Por la mañana, Clara no quiso ir por sus alrededores y prefirió irse a buscar a Nevin para hablar con él y preguntarle cómo estaba, aunque se imaginó la respuesta, cuando a lo lejos, lo vio tumbado junto a la fuente durmiendo puesto que la borrachera le había pasado factura y la gente que pasaba le miraba con malos ojos. Clara corrió hasta él para ayudarlo, lo puso en su regazo y le dio leves bofetadas con el propósito de que abriera los ojos y así lo hizo.

-No deberías beber así, ¿sabes acaso dónde estás?.-le preguntó ella-

-Supongo que sí, tirado en mitad de la calle ¿no?.-contestó un poco atolondrado-

-Vamos, que lo hiciste a propósito.

-Exacto.

-¿Cómo estás?

-Mejor te ahorro una respuesta que ya sabes... Lo que quiero que me digas es cómo está ella.

Clara le miró a los ojos, la respuesta era que igual de mal o peor.

-Mal. Anoche cerró el pestillo de la puerta de su habitación y hasta las cinco de la madrugada no dejé de oírla llorar.-contestó ella-

-Soy un estúpido Clara, me enfadé con ella porque creí que buscó a Kinor y luego, ¿quién me iba a decir a mí que mi padre se iba a meter por medio? Me gustaría recuperarla y que tu padre me entendiera, pero creo que no hay esperanzas, parece que cuanto más quiero estar con ella más barreras se oponen.

-Para eso estás, para saltarlas e ir a sus brazos cueste lo que cueste. Creemé que a ella no le faltan ganas, pero tu padre ha roto lo poco que había de uniros como algo más que amigos.

-Ese imbécil me las va a pagar algún día de estos, y si no acuérdate.

-Hay que hacer algo para que todo vuelva a ser lo que era antes.

Nevin pensó un par de minutos hasta que se le ocurrió una brillante idea.

-Mañana, mañana volverá a serlo, creemé. Tú solo tienes que convecer a tu padre de que Eliana venga, que yo la estaré esperando.-dijo él-

-¿Qué planeas?

-Ya te lo sabrás. Ahora te acompaño, necesito practicar mi plan.

Clara asintió y Nevin la acompañó a la zona donde ella se solía mover. Allí la dejó con sus dos mejores amigas y se volvió para realizar o al menos intentar una idea que tenía en mente para que Eliana volviera de nuevo junto a él. Por la tarde, sobre las seis, Eliana leía un libro en su habitación en silencio, y por una vez durante todo el día, se despejó de todo lo que tenía en la cabeza y luego se bajó al piso inferior donde se encontraba su madre haciendo una tarta mientras escuchaba las noticias en la radio; en las cuales se decía que el ansia por la raza aria y el deseo de poder iba aumentando con creces cada segundo. Eliana, parada junto al marco de la puerta de la cocina escuchaba las noticias hasta que se hartó de oír estupideces y la apagó mirando después a su madre, que no se esperaba que su hija le desconectara las noticias.

-No entiendo por qué pierdes el tiempo en escuchar todo eso. Hay cosas mejores que se pueden oír.-dijo su hija-

-¿Alguna idea?

Eliana pensó y a la vez que elevaba los hombros hacia arriba, añadió:

-Swing.-contestó-

-¿Swing? Casi que ya está prohibido...

-¿Y quién nos oye? No hay peligro, estamos en una pradera, en una casa alejada de la ciudad. Observa.

Eliana se dirigió hacia el disco de vinilo, con cuidado depositó la aguja sobre él y Benny Goodman comenzó a sonar por todos los rincones de la casa. Madre e hija comenzaron a bailar al ritmo de la canción riendo y sonriendo, pasando un momento único de familia hasta que acabó la canción y vino una lenta.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!