Veinticuatro horas después, cuando ya todos los equipajes estaban listos, la familia se reunió en el salón. Eden fue el primero en hablar, en dar ánimos a sus tres preciados tesoros, dijo que todo iba a salir bien y que pronto volverían. Se dieron un abrazo entre los cuatro y salieron por la puerta de casa para montar en el coche y marchar como habían decidido a España, el país que no se involucró en la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, Nevin se encontraba junto a su padre y otros soldados en la puerta de un bar a la espera de Egbert Blau, que faltaba por llegar. Nevin estaba a su aire, no escuchaba nada de lo que los demás estaban diciendo, él solo pensaba en Eliana y en que lo más seguro ya se había marchado, cuando de repente llega Egbert y las dos miradas se chocan con rivalidad.

-¿Lo habéis oído?.-preguntó Egbert-

-¿Oír qué?.-preguntó Nevin-

-Lo de las fronteras.

Todos negaron y Nevin dio un paso al frente.

-¿Qué pasa en las fronteras?.

-Colas de judíos que intentan huir, pero no saben que están vigiladas por nosotros y lo que es mejor...No saben que no llegarán a cruzar la frontera con vida. Se ha ordenado disparar a todo el que huya.

El corazón de Nevin dio un vuelco tremendo cortándole el aire de sus pulmones. Si no encontraba a Eliana y a su familia, morirían a tiros sin compasión.

-No me encuentro bien, creo que me voy a casa a descansar.-dijo Nevin como escusa para retirarse en busca de la mujer que amaba-

-Hace un momento estabas bien...-dijo Manfred-

-Ha sido de repente.

Y sin más explicaciones, se largó hasta llegar a la puerta de casa donde cogió el coche para ir a casa de Eliana, donde ya no había nadie en su interior. Nevin dio un golpe a una de las ruedas delanteras con lapierna izquierda maldiciéndose a sí mismo por haberla dejado marchar, aunque tuvo suerte, vio hacia donde se iban las huellas de las ruedas del coche y ya supo el camino que habían tomado. No dudó en arrancar los motores y acelerar para alcanzarlos a tiempo. Los Gabay iban en el coche tranquilos, por un camino en el que no había Nazis por medio cuando de pronto, un ruido escucharon detrás. Eliana miró atrás y al ver otro carro tras ellos, ordenó a su padre ir a más velocidad por pensar que los habían descubierto. El miedo invadió por completo a Eliana cuando reconoció de quién se trataba, de Nevin. Observó a su hermana nerviosa.

-¡Es él! ¡Te lo dije!.-decía Eliana-

-Cálmate, ¿quieres? Yo también conozco a Nevin y yo diría que no es así.

-¿Qué mas pruebas necesitas?.

De pronto, el coche de Nevin aceleró lo máximo que pudo adelantando a Eden y poniendo el coche delante del suyo frenando de golpe para que él también lo hiciera. Eliana bajó del coche la primera a la vez que Nevin y se aceró a él enfurecida.

-¿A qué estás jugando?. ¿Vienes a delatarnos?. Pues llévame a mí, pero a ellos déjalos.-decía ella-

-No podéis iros. No debéis cruzar las fronteras de Alemania.

Eden salió del coche y tras él, lo hicieron Kiva y Clara.

-¿Por qué no? ¿Qué sucede?.-preguntó Eden-

-Están vigiladas y tienen órdenes de matar a todo el que pretenda cruzarlas.

Eliana ahora entendió todo y también a su hermana Clara, que al parecer tenía razón. Las dos se miraron y la menor le dedicó una sonrisa y después Eliana se llevó a Nevin a solas para dialogar. Una vez solos, se abrazaron con fuerza, los dos sin poder controlar las lágrimas.

-Siento haber sido cruel contigo. Yo solo quería que estuvieras a salvo y por poco te pierdo con esa decisión.-dijo Nevin-

-No sabes las ganas que tenía de esto, de que todo fuera una mala pasada y voler a estar contigo.

-Ya lo estamos, además, prometimos estar siempre juntos, no podemos ahora romper nuestra promesa.

-Nunca se romperá, ¿y sabes qué?.

-Dime princesa.

-Nos queremos y eso nos basta para continuar.

Se fueron acercando lentamente hasta que se besaron dándose un abrazo de amor. Luego se reunieron con la familia y volvieron a casa para volver a incoporporarse y colocar la ropa en los armarios. Nevin ayudaba a Eliana a vaciar las cinco maletas llenas de vestidos y contempló la rosa marchita y destrozada en el suelo de la habitación.

-¿Tanto me has odiado?.-preguntó Nevin sonriendo-

-Imagínate. Tanto es poco...

-No sería capaz de traicionarte con todo lo que he luchado para tenerte.

-Sí estabas dispuesto a dejarme ir.

-Para que estuvieras bien. Si te hubieras quedado aquí quizás te habrían descubierto, y creí que si te ibas estarías mejor.

-Yo solo puedo estar mejor si estoy a tu lado, no me importa que me descubran. Quiero pasar contigo todos los minutos de mi vida, porque sé que merecerán la pena. Además estoy contigo, ellos me han visto y no me ven como una amenaza. Puedo sobrevivir.

-Y...¿si te digo que no quiero?.

Eliana se acercó a uno de sus armarios, buscó las rosas secas llenándose las dos manos de pétalos rojos y luego se las lanzó a Nevin riendo a carcajadas.

-Pues entonces tendrás que enfrentarte a las consecuencias.-dijo Eliana-

Rieron y los dos cogían pétalos del suelo lanzándoselos uno al otro, él la cogió en brazos dándole vueltas mientras se besaban a la merced de los pétalos cayendo desde arriba. Kiva y Eden los escuchaban reír sin para como dos niños pequeños y se sonrieron recordando los viejos tiempos.

-¿Te acuerdas cuando me hacías cosquillas?.-preguntó Kiva-

-No mucho...

-¡Mentiroso!.

Echaron a reír y Eden abrazó a su mujer.

-Claro que me acuerdo, y no cambiaría nada de aquello. Es más, si se pudiera los repetía de nuevo contigo.-dijo Eden-

Se besaron ellos también y entonces Clara con los brazos en modo de asas de taza, sonreía y los miraba picarona.

-¿Qué pasa hoy en esta casa? Estoy rodeada de tórtolos...-dijo Clara-

-¿Te unes?.-preguntó Eden-

-Creo que mejor me mudo con mis muñecas.

Kiva y Eden volvieron a reír y Clara les sonrió subiéndose a su habitación feliz y contenta por lo bien que estaban ahora las cosas en casa a pesar de estar en guerra.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!