A las doce de la noche, ya era tarde para la mayoría de la gente, asíque Dina y Eliana se fueron a dormir a casa después de una noche llena de diversión y amor entre otras cosas. Por el camino, Dina se quitó los tacones porque le comenzaron a rozar en el talón y hablaba entusiasmada de Abraham, que le había pedido también ser algo más que amigos y ella aceptó dándole un abrazo y un beso en público sin importarle nada los comentarios de la gente. Actuaba como la rebelde que de verdad llevaba dentro. Eliana era más conservada, más tímida y más responsable ante sus actos.

-¿Qué tal con tu amigo el cartero?.-preguntó Dina-

-¿Y eso a qué viene?

-Me quedé sorprendida cuando os vi hablar después de que tú dijeras que te molestaba que andase detrás tuya.

-Sí, lo dije y lo sentía...

-¿Pero...?

-Pero cuando hablé con él en vez de incomodarme, me agradaba. Y ya sé por qué coincidiamos con él. Porque le tiene que entregarle a una tal señora Schweitzwer unas cartas a la misma hora.

-Y no te lo habrás creído, ¿no?

-¿Y por qué no?

-Como comprenderás no te va a decir nada más conocerte que le gustas y más sabiendo que te gusta otro, porque te gusta Kinor, ¿no?

-Sí, sí claro que me gusta Kinor.

-Pero tampoco se te quita Nevin de la cabeza, te conozco.

Eliana guardó silencio, cierto era que cuando veía a Nevin se podía tirar perfectamente la primera media hora pensando en él hasta que aparecía Kinor o se distraía con sus amigos, y no sabía por qué, pero tampoco le dio importancia.

-No es tan continuo ese pensamiento como con Kinor.

-Entonces, ¿también te gusta Nevin?

-No, no confundas. Nevin es la novedad del día y nada más. Kinor me encanta a cada segundo.

-¿Me dejas darte un consejo?

Eliana asintió, ¿cómo negarle un consejo a su mejor amiga?

-Me alegro mucho por ti, pero cuídate de Kinor un poco, hay algo en él que no me gusta.

-Está bien, lo tendré en cuenta.

***

Las dos en punto del medio día, Eliana iba de camino a la barbería de su padre acompañada de Kinor, su novio al fin. Cuando llegó a la puerta, su padre ya estaba esperándola sonriendo y al ponerse al lado de Eden la parejita, su hija le presentó al muchacho, y a Eden le agradó.

-¿Eres su amigo, su novio...?.-preguntó Eden-

-¡Padre!.-exclamó Eliana-

Los tres echaron a reír.

-Bueno señor, algo más que su amigo.-contestó Kinor-

Eliana estaba cada vez más ruborizada ante su padre y su novio.

-Pues cuídala muchacho.

-Lo haré encantado, señor.

Ambos subieron al coche y se fueron al fin a casa, después de que la mayor estuviera un día fuera. Durante la comida, Eden miraba a su hija Eliana sonriéndola pícaramente para sonrojarla y como no, lo consiguió.

-Familia, Eliana tiene novio.-anunció Eden-

Kiva le sonrió a su hija y Clara empezó a reírse a carcajada limpia casi llorando de la risa.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!