La boca de Harry siguió poseyendo la mía.

Una de sus manos se enredó en mi cabello, la otra agarró mi trasero y me clavó contra toda la longitud de su erección. Mi excitación creció, acercándose al punto de la explosión y mi respiración se volvió errática.

—Oh, Harry —susurré con una sonrisa.

Él rió contra mi boca. La breve pausa casi me llevó a gritar de frustración. Me apreté contra él y me empleé a fondo con su lengua. Lamió y mordisqueó, y su sombra de barba me raspó, provocando una sensación deliciosa.

—Prometo afeitarme la próxima vez —dijo, acariciando mi cara con su aliento.

No sabía por qué pensaba que debía afeitarse, pero deseé que no lo hiciera.

—Pensaba ir despacio contigo —gruñó él—. Maldición, iré despacio aunque me mate —tomó aliento antes de volver a capturar mis labios, con lentitud y suavidad esa vez. Reverente.

Era un beso de promesa, de ésos con los que sueñan las mujeres y rara vez experimentan. Yo, al menos, no lo había experimentado antes y eso me asustaba. De repente empezó a saber a pavo y queso en odioso pan de centeno. Puse la mano en su barbilla y lo aparté. Miré su rostro con pánico y vi pasión, ternura y cierta preocupación en él.

—¿Ocurre algo, cariño?

Mis ojos se ensancharon. Cariño. Me había llamado «cariño». Noté un sudor frío por todo el cuerpo.

—No rellené una solicitud —dije, temblorosa.

Sus ojos se velaron de repente. Un segundo de silencio, y otro. Se apartó de mí y cruzó los brazos sobre el pecho. Intentó adoptar una pose de indiferencia, pero una gota de sudor perlaba su sien, estropeando el efecto. Además, tenía la boca tensa. Aún seguía atrapado por el deseo.

—Eso es bueno —dijo con voz inexpresiva—. No te pedí que lo hicieras.

Sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con el deseo. No quería que rellenara la maldita solicitud porque… imaginé la respuesta y no me gustó. O bien me consideraba inferior a él, e indigna de ser su esposa, lo cual me ofendía, o ya sabía que esperaba de mí cierto compromiso.

«Compromiso»… sólo la palabra me provocaba vómitos. Compromiso con un cliente. No me molestaba la idea de atarme a alguien. Era la idea de atarme a alguien que un día me trataría mal, perdería el interés por mí y dejaría de amarme. Alguien que un día haría que me sintiera como si fuera una basura.

Richard me había tratado muy bien al principio de nuestra relación. Se había ocupado de todas mis necesidades. Había hecho cuanto estaba en su poder para hacerme feliz. Pero eso se había desvanecido rápidamente en cuanto estuve atada a él.

Me dije que quizá estaba presuponiendo demasiado. Tal vez Harry llamaba cariño a todas las mujeres. Tal vez no me veía como material nupcial, sino como la candidata perfecta para algún extraño rito sexual que había adquirido en sus múltiples viajes. Un rito que yo quería experimentar. O no. Estaba confusa.

—¿Qué quieres de mí? —pregunté.

Él no contestó, pero vi que un músculo se tensaba en su mandíbula.

—Eres guapo, Harry, y tienes dinero. Puedes tener a la mujer que desees. ¿Por qué pedirles que rellenen solicitudes? ¿Tan desesperado estás por casarte?

Un músculo pulsó en su frente. Combinado con la furia que brillaba en sus ojos, hizo que pareciera muy amenazador. Un hombre que hacía que sus enemigos temblaran de miedo y sus amantes de deseo.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!