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Abrí la boca. Mentía, igual que le había mentido yo antes. Eso significaba… Santo cielo, significaba que había estado a punto de besarme. Mis pezones se endurecieron al pensarlo. ¿Y qué pasaba con su supuesta novia, esa zorra de Babilonia? ¿Quería engañarla conmigo? ¿Tener una aventura y luego casarse con la chica que le parecía digna de él? ¡Bastardo!

—¿Has pensado dónde quieres celebrar la fiesta? —mis palabras sonaron cortantes y secas. Apretaba el bolígrafo con tanta fuerza que casi lo partí en dos.

—No —dijo él, pareciendo sorprendido por mi vehemencia—. Aún no.

Fantástico. Con ese tipo de ayuda, el éxito de la fiesta estaba garantizado.

—He utilizado varios sitios antes. Estoy segura de que alguno te parecerá satisfactorio.

—Seguro que sí.

—Dame un momento —me levanté—. Tengo una lista en mi habitación.

Volé al dormitorio y rebusqué en mi maletín. Encontré lo que buscaba y volví a la cocina. Uno a uno, fui nombrando los emplazamientos.

—El jardín botánico.

—No —movió la cabeza negativamente.

—La Mansión de Turtle Creek.

—No.

—Omni, en Park West.

—No.

—El Adolphus.

—No.

—El Milton. El Hyatt Regency. El Four Seasons.

—No. No. No.

—¿No te parece bien ninguno de ésos? —apreté la mandíbula con tanta fuerza que me dolió.

—No —repitió él.

—Si preparas una lista de los sitios que te parezcan adecuados… —lo maldije internamente— los visitaré para ver cual es más apropiado para una fiesta del tamaño que quieres —aunque con una respuesta como «Cincuenta, tal vez cien o doscientos», era imposible saber de qué tamaño estábamos hablando.

—Suena bien —hizo una pausa y me estudió, con ojos inescrutables, que ocultaban sus pensamientos—. Ahora tengo una pregunta para ti.

Casi me estremecí. La última vez que me había hecho una pregunta con ese tono de voz, había prometido rechazar nuevos clientes.

—Dispara.

—¿Cuál es tu número de teléfono de casa?

—Mantengo mi vida profesional separada de la laboral. Por eso mi teléfono de casa no aparece en la tarjeta. Mi móvil siempre esta encendido en horas de trabajo —lo miré. Él seguía en silencio—. No hay razón para que conozcas mi número personal.

—No estoy de acuerdo. Ya que voy a pagarte el triple de tu tarifa habitual, espero que estés a mi disposici6n. Si necesito ver un local en potencia a las cuatro de la mañana, quiero poder localizarte.

El único local equipado para fiestas que estaba abierto a las cuatro de la mañana era el club de striptease que había a unas calles de mi casa.

—Muy bien —acepté, aunque sabía que una auténtica Tigresa no habría cedido sin más. Con cierta brusquedad, apunté mi teléfono en la libreta y se la pasé, con el bolígrafo—. Yo también necesitaré tu número de casa. Por si tengo que localizarte a las cuatro de la mañana —añadí con una sonrisa falsa y desafiante.

Él ni siquiera pestañeó. Sonrió como si le hubiera dado exactamente lo que quería y aceptó el bolígrafo. Las puntas de sus dedos rozaron mis nudillos. Sentí pinchazos de tensión sexual por todo el brazo. Me irritó comprobar que él, en cambio, no se inmutaba.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!