Al cabo de una hora después, Nevin volvió a por ellas, Clara abrazaba a su hermana sin dejar de llorar y Eliana hacía lo mismo también. ¿Qué harían ahora sin su familia?.

-Tenéis que recoger vuestras cosas, nos vamos a mi casa.-dijo Nevin-

-¿A tu casa? ¿Pero y tus...?.-dijo Eliana-

-Mi madre lo sabe, quiere que os instaléis en mi casa y por mi padre no te preocupes, hoy mismo se va a Auschwitz y no sé cuando volverá.

Eliana y Clara se levantaron del suelo y corrieron a casa a vaciar los armarios y a coger las maletas, cuando Nevin vio que estaban grabadas con sus nombres verdaderos, negó con la cabeza, eso sería como entregarse a lo tonto, así que pensó algo para borrar los nombres.

-¿Tienes pintura marrón para zapatos?.-preguntó él-

Eliana se detuvo a pensar y bajó al piso de abajo para buscar entre las cosas de su madre y de su padre y entre unos zapatos de Kiva, encontró un par de botes de pintura marrón y subió de nuevo a probar si funcionaba. Nevin cogió el bote y con él empezó a pasar la pintura de su interior por el nombre de la maleta de Eliana. El plan daba resultado porque las letras se iban tapando, las maletas estaban quedando como nuevas. Hicieron la misma operación con todas y cada una de ellas hasta fundir un par de botes de pintura más, pero al menos eso las mentendría a salvo del peligro. Partieron a la ciudad rumbo a la casa de Nevin, sacaron las maletas del maletero y ya entonces entraron a casa de Marie, donde ella las recibió con un abrazo fuerte compartiendo el dolor de las muchachas. Las llevó a sus habitaciones correspondientes y allí colocaron la ropa en los armarios. Clara y Eliana dormirían en la misma habitación en camas diferentes. Mientras colocaban la ropa, la pequeña se sentó en su cama sin seguir con lo que estaba haciendo, la niña ya con once años sentía de corazón todo lo que había sucedido con sus padres y a pesar de su corta edad, supo que nunca los volvería a ver, o por lo menos eso pensaba en ese momento. Eliana observaba a su hermana colocando la ropa y cuando Clara comenzó a llorar, se sentó junto a ella y la abrazó. Comprendía perfectamente el mal trago por el que estaba pasando, entendía su sufrimiento dado que también era el mismo que el suyo.

-Soy una idiota Eliana, lo soy.-se quejaba Clara-

-No digas eso. Les volveremos a ver, se los llevan a un campo para trabajar...-le dijo Eliana para no preocuparla-

-¿Trabajar? Trabajar forzosamente dirás. Padre es experto en su oficio y madre siempre ha trabajado en casa, ¿crees en serio que se le va a dar bien algo en lo que no está preparada?. No soy tonta, sé bien cómo son esos campos, he oído hablar a soldados, incluso se sentían orgullosos de matar a gente. Tienes que hablar con Nevin para que vaya allí y cuide de ellos, nosotras estamos aquí y con Marie estaremos bien.

-Me dijo que aún no tienía permiso.

-Su padre trabaja allí, tiene permiso más que suficiente.

Hubo un silencio hasta que Clara se echó a llorar con más ganas todavía.

-Y lo peor es que no he podido despedirme. Hace dos días me pidieron un abrazo y yo como siempre se lo negué y sin embargo ellos sonrieron...Me siento inútil.-dijo Clara-

-Te prometo que los volveremos a ver y podremos abrazarlos.

Clara abrazó a su hermana continuando con sus llantos, que a Eliana le hicieron reaccionar, supo que tenía que conseguir que Nevin fuera aceptado en Auschwitz para que cuidara de sus padres, aunque eso significaba también poner en riesgo su propia vida. Al cabo de un rato, la situación se calmó un poco más y ambas continuaron colocando la ropa en sus armarios nuevos. Por la tarde-noche, cuando ya casi llegó la hora de cenar, Clara estaba durmiendo y Eliana mirando el techo viendo las horas y los minutos pasar sin conseguir descansar ni quitarse de la cabeza la captura de sus padres. Nevin apoyado sobre la puerta y con los brazos cruzados la miraba en silencio, al parecer nada podía ganarse la atención de Eliana aquella noche, estaba desconectada del mundo y de las cosas que la rodeaban, hasta que un leve ruido consiguió distraerla de sus pensamientos. Su vista se fijó en la presencia de Nevin y ella se fue levantando de la cama despacio acercándose a él para poder hablar sobre lo de Auschwitz, un tema más que complicado, puesto que si él obtenía el permiso, también estaría en peligro su vida por traicionar a los Nazis.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!