preguntas—. Me ocuparé personalmente de que sea despedida.

Sinceramente, me habría encantado que castigaran a esa malvada. Pero, aunque odiara admitirlo, la mujer tenía facturas que pagar, igual que yo.

No quería ser responsable de poner a otro ser humano al borde de la pobreza, aunque no estaba convencida de que ella fuera humana.

—No hace falta. En serio. Estoy bien.

—Si la situación fuera al revés, ella exigiría tu cabeza en una pica —rió con calidez—. Lo sabes, ¿no?

—De hecho, creo que pediría que me arrancaran las extremidades una a una mientras ella observaba, pero tú la conoces mejor que yo.

Él apretó los labios para contener otra risa.

—Dudo que lo recuerdes, pero nos conocemos. Bueno, hemos estado en la misma sala. Antes de hoy.

Era un cambio total de tema, pero podía soportarlo. Revisé mis archivos mentales sin éxito. Él debió ver la confusión de mis ojos porque se explicó.

—Hace unos seis meses. Planificaste la recepción de la boda de mi hermana.

—La boda Tomlinson-Howard, ¿correcto? —eso era mejor que decir «No recuerdo haberte visto. Nunca». La recepción había sido el primer evento que planifiqué sola, como propietaria del negocio.

Allí había visto a Harry por primera vez. Estaba recién divorciada y lo había devorado con los ojos.

Muchas veces. Había sido tan sexy entonces como en la actualidad, y yo aún no estaba inmunizada.

Pero a este hombre… la verdad era que no lo recordaba.

—Sí. Esa boda.

—¿Cómo está? —pregunté—. Tu hermana, quiero decir —durante los últimos meses, Felicite Tomlinson, ya Felicite Howard, me había enviado a varios clientes. Le estaba más que agradecida. De hecho, agradecía que me hubiera contratado cuando era una desconocida. Me había oído hablar con Clara en Catering Cenicienta, le había gustado lo que decía y me había pedido una lista de ideas. La preparé y me contrató. Había sido uno de los mejores días de mi vida.

—Encantada —dijo—. Acaba de enterarse de que está embarazada.

—Eso es maravilloso —aplasté un pinchazo de envidia. Yo también había deseado tener hijos en otra época—. Dale la enhorabuena de mi parte.

—Lo haré. ¿Hay algo que pueda hacer por ti, o necesitas ver a Harry?

—Harry, me temo. Planifico la fiesta de cumpleaños de su madre —apreté los labios. Se suponía que era una fiesta sorpresa. Había metido la pata.

*beep*, *beep*, *beep*.

—No te preocupes —dijo Louis, captando mi incomodidad—. Estoy en la lista de invitados.

—Gracias a Dios —dije yo, sonriente.

—Felicite aún sigue hablando de lo fantástica que eres —pausa—. Y también Harry —masculló.

—¿Qué has dicho? —parpadeé.

—Felicite. Te alaba todo el tiempo.

Acababa de decir que Harry hablaba de lo fantástica que era yo. No me había parecido que Harry se fijara en mí aquella noche. No como se fija un hombre en una mujer a la que quiere llevarse a la cama. Me había llamado unas cuantas veces después de la recepción, pero eso había sido por negocios. ¿O no?

Se me contrajo el pecho. ¿Esperanza? ¿Miedo?

—Has dicho algo más —insistí—. Sobre Harry.

—No —negó con la cabeza.

Sí lo había hecho, pero decidí dejarlo pasar. No estaba segura de querer oír la respuesta.

Pensé que quizá pudiera emparejar a Lucre con Louis. Parecía agradable, y ella se volvería loca por sus ojos, nada vagos. Clara le habría ido mejor, pero ella parecía interesada por su vecino.

Justo entonces noté algo a mi espalda. Dos manos se posaron en mis hombros. No necesitaba mirar para saber quién era, sentí una serie de corrientes eléctricas por todo el cuerpo. Harry.

Mi ropa y mi piel absorbieron su delicioso calor, su aroma erótico.

—Dije diez minutos, Miranda. No once. Ni doce. Llegas tarde —no esperó una respuesta, entró a su despacho, obligándome a seguirlo.

—Por favor, dile a Felicite que agradezco sus halagos y recomendaciones —le dije a Louis por encima del hombro. Me pregunté qué le ocurría a Harry, no entendía a ese hombre. Ni un poco—. Significan mucho para mí.

—Lo haré —dijo Louis.

Hice un gesto de despedida, esbocé una sonrisa profesional y controlé el deseo de darle un bofetón a Elvira cuando pasé ante su rostro atónito.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!