Eliana retiró las sábanas y de repente, la luz de la luna comenzó a iluminar la habitación lentamente como si se tratara de una magia extraña, entonces fue a cerrar las cortinas cuando el paisaje la paraliza: la hierva, sus rojas amapolas, los árboles con las hojas en movimiento por las pequeñas corrientes de aire que había...Todo se veía gracias a la luz plateada y azulada al mismo tiempo de la luna. Salió al balcón y allí su mente quedó totalmente en blanco, no podía pensar, estaba tan relajada que le dieron ganas de dormir allí mismo, y así lo hizo. Poco a poco fue sentándose en el suelo apoyando la cabeza en el cristal de la ventana y los pies extendidos hasta que asomaron por el balcón. Cada minuto iba cerrando los ojos hasta quedarse dormida bajo la atenta mirada de la luna llena.

Por la mañana, al ver Eden a su hija tirada en el balcón, el corazón le dio un vuelco y corrió hacia ella por si le había pasado algo, pero al ver que abría los ojos despacio, dio un suspiro de alivio y sonrió. Como todas las mañanas, Eden le preguntó a su hija si se iba a Berlín esa mañana y ella se negó, prefería quedarse durmiendo. Luego le preguntó a Clara y ella sí que quería irse después de que pasara todo aquello, y aun así no estaba tranquila si no sabía qué tal estaba una de sus amigas, aunque su vida también corría peligro. Clara bajó las escaleras, tomó su desayuno y como último retoque se echó perfume antes de salir. De camino a Berlín, Clara miraba por la ventanilla del coche el paisaje pasando con rapidez al ritmo de la velocidad del coche. La brisa le penetraba en la cara y mil pensamientos nublaban su mente, lo que más la torturaba, era la libertad de su hermana, que cada vez cambiaba de actitud, se apagaba su sonrisa y apenas hablaba ya con la familia como antes, por lo tanto, cerró los ojos y pidió un deseo: "A cambio de la libertad de mi hermana, prometo un mejor comportamiento en casa". Lo deseaba con tanta fuerza que la niña no abrió los ojos en lo que quedaba de viaje, solo cuando sintió que el coche se paró por completo, los abrió. Se bajó y esperó a que Eden se metiera dentro para irse y así lo hizo.

Clara se fue en dirección a la casa de su amiga con el miedo dentro de ella que aumentaba un grado más por cada paso que daba, cuando de frente, apoyado sobre una farola se encontraba Nevin que le niega rotundamente con la cabeza. Al principio, la niña no entendía el significado de ese gesto, pero se dio cuenta de lo que quería decirle cuando la agarra del brazo y no le deja seguir hacia adelante. Nevin no quería que avanzase más, ya que un grupo de Nazis estaba por ahí merondeando en busca de algún judío para humillarlo o hacerle daño, pero claro, el problema era que Nevin no tenía ni idea de que ellas eran judías, ni ellas que Nevin era un alemán de religión cristiana. Caminaron por los círculos de Eliana, donde ella solía ir con Kinor en silencio, solo Nevin se atrevió a romperlo, ya que Clara estaba tímida por la broma que le hizo a su hermana con eso de que Nevin le estaba empezando a gustar.

-No tenías que haberlo hecho.-dijo él-

Clara se ruborizó.

-Sentía necesidad. Pero bueno ahora ya lo sabes, sabes lo que siente. Aunque la verdad a mí me ha dicho que solo siente cariño...¿Debo creerla?

-¿Tenéis confianza?

-Algo más que antes.

-Entonces sí debes creerla.

Ambos volvieron a guardar silencio y bajaron la mirada, los dos quisieron que Eliana sintiera algo más que cariño por Nevin.

-Tenemos que asumir que ese cabrón se ha salido con la suya, que Eliana le quiere y que solo ella puede escapar de su propio miedo.-dijo Nevin-

Siguieron caminando.

-Quiero ver a mi amiga.-dijo Clara-

-Yo te acompaño.

Clara asintió y no se separó de Nevin caminando por el barrio de su amiga con el corazón a mil por hora por si se cruzaban a los Nazis. Al llegar al bloque detuvieron el paso y Clara tocó el timbre que correspondía al edificio de su amiga. Tardaron un rato en abrir, pero finalmente la madre de la niña bajó para recibir a Clara.

-¿Cómo está?.-preguntó Clara-

-Si no la hubieras dejado sola...

-Hubiera dado igual, nos habrían hecho lo mismo.

-Para ti es muy fácil decirlo, ya que no te ha tocado esta vez. No quiero que vuelvas a ver a mi hija. Eres tan asustadiza que no puedes irte sola a la dichosa barbería de tu padre.

Nevin sintió la necesidad de entrometerse ya que la madre no tenía razón.

-Pero su hija no se negó a acompañarla, por lo cual no puede echarle la culpa a una sola cuando ninguna de las dos es culpable de lo que sucedió.-dijo Nevin-

-Tú métete en tus asuntos, joven.

Él cerró la boca por respeto, pero deseó decirle un par de cosas bien dichas. Antes de que aquella mujer siguiera con su discursito, Nevin cogió a Clara del brazo y segundos antes de marchar, fue educado diciendo unas últimas palabras:

-Perdone las molestias. Clara no volverá a ver más a su hija, pero no creo que se lo tome muy bien ya que seguro, ella no tiene ni idea de nada de lo que usted acaba de decir.

Se dieron la vuelta y caminaron cuando de pronto, Clara mira hacia arriba y ve a su amiga asomada en el balcón llorando porque no quería dejar de verla.

***

-¿Qué hago mal?.-preguntó Clara en alto sentada en un banco de un parque junto a Nevin-

-Así es la vida, no eres tú.

-Mi hermana controlada por ese...hijo de perra y ahora a mí no me dejan ver a mi amiga.

-Esa mujer se ha dejado llevar por los nervios de la situación, pero en cuanto se le pase el cabreo entenderá que tú no tienes la culpa de nada.

De nuevo, un silencio.

Clara pensó ahora en el mañana por la noche cuando Eliana se fuera a la fiesta esa con Kinor, ya que sabía de ello porque lo escuchó antes de dormirse.

-Tengo miedo Nevin... ya no lo digo por mí.

-¿Por qué entonces?

-Por Eliana. Mañana por la noche se vá a una fiesta con Kinor...¿Y si le hace algo?

-¿A dónde van?

-A un pueblo, no sé cuál es.

-No le hará nada. Ese cabrón sabe controlarse en público.

Pareció tranquilizarla un poco, Nevin para aliviarla un poco más la abrazó con fuerza y así hasta que fue la hora de irse a casa. Nevin la acompañó hasta la puerta donde tuvieron que esperar al menos un par de minutos a que Eden saliera del trabajo. Después, el joven con buena educación se despidió de los dos y luego se fue a su casa, donde se encontró platos rotos tirados por el suelo, esbásticas rajadas con un cuchillo y lo peor de todo: silencio. Llamó a su madre un par de veces y al no obtener respuesta se puso nervioso y comenzó a buscarla por toda la casa encontrándola tirada en el suelo de su habitación con moratones en los brazos y sangre en la nariz. Cogió a su madre en brazos y la puso encima de la cama con cuidado, dándole después unos pequeños golpes en la cara para rehanimarla, hasta que abrió los ojos aturdida.

-¿Qué ha pasado?.-preguntó Nevin-

-Me cansé, rompí una esbástica y tu padre y yo comenzamos a discutir hasta que me puso las manos encima. Se dio cuenta de lo que había hecho y rompió toda la vajilla yéndose después de la casa.

-No te preocupes madre, yo cuidaré de ti.

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!