Nadie dijo nada después de aquella frase, solo se limitaron a continuar con la comida, tiempo más que suficiente para que Clara pensara en lo que iba a decirle a su hermana sin tener que confesarle la verdad de todo lo que había sucedido. Al acabar, cada uno quitó lo suyo y lo fregó, después las dos pequeñas de la casa se subieron a la habitación de Eliana, donde la mayor cerró la puerta, se cruzó de brazos y miró fíjamente los ojos de su hermana.

-¿Cómo que estuviste con Nevin?.-preguntó Eliana-

-Me encontré con él.

-Él no va por tus direcciones.

-Pero yo por las suyas sí.

-¿Fuiste tú sola por allí? ¿A qué?

-Quería explorar cómo era tu mundo...

-¿De verdad esa herida te la has hecho con el vestido?

-Sí.

-Clara...

-Que te lo digo enserio. Me enganché con el vestido y estiré tan fuerte que me hice daño.

-¿De qué hablaste con Nevin?

-¿Quieres dejar de preguntarme? No creo que ahora te importe mucho ya que has preferido ignorarle.

Se pasó, se dio cuenta. Clara no quería decir eso, sabía lo duro que era para ella el haber tenido que renunciar a sus amigos, pero con cada pregunta se ponía más nerviosa por temor a ser descubierta y acabó diciendo todo lo que no quiso decirle.

-Lo siento.-dijo Clara-

-Olvídalo. Tienes razón.

Volvió el silencio, simplemente se escuchaban ambas respiraciones, ni una palabra. Clara se fue de la habitación porque se sentía tan avergonzada que ni se atrevía a mirar a Eliana a la cara después de sus palabras.

Cuando Clara se fue, Eliana intentó dormir hasta las cinco, que era cuando Eden partía de casa hasta la barbería situada en Berlín que pillaba a dos kilómetros nada más, pero no pudo, se sentía tan idiota por abandonar a sus amigos de toda la vida que la idea de que ya no los tenía, le perturbaba la mente, y ¿qué podía decir de Nevin? que a pesar de no conocerse desde hace años, acabó cogiéndole un tremendo cariño, un cariño especial, un cariño que le atraía con fuerza y no sabía por qué. Supuso que por estar a su lado cuando le necesitaba, pero enseguida, la otra voz de la conciencia le retiró a Nevin del pensamiento, aquello no podía ya ser posible si no quería perder por otro lado a Kinor, y eso es lo que más temía.

Sin querer y a pesar de tener dos voces en el pensamiento -una positiva y otra negativa- se imaginó por un momento cómo podría ser su vida si estuviera junto a Nevin, y le gustó tanto, que se pasó tres horas pensando en ello, se le fue el santo al cielo y entonces se dispuso a ser valiente y a enfrentar las cosas con valor. Iba a dejar a Kinor aunque le siguiera queriendo, aunque tal y como era él, no lo tendría nada fácil.

Eden interrumpió sus pensamientos por decirle que ya eran las cinco y que si se quería ir a Berlín, debía levantarse de la cama ya, e irse con su padre.

Eliana se levantó de la cama enseguida, se arregló un poco su melena rubia decorándola con una diadema blanca y luego bajó hacia abajo donde ya se estaba poniendo su padre el sombrero y Clara los zapatos.

Al llegar a la puerta de la barbería, las dos hermanas se dividieron, pero Clara se dio la vuelta para ir por el de Eliana y ver qué tal se daba la próxima charla de Nevin con su hermana mayor. Mientras Eliana caminaba por la calle, llegó al buzón de la señora Schweitzwer donde Nevin la esperaba, y al verla disimuló hacer su trabajo, y entonces llegó el cruce de miradas, el de dos corazones latiendo con tanta fuerza que parecían salirse del pecho.

Eliana enseguida agachó la cabeza para seguir hacia adelante y Nevin la cogió del brazo para detener su paso y después ponerse en frente de ella. El choque de ambas pieles, produjo en los dos, la misma sensación de electricidad, esa electricidad que parece que te mata de lo fuerte que se siente.

Ella quería huir de sus ojos azules, de él...Pero no supo hacerlo, el corazón no le dejó por mucho que la razón le negase que se detuviera.

Los dos se miraron de nuevo a los ojos.

-Tengo que hablar contigo, es importante.-dijo Nevin-

-Ya sabes que no puedo verte más.

-Entonces vete si es eso lo que quieres.

Pero Eliana no movió un pie del suelo.

-He visto a Kinor con otra...

-¿Qué?

Y entonces Kinor apareció de la nada, parecía que seguía los pasos de Eliana. Cuando ella lo vio y observó los arañazos que tenía en la cara, supo quién se los había hecho: Clara.

-¿Qué haces hablando con ella?.-preguntó Kinor-

-Le estoy diciendo que ayer te vi con otra porque merece saberlo.

-Y así tú, te quedas con ella ¿no?

-No lo has negado.-dijo Eliana-

-Sabes que eso no es cierto.

-¡¿Y lo niegas en mi cara?!.-se alteró Nevin-

Eliana se puso en medio de los dos para separarlos.

-Vete Nevin.-le pidió Eliana-

-No me pidas que me vaya, debes creerme.-dijo Nevin-

Pero ella le insistió para no seguir complicando más las cosas, asíque él la obedeció. Cuando se quedaron solos, Kinor la volvió a agarrar del brazo con fuerza llevándosela a un callejón donde nadie pudiera verlos.

-Te dije que no volvieras a hablar con él, ¿no te enteras de nada o qué?

-Y todo esto ¿por qué? ¿Temes que descubra que es cierto que estuviste con una mujer que no era yo?

-¿Te lo crees?

-Sí Kinor, me lo creo. Y ha llegado la hora de que esto se termine.

-¿Qué? Te crees a ese desgraciado, y ahora quieres dejarme ¿a mí? De eso nada, tú vas a estar conmigo.

-No pienso volver contigo. Al menos Nevin me ha demostrado más que tú sin ser nada.

Y tras aquella frase, Kinor golpeó a Eliana en la cara fuertemente. Después de aquella escena, se esfumó el amor y vino el miedo, Eliana se había desenamorado completamente de Kinor al golpearla.

-Si me dejas te mato a ti y a tu amiguito el cartero.-le amenazó Kinor-

Los barracones de Auschwitz (Editorial Dreamers) ¡Lee esta historia GRATIS!