Por la noche, mientras todos o casi todos dormían, -excepto Eliana-, que estaba desvelada sin encontrar un motivo que le diera sueño, se escucharon las botas de tacón de Irma, y Eliana se tapó un poco más la cara con su pequeña y fina sábana, ocultando tras ella su temor. Entró con su fusta de golpe y todos despertaron, saliendo de sus barracas al ver que se trataba de la bestia y formaron filas, algunos mirándola, y otros mirando al suelo, como Eliana, que no podía ser capaz de mirarla, pues eso era como desafiarla. Con un latigazo en el suelo, ordenó que salieran todas las mujeres a fuera a pesar de la lluvia que estaba cayendo. Eliana agarró a su hermana de la mano con fuerza y su paso fue interrumpido por Jael, que la agarró del brazo.

-Por favor, vuelve con vida. Te quiero.-dijo él mirando a la mujer que amaba aunque no fuera correspondido-

Ella le sonrió de medio lado y le asintió acariciando después su mano con delicadeza y suavidad. Una vez ya puestas en filas en la calle, con un frío que cortaba el aliento y la lluvia cayendo del cielo oscuro y estrellado, Irma se acercó a una jaula donde encerraba perros mastiles hambrientos. Luego se dirigió hacia la cola de sus víctimas y se puso de nuevo frente a Eliana, su maldito y obsesivo objetivo desde el primer día que la vio.

-Hoy vas a tener suerte porque Josef te necesita. No te ilusiones demasiado, pronto acabará contigo y yo estaré para verte morir.-le dijo Irma de mala gana y con rabia por no poder tocarla-

Tras aquellas palabras, dio un par de vueltas de un lado a otro hasta pararse sin tener todavía un fichaje nuevo.

-¿Quién es la valiente que se enfrentará a un reto por su vida?. Veo que sois todas unas cobardes, pero no os preocupéis, porque elegiré a una de vosotras. Veamos...

Irma echó un leve vistazo y de entre todas escogió a Jaia, la muchacha de mediana edad y que seguía conservando parte de su gran belleza física también. La cogió con furia del cabello y la arrastró hasta la jaula donde estaban todos esos perros, que se relamían cuando olisqueaban a la pobre chica. Irma se inclinó ante Jaia y le quitó el pijama como si estuviera loca, una loca furiosa que estaba llena de rencor ante toda mujer que fuera más bella que ella. Al dejar su cuerpo totalmente desnudo mientras las demás contemplaban la escena en las filas con temor, la volvió a coger del poco cabello que tenía y la arrastró situándola un poco más alejada de la jaula.

-Bien puerca, presenciaré tu final con gran deleite. A ver qué eres capaz de hacer, dudo que tengas la fuerza suficiente como para enfrentarte a un perro hambriento del tamaño de un lobo. Será divertido.-dijo Irma-

Uno de los perros, después de haber memorizado el olor de la chica, fue liberado y este salió a toda velocidad hacia ella, que le mordió en el brazo derecho y poco a poco se lo fue arrancando. Las mujeres de la fila observaban muy asustadas, y Clara llorando se abrazó a su hermana, que también lloraba, pues Jaia había sido una amiga allí en Auschwitz. Cuando el cuerpo de la víctima quedó mutilado y tirado ahí en el suelo, Irma cogió al perro y lo ató con una correa, bien saciado y relamiéndose por el festín que había recibido. Entonces, una mujer empezó a llorar en alto, sólo su llanto se escuchaba de entre todas, no pudo evitar las emociones. Irma volvió a encerrar al perro y luego se acercó a aquella mujer sonriéndole al verla llorar.

-¿Por qué lloras?.-preguntó Irma-

Ella alzó la mirada y con valor contestó a su pregunta.

-Era mi hermana...

Clara y Eliana se miraron y luego agacharon la cabeza llorando también por lo bajo sin que se escucharan los llantos.

-Bueno, creo que podemos arreglarlo.-dijo la bestia-

Irma sacó su pistola y se la puso en la cabeza.

-Te voy a dejar que te reúnas con ella.

Y disparó a sangre fría sin parpadear. Todas quedaron en un completo shock que no les dejaba pensar. Luego, la bestia escogió a dos mujeres y les ordenó que llevaran los cuerpos a los montones de cadáveres bajo amenaza de acabar con ellas si no volvían en tres minutos, así que se dieron prisa. Por último, Irma se acercó nuevamente a Eliana y le acarició el pelo, acercando después su boca en su oído.

-Esa podrías haber sido tú. De hecho ha sido mala suerte...-le susurraba a Eliana-

Con valor, Eliana alzó la mirada y ambas se quedaron mirando. Para la supervisora, aquella mirada había sido desafiante y la agarró del cuello con fuerza mientras Clara abrazaba a su hermana por detrás con miedo de perderla para siempre.

-¿Te atreves a mirarme?.-preguntó la cruel-

Seguidamente, Eliana recibió un fuerte golpe en la cara, no le quedó más remedio que bajar la mirada dejándola ganar como siempre. Tres minutos después, ambas mujeres que habían sido enviadas a dejar un cadáver, regresaron e Irma a base de latigazos, -unas veces al suelo y otras en la espalda-, las llevó a sus barracones. Al amanecer siguiente, mientras Eliana y compañía trabajaban en lavar los pijamas y coser uniformes rasgados, Nevin se encontraba en su sala leyendo unos artículos cuando Manfred entró por la puerta con un gesto más triste que de lo habitual y su hijo dejó que se sentara a su lado para hablar con él y poderlo calmar.

-Me odiarás cuando te cuente esto...-dijo Manfred-

Nevin miró fíjamente a su padre en silencio para dejar que continuara.

-Me ordenaron que me acercara a ti para comprobar si eras un soldado de verdad o sólo habías entrado por ella.-confesó Manfred-

Nevin se sorprendió ante la noticia y miró a su padre con rabia y furia levantándose de la silla en la que estaba sentado.

-Sabía que algo estabas tramando. Tanta confianza conmigo no era normal. Y yo que pensaba que habías cambiado...-decía él-

-Deja que te explique...

-No, creo que no hay nada que explicar. Eliana tenía razón, no debí confiar en ti. Es evidente que nunca sabrás ser un padre como dios manda, y cuando pensaba que por fin estaba cumpliendo mi sueño...

Nevin, indignado y confuso se largó de allí dando un fuerte portazo a la puerta sin importarle demasiado si la rompía. Fue en busca de Eliana, pero se encontraba en su hora de trabajo, la esperó en donde ella solía dormir cada noche. Tras la espera, Eliana al ver allí plantado a Nevin y casi a punto de llorar, se acercó corriendo hacia él dándole un abrazo antes de preguntar qué sucedía.

-Tenías razón. Ordenaron a mi padre que se acercara a mí para sacarme el verdadero motivo de por qué estoy aquí.

-Y no se lo habrás contado, ¿no?.

El silencio lo delató y ella cerró los ojos fuertemente.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!