En el verano de 1942, Eliana ya tenía veinte años de edad, era ya una mujer adulta hecha y derecha, y Clara ya empezaba a serlo con sus trece años, aunque siempre había sido una niña muy inteligente ya con cuatro menos, podía darte consejos serios con una avanzada madurez que a todos les había llamado la atención. Últimamente notaron en ella que salía muy a menudo sonriente, feliz, ilusionada y muy bien vestida y perfumada. Nevin y Eliana sonreían cada vez que la veían salir así, y si preguntaban que a dónde iba tan bonita, siempre contestaba que eran asuntos privados. Hasta que un día a la pareja se le ocurrió seguirla... Clara salió de casa y ambos detrás sin que se diera cuenta de que la seguían. Minutos después, Clara había quedado con un muchacho de unos dieciséis años que la abrazó sonriendo.

-¡Ha quedado con un chico!.-dijo Nevin-

-Son adorables, ¿no crees?. Bueno, aún es damasiado pequeña. Creo que esto solo es una ilusión pasajera.

-¿Tu ilusión también fue pasajera?.

-Aún me sigue durando esa ilusión.

Nevin sonrió y la besó. Clara y ese muchacho se sentaron en un banco cercano a un parque ya allí continuaron charlando hasta que él la besó. La niña se quedó sorprendida ya que fue su primer beso, en el que sintió esas famosas mariposas revoloteando en su estómago con un brillo intenso en los ojos que ni ella misma podía contener. Más tarde, Clara se fue, llegaba tarde con sus amigas y Eliana también se fue, quería esperar a que Clara llegara a casa para hablar con ella. Nevin se iba a retirar también de su escondite cuando un soldado Nazi se aproxima al muchacho y se sienta a su lado.

-¿Sabes algo?.-preguntó el Nazi-

-Sí. La chica me ha confesado ser judía, pero no me ha hablado de su familia.-contestó el joven-

-Así que los rumores de esa mocosa son ciertos, ¿verdad?. Quiero que la delates, sería un buen principio para ser un gran soldado, hijo mío.

Nevin entendió que todo había sido una tapadera para sacarle información a Clara y llevársela, así que sin dudar, corrió hacia casa para impedirlo. Mientras tanto, ambas hermanas charlaban en casa.

-¿No crees que es muy mayor?.-preguntó Eliana-

-Sólo son tres años...-contestó Clara-

-¿Qué sabes de él?.

-Es como yo, es un judío ocultado. Me lo dijo y yo le confesé mi secreto.

Eliana se enfadó con ella.

-¿Cuántas veces te he dicho que no se lo digas a nadie?. ¡Podría ser una trampa!.

-¡Él no me ha mentido! Es bueno.

-Eso tú no lo sabes. ¿No entiendes que así nos pones en peligro a todos?. Eres madura para unas cosas pero para lo que realmente debes ser, no lo eres. A ver si aprendes que hay cosas que no hay que decir.

-¡Déjame en paz! A ti lo que te pasa es que te da envidia porque con Kinor no pudiste tener la vida que querías.

Eliana le dio una bofetada.

-Precisamente por eso no quiero que te pase lo mismo, no sabes nada de él, ni siquiera de sus padres.

-¿Sabes?. Ojalá estuviera madre aquí.

Y se largó de casa dando un fuerte portazo a la puerta enojada y llorando. Diez minutos después, Nevin entró por la puerta sofocado y nervioso sin apenas saber pronunciar con claridad sus palabras.

-¿Dónde está Clara?.-preguntó él-

-Se enfadó y se fue, ¿qué pasa?.-contestó Eliana-

-Tenemos que encontrarla ya, ese tío que estaba viendo es un mentiroso, la ha enredado para sacarle cuál es su verdadero origen, es el hijo de un Nazi.

Eliana asustada y con el corazón en la garganta se levantó de la cama y se acercó a Nevin. Los dos salieron corriendo en busca de Clara para que evitaran llevársela, pero ya se había encontrado con su "amor" una vez más.

-Mi hermana no confía en ti...Me ha dolido y me he escapado, necesitaba verte.-decía Clara-

-Es normal, acabas de cometer un error.-contestó el chico-

Dos Nazis salieron de sus escondites y cogieron presa a Clara llevándosela a uno de los camiones que iban directos a los trenes con destino a Auschwitz-Birkenau. A lo lejos, Eliana vio lo que estaba pasando y se dirigió corriendo, pero Nevin se lo impidió, ya era demasiado tarde. El simple hecho de ver que se llevaban a su hermana como se llevaron a sus padres hizo que ya la penúltima parte de su corazón se marchara junto a ella. Quiso escapar de Nevin e ir a su rescate, no debía, no era lo correcto después de todo lo que había luchado por seguir adelante y mantenerse sana y salva. Se dispusieron a marchar a casa y Egbert se acercó a ellos sonriendo, Eliana no tenía ganas ni siquiera de sonreír y menos por él.

-Me han admitido en Auschwitz, mañana mismo me voy.-dijo él-

-Enhorabuena. Espero que te vaya bien. ¿Ya has demostrado allí tu valiosa crueldad?.-preguntó Eliana sin pelos en la lengua-

Nevin le dio un disimulado codazo.

-Sí, y es apropiada.-contestó Egbert-

-Me alegro.

Eliana se retiró sin despedirse junto a Nevin y el muy estúpido, pensó que a ella le había molestado que se marchara. Llegaron a casa y Eliana comenzó a recoger sus cosas, incluyendo su carnet de identidad verdadero para entregarse a ellos, no quería estar sin su familia y además prometió cuidar de su hermana. Él se dirigió a ella corriendo y la agarró de un brazo.

-¿Qué vas a hacer?.-preguntó Nevin-

-Entregarme, no pienso quedarme aquí ni por un momento más.

-No, tú no te vas, ¿dónde están tus ganas de luchar?. Lo tenías todo, así puedes sobrevivir.

-Sin mi familia no quiero seguir luchando.

-Entonces, ¿yo que soy para ti?. ¿Nada?.

-No pudiste entrar en Auschwitz, yo tengo un acceso más sencillo. Y te equivocas, eres todo para mí, pero es mi familia, ¿cómo crees que va a estar mi hermana cuando llegue allí sola y perdida sin nadie?. Cuidaré de ella y me dá igual lo que me digas.

Los dos se miraron y Eliana salió de la habitación para entregarse, y al llegar junto a la puerta principal, Nevin se puso delante cortándole el paso.

-He dicho que no te vas.-dijo Nevin-

-No lo hagas más difícil.

Marie escuchaba el escándalo y salió de la cocina, preguntó qué sudecía y sacando su hijo unas llaves para cerrar la puerta contestó:

-Nada madre, no pasa nada.

Cerró la puerta y miró a Eliana por última vez. Ella empezó a rebotarse y a darle golpes de rabia y furia en el pecho.

-¡Te odio!.-le gritaba ella-

Se subió de nuevo a su habitación a tranquilizarse un poco más, y después, madre e hijo se quedaron hablando en el salón.

-La quiero muchísimo, más de lo que yo imaginaba que podía querer a alguien...Y no quiero que se entregue, sería como perderla para siempre. Allí muy pocos sobreviven.-se expresaba Nevin llorando mientras Eliana esuchaba por otro lado-

-Entrará en razón.

-¿Dónde está la llave de repuesto?.

-Está bien guardada, tranquilo.

Ambos se abrazaron y Eliana lloraba escondida, ahora que sabía que había una llave más, haría lo imposible por encontrarla y marcharse, también con el dolor de dejar a Nevin atrás.

-Voy a seguir luchando por ella pase lo que pase, me niego a perderla, no quiero hacerlo.-dijo Nevin entre los brazos de su madre-.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!